Bangkok, segundo asalto

Lunes, 17 de diciembre de 2018

Ya empezó, segundo asalto.

Y esperaré el gran impacto.

Golpea bien.

Hazlo bien.

“Segundo Asalto”, Love of Lesbian

 

Aquí estoy, tumbada en un sofá blandito de un hostal perdido en uno de los miles de callejones de Bangkok. Sí, esos callejones sucios y oscuros, esos que encienden la luz de tu sentido común para decirte gritarte “si entras ahí, nada bueno puede pasarte”.

Hace tanto calor que se me pegan las ropas, y éstas al sofá, y de repente somos una misma masa blandiblú de piel, tela, colchón y rizos. Y eso que la ventana está abierta detrás de mí. Cada suspiro de brisa me da la vida. No puedo comprender cómo la Navidad está a la vuelta de la esquina con 27º a las doce de la noche. Son mis segundas navidades “de verano” seguidas y soy incapaz de acostumbrarme. Pero es o estar en el sofá, o irme a la habitación con un aire acondicionado tan fuerte que no tengo más remedio que estar bajo una manta.

Y me niego a taparme con veintisiete grados.

Porque ya he aprendido a encajar los golpes de Bangkok. Sí, a encajarlos, que no a esquivarlos. Bangkok sigue tan peleona como siempre, solo que ahora sé que el combate no lo inició ella. Fui yo. Enfrentarse a Bangkok es como dejar en ridículo delante de todos al malote de clase: te vas a llevar una paliza.

O estás en el bando de Bangkok, o estás en su contra, que es lo mismo que salir perdiendo.

Tuve que alejarme de ella para poder comprenderla. Tuve que salir de su caos para aprender a fluir y entender que hay cierto orden dentro de este puzzle de piezas que aparentan no encajar entre sí.

Ahora ya no te peleo. Ya no te planto cara. Ya no me defiendo.

Ahora fluyo por tus carreteras. Me siento a ver tu vida pasar. Y más que entenderte, te respeto. Respeto que seas diferente a mí y a lo que he vivido antes de ti. Y comprendo que tus diferencias no te hacen mi enemiga, ni que remamos en un barco distinto.

Es obvio que tú no puedes adaptarte a mi forma de navegar. Eres demasiado como para cambiar (por favor, no lo hagas nunca). Pero si quiero llegar al mismo puerto, tengo que hacerlo a tu estilo, a tu ritmo y con tus reglas.

Y así, sólo así, podré disfrutar de esta maravillosa travesía que es Bangkok.

– – – – – – – – –

Lo que es la mente.

Llevo ya más de un mes que no dejo de pensar en Bangkok. No en Tailandia, no, en BANGKOK. Y siempre me preguntaba «¿cómo es posible que tenga ganas de volver a Bangkok si yo la odiaba?». Hasta llamé a mi madre por teléfono para comentarle lo raro del asunto. Es como decir «odio tanto el arroz con leche que me apetece muchísimo comer arroz con leche». No tiene ningún sentido.

Pero aprovechando el tiempo libre me decidí a ordenar los archivos de mi ordenador, y mira qué cosa me encontré. Algo que escribí en diciembre de 2018, un poco después de volver a Bangkok después de viajar por el norte del país.

Yo recordaba lo mal que lo pasé en mi primera visita a la capital, pero no recordaba que había hecho las paces con ella, que la comprendí y, sobre todo, comencé a disfrutarla. Teniendo como cúlmen la última noche que pasé en ella, una en la que salí sin rumbo a meterme en los callejones que me llamaban, a comprar la comida que mi olfato me pedía. A caminar y ver y vivir.

Esa noche la recuerdo con el mismo cariño que se recuerdan las Navidades de la infancia.

Ay… ahora te entiendo, cuerpo. Qué útil escribir. Creo que voy a empezar un diario.

¿Será momento de volver a Tailandia también? Quién pudiera.

Who knows… ✈

Mi plan viajero-vital 2.0

¿Sabéis de esas veces que estáis viendo una cosa determinada que te lleva a otra, y a  otra, y a otra hasta el punto de que acabas haciendo algo que no tenía nada que ver con la actividad inicial?

Pues así es como he acabado releyendo y reflexionando sobre el primer post de este blog.

Todo empezó con la publicación en mi Facebook personal de un proyecto fotográfico que realicé durante el mes de marzo (si quieres verlo, pincha aquí). El caso es que me puse a revisar todo el proyecto y como me pareció corto, decidí revisionar de principio a fin otro proyecto fotográfico del año pasado, en el que hice una fotografía al día (aquí). El caso es que en una fotografía de julio hay un enlace a un post mío, que es el que escribí como despedida a Ohakune, el pueblo donde viví por tres meses en el medio de la isla norte de Nueva Zelanda.

Y claro, entré y ese post me redirigió a otro, y a otro, y a otro… hasta llegar al primero que publiqué en el blog. Y ahí me detuve. Porque me di cuenta de una cosa: ese es un post potente. Potentísimo. Y han tenido que pasar como dos años para darme cuenta de ello.

