República Independiente de Whangamomona, la joya del mundo olvidado

– ¡Joder con el pájaro!

Y frenazo.

El parón fue tan brusco, que la fuerza de la inercia no sólo detuvo al coche, sino a mi corazón por unos instantes. Lo que me pareció un loro en miniatura de color rojo-azul-verde-amarillofluorescente se había cruzado ante nosotros con intenciones si no suicidas, al menos bromistas, pero de muy mal gusto.

– Este sitio es muy raro, Miguel.

 

La curiosidad fue lo que nos llevó a ese momento. Estábamos, otra vez, cruzando las dos islas de Nueva Zelanda para comenzar en un trabajo nuevo. Todavía nos quedaban dos días de viaje cuando, de repente, lo vimos por la ventanilla del coche.

«FORGOTTEN WORLD HIGHWAY BEGINS»

Autopista al mundo olvidado. Qué nombre tan… curioso. «Mundo olvidado», suena casi poético. Teníamos tiempo para un desvío. ¿Por qué no? Seguro no llevará mucho tiempo. ¿Cómo resistirse? Autopista al mundo olvidado… Como si de un eco se tratara, el nombre de la autopista resonó y rebotó por todas las paredes de mi cabeza. Ya no podía soltar la idea de descubrir ese mundo olvidado.

Así que allá nos adentramos.

IMG_7010.jpgLa carretera comenzó como toda Nueva Zelanda: verde. Verde hasta donde la vista te alcanza, veinte por ciento azul del cielo, ochenta por ciento verde lima, verde menta, verde pino, verde caqui, verde pistacho, verde oliva, verde esmeralda. Incluso se dejó ver algún que otro verde amarillento, pero verde al fin y al cabo.Marta Diarra LampiTodo este verde era el manto de un sinfín de montes redonditos plagados de vacas y toros y ovejas que a lo lejos no eran más que puntos negros, como si un gigante hubiera ido dejando bollitos por doquier, y en ellos se subieran hormiguitas a por su trocito de merienda.

Marta Diarra LampiIncluso juraría que algunos árboles tenían el color verde en toda su expresión, un verde que me hacía sentir que ese debía ser el original, el puro. Creo que el efecto óptico-colórico vino de la mano del sol, que aun fuerte a esas horas del día ya se preparaba para el atardecer, apreciándose en él las primeras pérdidas de intensidad antes de tornarse naranja y desaparecer en la noche. Me hacía pensar en el sol como un culturista de 60 años: musculoso pero pachucho.

_MG_7023-Pano.jpgLos cuarenta minutos de carretera plácida y en línea recta mutaron sin apenas darnos cuenta a una serie de serpenteantes curvas inseguras que curva tras curva susurraban a mis sesos que de ese sitio mi psique no saldría ilesssa. Curva tras curva tras curva…

El camino, sin quitamiedos y con precipicios, nos adentró en una selva templada donde las palmeras verde oscuro fueron las protagonistas. Bajamos la ventanilla del coche para que me diera el aire fresco en la cara, tenía el estómago descompuesto.

Y entonces lo olí.Marta Diarra Lampi

– Miguel, ¿lo hueles?

Sí… huele a… a Coromandel. Y a los Catlins.

¡A la cascada! –adivinamos a la vez.

Olía a lo que huele cuando te adentras en la vegetación del país, a una humedad aplastante pero tan gélida que al respirar te enfría la nariz, los conductos nasales y hasta los pulmones. Olía a madera de árbol que de tan mojado que está sabes que se ha ablandecido aun sin tocarlo. Olía a frondosidad, a apartar árboles con las manos para darte paso y a oscuridad porque las ramas se también niegan a dárselo a los rayos del sol.

Olía a mi año en Nueva Zelanda, a recuerdos que dibujan sonrisas en el alma, a abrazos que son hogar. Ahí fue cuando tuve la certeza de, nos llevase a donde nos llevase esta carretera del mundo olvidado, sería a un sitio especial.

Porque a eso huelen los lugares especiales en Nueva Zelanda.