Ese post es muy potente porque tiene decisión. En aquel entonces, en diciembre de 2016, Miguel y yo vivíamos en Málaga y no teníamos ni un duro. Literal. En diciembre de 2016 no sólo no sabía si llegaría a tener el dinero suficiente ni para comprarme un billete de avión, es que ni siquiera sabía si conseguiría la visa de Nueva Zelanda. Sin visa, se desmorona el plan, no hay nada que hacer.

Ese primer post es potente porque sentencio firmemente que

«yo quiero dar la vuelta al mundo. Vivir viajando.

Y mi primer destino será Nueva Zelanda.»

¿Cómo podía yo afirmar tan rotundamente algo tan grande? Sin visa, sin dinero y hasta sin los estudios acabados. ¿Qué pasa si suspendía alguna asignatura que tuviera que repetir?

Ese primer post es toda una declaración de intenciones tanto hacia mí como hacia el mundo entero. Estaba gritando que sabía lo que quería y que estaba decidida a conseguirlo. Ni siquiera existía un Plan B, no había nada de «bueno, si no lo consigo puedo hacer X». No, no lo había porque no concebía no alcanzar mis metas.

 

Por eso hoy tengo ganas de escribir otra vez, porque me siento orgullosa. De mí y de todo lo que he conseguido. Por cómo soy, por soñar fuerte y por trabajar aun más fuerte para cumplir mis locas onirias.

Y por eso hoy también quiero repasar aquel post que escribí un 26 de febrero de 2017 en el que ponía en palabras el plan de vida de viaje que me gustaría tener, para ver y analizar qué cosas he alcanzado y qué no. Así que allá voy.

 

En febrero de 2017 escribía que quería…

1º: Salir de España a Nueva Zelanda con una Working Holiday Visa. Estar allí de 12 a 15 meses. Solicitar una WHV para Australia.

¡Conseguido! El 16 de octubre de 2017 me monté en cuatro aviones y 56h después aterricé en Aotearoa, el país de la gran nube blanca, donde viví unos maravillosos 14 meses. Ese año, además, conseguí la visa para Australia 😃

2º: Con el dinero ahorrado en Nueva Zelanda, hacer un viaje por el sudeste asiático de seis meses aproximadamente. Según el ritmo que llevemos -probablemente lento- nos dará tiempo a visitar más o menos países. Pero la ruta “ideal” sería Indonesia, Filipinas, Vietnam y Tailandia, ya que no daría tiempo a más. Y desde Tailandia, volar a Australia.

JAJAJAJAJA no te lo crees ni tú, maja. Con lo que yo no había contado en este plan viajero-vital es con los costos de la visa australiana. Entre los papeleos, el costo de ir mil veces a la embajada de Wellington, el costo de la visa en sí, el costo del examen de inglés, el costo de los biométricos y el costo de la gasolina para ir a todos estos sitios, los seis meses por el sudeste asiático se redujeron a uno.

Bueno, al menos un punto sí que lo cumplí: volé desde Tailandia a Australia.

3º: Pasar un año (o dos) en Australia. Al terminar la visa, con el dinero ahorrado ir en barco a Argentina.

Bueno, ahora mismo sólo llevo tres meses en Australia, así que no sé si se cumplirá este tercer punto o no. Por lo pronto, lo dudo mucho porque es algo que ya no quiero.

Uno de mis mayores sueños es recorrer Sudamérica y Centroamérica, pero con lo que tampoco contaba en aquellos días es que una visita a las Islas Cook y vivir en Nueva Zelanda me harían enamorarme de la cultura Polinesia, por lo que ahora mi sueño sudamericano combate con el de viajar por las Islas del Pacífico Sur.

Lo que sí que planeo ahora es quedarme en Australia dos años y muy probablemente un tercero (ahora que la visa lo permite) para poder unir mi sueño Pacífico con el Sudamericano en un mismo viaje: viajar por las islas del Pacífico Sur y entrar en Sudamérica a través de la Isla de Pascua y ya allí recorrer el continente.

4º: ¡Por fin en Sudamérica, mi mayor sueño! ❤ Una vez en Argentina, lo ideal sería probar suerte por si pudiéramos llegar a la Antártida, que queda “cerquita” 😜Y ya de ahí hacer un recorrido por toda Sudamérica (Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay, Bolivia, Brasil, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela, las Guayanas y Suriman), hasta llegar a Centroamérica y México. De ahí solicitar de nuevo una WHV a…

Sigue siendo mi sueño, pero va a tener que esperar un poquito más.

5º: …Canadá, y pasar allí un año para recuperar algo de dinero y volver a Europa (pasando por Groenlandia).

Uf, no sé yo. Como la WHV de Canadá es hasta los 35 años, ahora me planteo «aplazarla» un poco más para hacer antes otras cosas, como la WHV de Japón, por ejemplo.

6º: El primer destino europeo sería España para visitar (tras un lapso de… ¿cinco o seis años? 😱) a la familia y amigos. Y después partir por una ruta a través de Europa hasta llegar a Finlandia, donde me gustaría pasar un año.

JAJAJAJAJAJAAAAA X10000, que te creías tú que aguantarías cinco o seis años sin ver a tu familia y amigos, ya, claro. Por lo pronto ya tengo un billete comprado para agosto de 2019 para pasar un mes y medio en España. O sea, que sólo has aguantado dos añitos, guapi.

De todos modos ha sido bonito descubrir que soy mucho más apegada de lo que pensaba. Al final va a resultar que tengo sentimientos 😜

La ruta de Europa me encantaría, la verdad. Y también me gustaría vivir en Finlandia (es más, hay un Máster de dos años en Helsinki que me encantaría estudiar). Pero nope, todavía no.

7º: Al término del año finés, lo ideal sería cruzar Rusia con el Transmongoliano, hasta llegar a Mongolia o China. De ahí pasar a Japón, Corea del Sur, Laos, Myanmar, Nepal y estar una larga temporada en la India. No tengo muy claro qué haré con los países de alrededor, ya que no sé cómo será su situación política para aquellos años, pero me gustaría llegar a…

Me sigue pareciendo un plan de putísima madre que me encantaría realizar algún día.

8º: …Turquía, y de ahí dar un salto al continente africano.

Sí y no. Últimamente tengo TANTAS ganas de conocer más África que creo que va a ser de los primeros viajes que haré, no el último. Tengo más interés en viajar primero por África que por Asia, si soy sincera.

La verdad es que no voy en mal camino. Más o menos he cumplido mis previsiones a dos años vista, con sus más y sus menos. Y me encanta ver que mis gustos y sueños han cambiado, que yo he mutado, conocido y crecido más. Aunque ahora me encuentro mucho más confusa para con mi plan de vida viajero.

Ahora mismo, a 3 de abril de 2019, estoy trabajando en Fitzroy Crossing. Aquí me quedaré hasta finales de julio. En agosto iré a España y a mitad de septiembre volveré a Australia. De ahí en adelante, no tengo planes.

A veces me apetece coger e iniciar en 2020 una vuelta al mundo. A veces me apetece comprarme un coche y recorrer Australia sin prisa. Y a veces hasta me apetece ir a Barcelona a estudiar el máster de documental creativo que tanto me interesa.

No sé.

No sé qué pasará ni qué haré. Lo único que sé con una certeza feroz es que, en el momento que sepa lo que quiero, lo tendré.

Es una autopromesa.

 

P.D: sigo amando la canción de la postdata del viejo plan viajero-vital ❤ 

A de Abrumar

Me abruma el tiempo.

Septiembre está pasando corriendo.

Todavía recuerdo cuando la paciencia podía conmigo y sentía que el tiempo no sólo no pasaba, sino que me aplastaba. Y ahora está volando.

Llevo desde 2016 protestando porque faltaba mucho para 2017, en enero me quejaba de que abril quedaba demasiado lejos, en primavera veía al verano a kilómetros y kilómetros de meses de distancia, y durante el verano refunfuñé sobre lo muchísimo que quedaba para octubre.

A septiembre le quedan diez días.

Y en menos de un mes será dieciséis de octubre.

 

El Tiempo en cuestión de milisegundos ha pasado de estar dándose un paseo por el campo recogiendo flores a participar en una carrera de galgos encabezando la competición, o eso es lo que me dice mi «cuentatiempos» interno. Y pronto va a cruzar la línea de meta. Y yo despegaré.

Porque me abruma ver que de repente esos días que me pesaban tanto ahora están pasando a velocidad de vértigo uno tras otro. Me abruma porque no tengo tantos ojos para ver pasar tantos días a la vez. Me abruma pero me alegra a la vez porque el viaje que tanto tiempo llevaba esperando se acerca cada vez más y más. O soy yo la que se está acercando. Ni lo sé ni me importa.

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Esta soy yo viendo todos estos días correr uno tras otro

Es la primera vez que siento que verdaderamente falta poco para comenzar mi aventura. Desde hace meses (sí, MESES) he estado escuchando «buf, ya te va faltando poco, eh» mientras yo respondía «sí, jeje» cuando en el fondo sólo quería decir «NO POR DIOS PERO SI QUEDA UNA ETERNIDAD CUANDO LLEGUE A NUEVA ZELANDA TENDRÉ ARRUGAS, CANAS Y PROBLEMAS EN LOS HUESOS DIOS QUEDA MUCHÍSIMO QUIERO IR YAAAAA».

La paciencia no va conmigo.

Por eso septiembre se ha puesto las pilas y quiere pasar rápido. Espero que octubre tome ejemplo a pesar de las abrumaciones (?). Me abrumo, sí, pero este vértigo es como el de las montañas rusas: estás en lo más alto de los raíles, asomado al vacío, con un cosquilleo en la barriga que se acrecienta cuando el vagón se pone en marcha, y ahí es cuando no te queda más remedio que abrir bien la boca y dejar soltar toda la adrenalina que contiene tu cuerpo a través de gritos, gritos y más gritos. Y disfrutas.

Así que voy a disfrutar de estos días que me quedan.

Voy a disfrutar de este pequeño nerviosismo nacido de la ilusión.

Voy a disfrutar.