– ¡Joder con el pájaro!

Y frenazo.

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Un pequeño loro de colores (que más tarde descubrí se llaman kākāriki) se cruzó frente a nuestro parabrisas. Al ave suicida le siguieron más loros, faisanes de colores y colas laaargas, cabras, pavos y hasta toros sobre vías de tren. La carretera, ahora de grava, fue una locura animal que terminó en el único pueblo de toda la «autopista»: Whangamomona.

Después de tanto verde, parecía que habíamos llegado a otro mundo. En el pueblo sólo había un par de casas, un parque, un hotel, una oficina de correos destartalada y lo que creo era un mecánico. Parecía que estábamos en un silencioso lejano oeste de asfalto, sólo faltaba la bola de paja solitaria rodando ante nuestros ojos. Porque el individuo bebiendo en el porche del hotel con ropa tejana, pocos dientes, muchos tatuajes, barba gris de varios días y expresión de no haber salido nunca de allí ya lo teníamos frente a nuestros ojos.

Era la reencarnación en vida de Cletus, el cateto de Los Simpsons._MG_7061.jpgEntramos en el hotel, pregunté rápido por el servicio y corrí hacia él. Hice que mis intestinos volvieran a su posición original entre carteles consejeros del tipo “no tire al W.C. productos sanitarios, pañales, cachorritos, sueños ni esperanzas” o “la jardinería es más barata que ir a terapia y encima obtienes tomates”.

Hasta que no salí del baño recompuesta, no me había tomado el tiempo suficiente para examinar el lugar donde estaba. Las paredes de este hotel, que más que acomodación parecía un bar, estaban plagadas de carteles chistosos, recortes de periódicos y fotografías antiguas. En un corcho titulado «REPUBLIC DAY 2005» colgaban fotografías de cientos de personas vestidas de cabaret, otras cortando leña, otros pintando a niños, otros en una bañera con ¿serptientes?, otros viendo carreras de ovejas…

Cada rincón de pared tenía una historia distinta. Había de todo.

 

Volviendo sobre mis pasos me encontré de nuevo en el bar del hotel, con su billar en el centro, sus paredes adornadas con cráneos y cuernos de cabras, fotografías de equipos de rugby y merchandising con camisetas y gorras del pueblo; con sus cuatro personas viendo las noticias y con su camarera en la barra. Un cartelito de “PASSPORT OFFICE” llamó mi atención.

– Por dos dólares te sellamos el pasaporte. Te lo pueden sellar el mismísimo presidente de la república y la primera dama –me dijo la camarera señalando a una pareja de ancianos que bebía cerveza detrás mía.

¿Presidente de la república? ¿Primera dama? ¿Sellar pasaporte? ¿Dónde me había metido? Tenía que averiguarlo.

– Excuse me… can you…? My passport…

Yes, It’s two dollars.

Ese breve chapurreo mío inglés dio paso a toda una conversación en la que descubrí que no estaba en un pueblo, sino en una micronación. Todo se remontó a 1989 cuando, tras haber formado desde siempre parte de la región de Taranaki, el gobierno redibujó las fronteras regionales haciendo que el pueblo ahora formara parte de la región de Manawatu-Wanganui. Los ¿whangamomoneños?, se negaron al cambio. Y el gobierno se negó a que se negaran. Visto que no podían luchar contra la ley, se inventaron la suya: el 1 de noviembre de 1989 se autodeclararon República Independiente de Whangamomona como protesta, separándose así no sólo de Manawatu-Wanganui, sino de todo el país.

Y como micronación que es cada dos años enero es el mes de las elecciones. Y si la historia de la República de Whangamomona ya me suponía una genialidad, la historia de sus presidentes ya me parece brillante: el primer presidente, Ian Kjestrup, gobernó durante diez años. Lo curioso es que ni siquiera sabía que formaba parte de la candidatura, alguien puso su nombre sin su permiso.