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Días de abecedario

Es un juego en el cual escribimos durante 26 días seguidos utilizando cada una de las letras del abecedario. Revolvemos recuerdos, posamos la mirada en los detalles, imaginamos, escribimos sobre viajes verdaderos, internos, poblados. Escribimos sobre calles, sombreros, tortas de manzana, aromas, detalles pequeños, sensaciones, pájaros, utilizando las letras del abecedario.

Si quieres más información clickea aquí.

Por cierto, todas las fotografías que acompañarán a cada palabra las he realizado yo, así podéis ver un poquito más de mis fotos. Muchas de ellas no están publicadas en ningún lado, así que con este proyecto podré hacer algo con casi treinta fotos que me gustan y tenía guardadas 🙂

 

Despedida – Bienvenidas – Despedidas

Este post se me lleva resistiendo varios días. Tengo tantos sentimientos encontrados que cuando intentan escapar hacen tapón en la salida y la obstruyen. Necesito un embudo emocional (?) que canalice mis sentimientos, los ponga en orden y les indique cómo salir, sin mucho jaleito por favor, que no está el horno pa’ bollos.

Ahora mismo me encuentro sola en una casa en la que reina la paz. Una casa invadida por el silencio.

Una casa en la que hace apenas dos días las risas y la música decoraban el telón de fondo.

Una casa que es la mía, pero que ya no reconozco.

 

He pasado de estar viviendo con unas diez personas más, a encontrarme de repente sola.

 

Hace unos días era #AchoPecháFestiña, hai que beber auguiña, el horrible licor café y el Larios con tinto Fanta SevenUp; era también el awarbí, MALAGALABELLA y la #PésimaOrganización; fueron también todos los bailes, las murcianas que enseñan a gallegos a bailar sevillana en Málaga, el overbooking en la casa, el quedar empate en el 2K por no seguir jugando y ser como los niños de Ned Flanders; era también la música y el WiFi de mierda, los “mi madriiiña”, el tosú, la playa y el calor aplastante; era también las fuentes de la feria y los pezones transparentados, así como también eran las comidas juntos, el salir todas las noches al Real y casi todos los días a la Calle Larios hasta arriba de Cartojal; era el reírse, el pelearse, los disgustos y el quererse a rabiar.

Ahora es silencio.

 

No es fácil decir adiós…

En cuestión de una semana me he enfrentado a mis primeras despedidas. Pero despedidas de verdad. La primera fue el miércoles pasado con mi tía, que volvía a Finlandia. En ese momento me di cuenta que no sabría cuándo volvería a verla. Ni yo iría a Finlandia ni, por mucho que viniera ella a España, podríamos vernos. Yo estaré en la otra parte del mundo.

Después llegaron las despedidas de esos amigos que tienes lejos y que vienen, precisamente, porque te vas sin billete de regreso. Porque la distancia que os separará no hay autobús que la salve. Y es ahora o a saber cuándo.

Estas primeras despedidas me han ayudado a comprender –aun más- la magnitud del viaje –y de mi plan de vida en general-. Hasta hace un par de días tenía clarísimo qué quería para mí aun a sabiendas de los sacrificios que conllevaría. Pero no me había percatado de lo duro que iba a ser. Siempre se dice que los que más echan de menos son los que se quedan, no los que se van, y creo que al ser yo la que se va no me había dado cuenta de lo mucho que dejo atrás.

Si realmente no vuelvo a España hasta dentro de cinco años, mis sobrinos tendrán nueve, doce, diecisiete y veinte años respectivamente; y mi perrita, que actualmente tiene doce, dudo que viva para entonces. Por no hablar de que puede caer sobre algún ser querido esa cosa que rima con «suerte»…

Cinco años son muchos años, y ahora es cuando tomo consciencia de ello y comienzo a procesar lo que está por llegar. Y me da miedo. Me da miedo porque no puedo desdoblarme y vivir allí y aquí a la vez. Me da miedo porque no quiero perderme tantas cosas. Me da miedo porque comienzo a dudar.

Pero si no hago hoy mis sueños realidad, ¿cuándo los haré?

El momento perfecto es ahora.

Me da miedo, sí, pero es algo que debo superar. No puedo esperar a hacerlo cuando pase el miedo. ¿Sabes por qué? Porque nunca se me va a pasar, nunca se irá. Siempre he sido de esas personas que jamás se sienten preparadas para afrontar las cosas grandes que se les vienen encima. Nunca he sido lo suficientemente valiente como para dar pasos adelante sin miedos ni ansiedades. Será duro, pero joder, merecerá toda la pena derrochada.

Además, gracias a las despedidas también comienzo a comprender a quién importo de verdad, quiénes son los que me desean lo mejor desde el cariño y el amor que sienten. Incluso comienzo a sospechar quiénes son los que tendrán los brazos abiertos para cuando regrese, y a quiénes probablemente no volveré a ver más.

O quizás todo esto sea un enorme delirio febril causado por una semana de pura fiesta que no me deja pensar con claridad (ni hablar, que estoy afónica).

Ahora toca reposar.

Como diría un gran amigo gallego: estoy “felizmente cansada”.

21 días de minidesafío: Resultados

Buf…

No sé ni por dónde empezar para reordenar mis pensamientos.

He aprendido bastante con este minidesafío. Más que aprendido, me he conocido un poquito más a mí misma. Algunos retos lo he cumplido y otros no he llegado ni a olerlos. He sacado tantas reflexiones que no sé ni por dónde empezar.

Así que vayamos por partes:

 

1. Hacer ejercicio 💪

Estoy escribiendo esto ahora mismo con agujetas hasta en las nalgas (verdad verdadera). Este ha sido el reto que más trabajito me ha costado, sobre todo porque lo he fusionado con cambiar hábitos alimenticios (hablo mejor de ello en el apartado de las chuches). Es decir, he hecho un 2×1.

Fui adentrándome poco a poco en una rutina deportiva. Al principio subía y bajaba las escaleras hasta un sexto piso (vaaaaale lo confieso, fue porque estaban reformando el ascensor). Luego poco a poco fui implementando ejercicios que se hacen en casa. Y todavía me siguen saliendo agujetas y dolores. He perdido algo de peso (🎉🎉🎉), pero buf, ya basta de dolor, ¿no? No me acostumbro a esto de hacer deporte… aunque cada vez mi compromiso se fortalece más y más.

Supongo que para mí veintiún días de ejercicio no son suficientes…

 

2. QUÍTATE LAS MALDITAS CHUCHERÍAS 🍬

Ay, ay, las chucherías… si es que el reto me lo propuse en el peor momento. Los primeros días fui muy bien, sin comer ni azúcares ni «comida mala». Pero sólo hizo falta pasar un día en la playa con amigos comiendo fritura de pescado, un helado, un batido y una bajada de regla para volver a la locura del azúcar.

Después llegó mi tía de Finlandia con chuches y chocolate finés.

Después llegó la graduación sorpresa con los amigos, con pizza y con tarta.

Después llegó la graduación sorpresa con la familia, con más chucherías, galletas y tartas.

Después llegó la maldita frustración.

Así que no hubo más remedio que recoger todas las porquerías que quedaban en casa, dárselas a Miguel y pedirle que las escondiera en un lugar donde no pudiera encontrarlas. Ya me las comeré cuando sepa controlarme…

Esta segunda ronda de comida sana sí que ha ido muy bien. Nada de porquerías (ni chuches ni comida insana) ((bueno sí, un heladito súper chiquitito mini pequeñín)), reducción de platos de comida, introducción de frutas nuevas y demases. VAYA QUE ME VOY A PONER TO FIT.

Hala, a seguir, que lo estoy haciendo to’ bien. Olé yo 👏

 

3. Leer más 📖

Este reto sí que lo he cumplido muy bien y es con el que más contenta me siento. Es como que he vuelto a ser más yo. Actualmente me estoy leyendo tres libros a la vez: Rayuela, que ya lo había empezado pero lo leía muy de vez en cuando; Fuego, de Joe Hill, novela que me regaló Miguel con motivo de este reto; y Caminos Invisibles, el primer libro de relato de viajes real que me leo. Hacía meses que deseaba leer ese libro, y cuando me propuse el reto supe que era el momento perfecto para ello.

También me leí en estos 21 días una guía sobre «barcostop», ¿eso cuenta como libro? 😜

Así que he recuperado mi hábito de lectura con creces. Y es algo que me encanta 💘

 

4. Sacar más fotografías 📷

Digamos que este reto se ha cumplido a medias. ¿He hecho más fotografías? Sí. ¿Lo he hecho de la forma que tenía pensado? Oye pues igual no 😅

No quiero poner excusas, pero de verdad que casi no he tenido tiempo. Todos los días haciendo cosas (y yo que me pensaba que tenía tiempo libre, JÁ), viviendo con mi tía en Fuengirola y a caballo entre Málaga y Torremolinos. ¡Así no hay quien se exprese artísticamente!

Pero bueno, habrá que apretarse en esto de la fotografía. Dije que forzaría la relación pero al final no me atreví (¡cobarrrrrrde!). Estamos en un momento complicado de nuestras vidas…

De todas formas, si queréis ver alguna de las fotos que he hecho en estos días, podéis verlas aquí.

 

5. Esrcibir más ✍

Este es como el anterior, sí y no, pero tirando más para el no.

Con este reto me he dado cuenta de una cosa. Más bien, me he dado cuenta de un aspecto mío que sabía que tenía, pero no sabía que era tan fuerte.

No me cabe duda que eso de escribir todos los días unos diez minutos ayuda a crear un hábito en la escritura y a superar el miedo al folio en blanco. Pero eso no está hecho para mí.

¿Os acordáis cuando en el colegio/instituto os obligaban a leer un libro, y daba igual lo bueno que fuera que os iba a dar pereza? Pues eso me pasa a mi. En el momento que algo se vuelve obligación y no por gusto, le cojo manía. Prefiero escribir cuando lo sienta -aunque sea en contadas ocasiones-, antes que cuando una alarma del móvil me lo indique.

Así que lo siento, pero estos dedos sólo van a teclear cuando les venga en gana.

 

6. Dibujar 🎨

Lo único que he pintado en estos veintiún días ha sido una macetita para mi cactus  Marly (os dejo unas fotitos al final ☺). Mi hermana me pasó unos dibujos para colorear, fui a la playa a recoger piedras para pintarlas, hasta me compré un pincel nuevo y barniz para pintura.

Pero no me he animado.

Y el día que me animé y fui a imprimir los dibujos, va y la copistería cierra por vacaciones. ¡Así no hay quien dibuje, ni pinte, ni ná de ná!

Así que reto no superado 👎

 

7. No más RR.SS. 📱

Este sí que lo he cumplido y no me ha costado trabajo alguno. Me di cuenta que más que ¿adicción?, tenía costumbre. Costumbre de a la primera de cambio coger el móvil y abrir Facebook, Twitter, Instagram… Nada más desinstalarme estas aplicaciones, adiós a las horas muertas, ya que estoy acostumbrada a acceder a estas RR.SS. a través del móvil. No tengo costumbre de hacerlo con el portátil, así que cuando lo abría era para ver lo justo y necesario, ya que no me sentía ni cómoda.

Al principio me quité también Instagram, pero después me di cuenta de que lo necesitaba en el móvil para subir las fotos que publicitan al blog. Así que esa es la única red social de la que no me he «desintoxicado». ¡Deberían dejar subir fotos a Instagram desde el ordenador!

 

8. Aprovechar Málaga 🌇

Reto megahiperultrafallido. De estos veintiún días, no debo de haber estado viviendo en Málaga ni una semana. Primero me fui a Torremolinos porque mi madre tenía vacaciones, luego que si venía mi sobrino, que si estoy en Fuengirola con mi tía… Mis compañeros de piso preguntan a Miguel que por qué paso tanto tiempo fuera. Ya os lo dije, ¡no paro!

Así que no he aprovechado Málaga ni una mijita. A ver si en otro momento más desahogado le presto más atención.

 

Esto es todo. La verdad es que en general estoy bastante contenta con los resultados (menos con las agujetas), sobre todo por haberme conocido más a mi misma, haber recuperado la lectura y por darme cuenta de que eso de hacer cosas preestablecidas, aunque sean por mí misma, no me mola y más bien me corta el rollo.

Qué le voy a hacer, soy un alma libre que sólo desea hacer lo que le plazca… ✈

Una graduación un tanto diferente

El pasado fin de semana, el último de julio, Miguel me preparó una «graduación» sorpresa. ¿Qué digo una? DOS graduaciones sorpresa (un día con amigos y otro con la familia), ya que este año decidí no graduarme en la Universidad.

La idea le vino porque en su momento yo no tuve interés en graduarme. Sin embargo cuando acabé el curso no sentía que había terminado la carrera. Es decir, era como si estuviera en unas vacaciones de verano como otra cualquiera, y que el quince de septiembre volvería a las clases.

Pero eso no iba a ser así.

Era incapaz de interiorizar que había terminado mis estudios.

Y creo que me sentía así porque no había tenido nada que simbolizara el término de la carrera. Nada que dijera «estás haciendo X porque has terminado X», no sé si me explico. Por eso Miguel decidió hacerme el mejor regalo que me han hecho nunca: reunió a mi familia y entre todos celebramos mi graduación, con discursos incluidos.

Fue un momento muy emotivo. Tanto, que he decidido compartir el discurso de mi madre:

 

Hay personas que nacen en muy buenas familias. Desde pequeños sus padres les ofrecen lo mejor, un hogar precioso donde no falta de nada, los mejores juguetes, ropa fina de los boutiques de marca, estupendas vacaciones en sitios preciosos por el mundo, colegios privados y los mejores estudios con los que algún día tienen facilidades para conseguir una profesión de ensueño en un buen puesto de trabajo seguro para poder forjarse una vida tan abundante y agraciada como siempre ha sido la de sus padres.

Y luego hay otras personas que nacen en familias donde no hay dos padres pudientes para procurar que el camino de sus hijos sea lo más ligero, protegido, abundante y agradable. Nacen en una familia donde sólo hay una madre algo magullada por la vida, dos hermanas mayores, y que por mucho que se esfuerze la madre, no puede ofrecerle a su hija menor más que una vida modesta con apenas sin ningún tipo de lujos ni abundancias. O sea, una vida donde – gracias a Dios – nunca ha faltado de nada pero donde siempre ha faltado de todo.

De hecho, haber conseguido su carrera graduándose en sus estudios universitarios, pasando de ser una simple estudiante a ser una Comunicadora Audiovisual titulada, ha sido un reto enorme que Marta ha llevado al cabo con muchísimo esfuerzo, sudor y a veces lágrimas. Ha sido un proyecto de varios años, que por fin ha dado su fruto. Y pronto se marchará a probar sus alas – tanto personales como profesionales – al otro lado del mundo, a Nueva Zelanda.

El terminar los estudios no sólo significa comenzar a ejercer la carrera elegida en un país lejano, y seguramente durante algún tiempo de forma totalmente autónoma, sino también es el momento de comenzar a crecer como persona adulta e independiente gozando de una libertad personal e intransferible que es y será la envidia de muchos. A Marta le ha llegado el momento de usar sus propias alas tanto en la vida personal como profesionamente. Y estoy segura que lo hará muy bien.

Y de hecho, Marta es una de las personas más libres que conozco. Y no ha conseguido esa libertad de decisión propia con el apoyo de una familia rica y adinerada y con muchas posibilidades de facilitarle el camino. Por su puesto la familia la hemos apoyado en todo lo que hemos podido, y sobre todo siempre procurando no cortarle sus propias alas, pero si hoy día Marta es libre de decidir y realizar en vivo y en directo lo que realmente desea hacer con su vida personal y profesional, es gracias a su propio esfuerzo y tenacidad.

Ya sólo me queda felicitarla por haber terminado sus estudios con buena nota y con una matrícula de honor en su TFG. Y desear que esa libertad personal de poder elegir dónde, cómo y con quién quiere vivir su vida en los próximos años y ejercer su profesión le vaya acumulando numerosos buenos recueredos personales y aciertos profesionales.

También quiero darle las gracias a Miguel, a su pareja, que ha organizado esta fiesta de graduación tan estupenda. Estoy feliz que Marta haya encontrado en Miguel ese compañero que la querrá, la amará, la ayudará y la protegerá de la mejor manera posible acompañándola a todas partes – cosa que yo no puedo hacer aunque quisiera. Es como digo, Miguel es la segunda mamá de Marta J.

Y por último: Mi pequeña Marta, que sepas que estoy muy orgullosa de ti. Cuídate y vuelve a casa siempre que quieras. Y que vayas a donde vayas, espero que ese ángel plateado que llevas en el cuello – él que te regalé en tu 18 cumpleaños – te siga protegiendo de los peligros que pueden asechar en el mundo lejos del hogar.

Te adoro mi vida.

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Pies, ¿para qué os necesito si tengo alas para volar? -Frida Kahlo

Y yo ahora tengo seis alas: las mías, las que me regalaron en mi dieciocho cumpleaños y las del avión que me regalaron en mi casera graduación universitaria. Seis alas con las que siento que puedo llegar hasta el infinito ✨

21 días de minidesafío para reorientarme

Ay, las vacaciones…

El verano siempre ha sido mi estación favorita del año. El sol, las terracitas, la playa, las fiestas, la ropa corta y colorida… Además soy una persona muy, muy friolera, y la época estival es la que permite a mi termostato mantenerse a niveles templados (salvando las noches, en las que una sabanita por encima nunca falta).

Otra cosa que en mi vida -me consta que en la de muchos, sobre todo durante la infancia- ha ido de la mano del verano ha sido el tiempo libre.

¿Alguna vez os habéis sentido abrumados por la abundancia de tiempo?

Sí, sí, abundancia, no falta.

Hasta hace unos días me sentía así. Había tenido un último cuatrimestre universitario muy agobiante en el que apenas tuve tiempo para respirar. Todos los días -y varias noches- estuve a tope intentando llevarlo todo. Mi mente trabajaba prácticamente 24/7. Levantarse temprano y acostarse tarde para poder hacerlo todo. Encima el hecho de ser bastante perfeccionista me hace invertir más tiempo y energía mental en tareas que podrían durar menos.

Hacer, hacer, hacer, pensar, pensar, pensar, estrés, ir, venir, entregar, aguantar, llorar, ir a trabajar, ir a grabar, editar, estrés, volver, venir, explotar

Y de repente, la nada.

De repente un día estaba de vacaciones y ya no había nada que hacer. Hubo mañanas en las que me desperté preocupada pensando qué leñes hacía durmiendo con todo lo que había que hacer. Pero no había nada que hacer, todo estaba hecho. Fin.

Y de repente me vi dentro de un reloj de arena donde el paso del tiempo me iba enterrando, grano a grano.

Tantos proyectos esperando su turno y ahora que la lista de espera tenía mi nombre no veía cómo invertir el tiempo en mí. Estaba desorientada.

 

Hasta que encontré inspiración.

 

Como comenté en un post anterior, una de las formas de sobrellevar la abstinencia viajera es leyendo blogs de viajes. En uno de esos días que el tiempo «me sobraba» decidí buscar nuevos blogs. Así di con Puentes en el Aire, cuyo estilo me enganchó desde el primer párrafo. En su blog encontré un desafío que me devolvió un poco de orientación y me hizo trazar un plan.

El desafío consiste en identificar los cambios que deseas en tu vida y trabajarlos diariamente durante veintiún días para lograr nuevos hábitos. Así que hice lo propio y elaboré una lista de las cosas que quería hacer cuando no tenía el tiempo que ahora sí.

 

1. Hacer ejercicio 💪

JAJAJAJAJAJA maemía no te lo crees ni tú, guapa.

No, no estoy haciendo una lista de propósitos que-no-se-cumplirán de año nuevo. Es en serio. Tengo que hacer más ejercicio porque en el último año he engordado TRECE kilos. Así como lo lees.

He engordado no tanto por la alimentación -que también-, si no por el sedentarismo. He estado tan ocupada invirtiendo mi tiempo en otras cosas que me he olvidado de mi. Así que no queda otra que comenzar a hacer ejercicio  to dos  los   as *una Marta regordeta llora desconsoladamente*  Todos *se seca las lagrimitas y se pone un chándal*

Lo que me lleva a…

 

2. QUÍTATE LAS MALDITAS CHUCHERÍAS 🍬

Hala, decidido, fuera esas chuches que con tanta sensualidad me llaman desde la ventanita del kiosco prometiéndote los más dulces placeres jamás experimentados… ¡Ay! Así no eh Marta, así no.

 

3. Leer más 📖

Siempre me he considerado una persona muy lectora. Mi máximo ha sido leer -y terminar- cinco libros a la vez. Eso ocurrió porque sentía ansia de leer. Y todavía la tengo. Los libros son mi debilidad. Es ir a una librería y adiós Marta y su dinero. Pero este curso académico me he alejado muchísimo de ellos, acostumbrándome a leer sólo en el transporte público. Cuando dejé de usarlo, dejé de leer casi por completo.

La lectura es un hábito que quiero retomar. Así que me propongo a leer de nuevo toditos los días.

 

4. Sacar más fotografías 📷

Desde mis comienzos a mediados de 2013, he tenido una relación amor-odio con la fotografía. Mi relación con ella es cíclica: estamos muy enamoradas la una de la otra hasta que llega la monotonía y mata nuestro amor, luego una pequeña idea surge y nos ilusionamos y volvemos a darnos la mano y nos enamoramos, hasta que la rutina nos visita de nuevo. Over and over again…

Adivinad en qué punto del ciclo me encuentro en estos momentos.

He decidido que esta vez voy a forzar un poco la relación. Pero solo un poco, yo sé que si le doy un empujoncito todo irá sobre ruedas. Sólo le hace falta tiempo (que lo tiene) y valor (que lo tendrá).

Así que me propongo recuperar a mi amada afición fotográfica.

 

5. Esrcibir más ✍

Para completar el triángulo artístico, después de la lectura y la fotografía en el último vértice se encuentra la escritura. Nunca he sido de escribir mucho. De hecho, varias veces intenté comenzar sin éxito un diario. Pero nada, lo abandono porque me leo y no me veo lo suficientemente buena (como si para escribir un diario necesitaras serlo, já). Siento que sólo escribo tonterías pero si no escribo no mejoraré nunca y si no mejoro menos ganas tengo de escribir. La Martadilla que se muerde la cola.

Hace mucho leí que para adquirir hábito en la escritura lo importante era (atentos eh) escribir. Escribir diariamente sobre lo que fuera durante unos diez o diez quince minutos al día. No hace falta comerse la cabeza con grandes historias, la cosa es empezar a escribir lo primero que se venga a la mente.

Así que voy a intentar superar el miedo al folio al blanco que tanto me paraliza.

 

6. Dibujar 🎨

Al contrario que con la lectura, dibujar nunca fue mi punto fuerte. Bueno, sí que lo fue, pero mi arte duró lo que duró mi infancia. Me gusta dibujar y colorear, y me encanta la sensación al hacerlo porque le dedico mucho cariño y empeño (ya sabéis, lo de ser perfeccionista), pero en lugar de ser algo que me estresa por querer hacerlo bien, es algo que me relaja y con lo que disfruto.

¡Así que a pintar se ha dicho!

 

7. No más RR.SS. 📱

Puentes en el Aire no es el único blog que se unió al desafío. Es más, según entiendo, el reto lo inició la Maga de Caminomundos, a quien se le unieron otras personas creando una cadena de minidesafíos blogueriles. Uno de los retos que más he visto que se repite  es el de limitar el uso de las Redes Sociales.

Y es que es verdad, el mundo virtual muchas veces nos abduce. Tenemos el móvil esposado a nuestras muñecas, y cuando (aparentemente) no hay nada que hacer, nos enredamos en esas pegajosas redes de telaraña en las que perdemos horas, y horas, y horas sin apenas darnos cuenta. Dedito se desliza hacia arriba, dedito se desliza hacia abajo, scrollscroll, scroll, doble click para que salte el corazón, me gusta me enfada me divierte, FAV para leerlo más tarde y Retuit porque me ha hecho gracia, scrollscroll, scroll…

Basta.

Voy a ponerle freno y limitar el tiempo que invierto (pierdo) en las redes sociales.

 

8. Aprovechar Málaga 🌇

Sí, ya sé que antes me asfixiaba y sólo quería huir (soy una drama queen total), pero hay que reconocer que Málaga ofrece muchas actividades, sobre todo culturales. A lo largo de este año he querido ir a varias exposiciones, pero por tiempo y pereza al final no he ido a ningún lado.

Me consta que muchos museos son gratis ciertos días de la semana o que hacen descuentos por ser estudiante. Así que ahora que estoy de vacaciones y me he mudado al centro de la ciudad, es el momento perfecto para aprovechar Málaga.

 

Uff… En la que me he metido.

Me comprometo virtualmente a hacer todo lo que esté en mis manos y mente para cumplir este desafío y comenzar una rutina distinta. Espero que no sea una lista muy utópica.

¡Nos vemos el siete de agosto! 😊