En 1999 «Billy Gumboot» pasó a ser el nuevo presidente porque… se comió todas las papeletas y no tuvo más remedio que aceptar el mando. Ah, se me olvidó comentar que Billy es una CABRA que gobernó la República durante dieciocho meses.

El siguiente presidente fue Tan, un caniche cuyo mandato no duró mucho, pues fue atacado por un mastín. Tai sobrevivió, pero nunca llegó a recuperarse del todo del ataque. Algunos, todavía sospechan que fue un intento de asesinato…

En 2005 el caballero Sir Murt «Murtle the Turtle» ganó unas elecciones bastante reñidas. Aunque lo apodaban «turtle», éste era un hombre de verdad. En 2009 fue reelegido por un solo voto. Lamentablemente murió en 2015, y en memoria el pueblo lo nombró como primer y único caballero de la República.

Durante dos años y por primera vez en la historia de la República Independiente de Whangamomona, una mujer se hace con el poder: Vicky Pratt. Resulta curioso que gobierne una cabra años antes que una mujer. Como la vida misma…

Y en ese instante de octubre de 2018 estaba conversando con John, el actual presidente de la República, y su mujer en un bar perdido en medio del universo.

IMG_7063.jpgCuando le di mis dos dólares por el sello que me estampó, puso las monedas en un tarrito de cristal con más monedas y billetes.

– Con el dinero que recaudamos de los pasaportes y del merchandaising, es con lo que pagamos los arreglos del pueblo, el colegio y el equipo de rugby. Porque aquí vivimos 200 personas eh, en 20km cuadrados.

Y yo me preguntaba dónde vivirían estas personas. Yo no vi casa alguna al llegar. Y existir, existen, que las he visto en las fotografías del bar. ¿Dónde estarán? ¿Por la montaña? ¿A qué se dedicarán? Y como si me leyera la mente, me explica que

– Aquí no tenemos Internet. Aquí las personas nos relacionamos las unas con las otras, hablamos entre nosotros, no como en las ciudades. Aquí los niños salen a jugar a cazar possums y cabras.

Mi móvil me confirma que efectivamente, no hay cobertura, por lo que no podría haber Internet. Y pienso que a veces sentimos que el mundo es muy moderno y «avanzado» (habría que ver qué se entiende por «mundo avanzado»), pero que todavía existen rincones donde no hay Internet, ni YouTube, ni memes, ni vídeos virales. Todavía existen lugares donde los niños salen a cazar.

Y a veces los tenemos a un par de horas en coche.

– Marta, tenemos que irnos ya. No podemos conducir de noche.

Noquiero-noquiero-noquiero-noquiero.

Mi mente y mis pies deseaban anclarse en ese lugar por unos días más, quería saber más, quería ser estar y vivir, hablar con más ciudadanos, conocer. Pero anochecía y debíamos seguir con la ruta. Whangamomona sólo era un paréntesis en el camino. Un paréntesis hecho de bosque puro cuya curvatura abraza a la República Independiente más fascinante en la que jamás haya estado.

IMG_7067.jpgEl atardecer se comía el cielo mientras cubría a las montañas con su manto anaranjado. Al día le quedaban pocas horas de vida. Y viendo por última vez el pueblo desde la ventana del coche comprendí que en el hotel de Whangamomona no sólo me sellaron el pasaporte. También dejaron una estampilla de felicidad en mi corazón, que desde ese día se hizo un poquito más grande.

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Diario de viaje kiwi 5: Hokitika, una serendipia en forma de arcoíris

Día 16 de viaje (del 21 al 23 de enero de 2018)

Después de un primer bocadito de hielo con el lago Tasman y el Monte Cook, nos metimos de lleno en el corazón glacial neocelandés con los glaciares Rob Roy, Fox y Franz Josef. Nuestro siguiente destino era Christchurch, pero la casualidad hizo de las suyas y terminamos en la mágica Hokitika.

 

La llegada

Nosotros sólo queríamos repostar gasolina, nada más. El tiempo que le dedicaríamos a Hokitika sería el equivalente al de salir del coche, coger la manguera, llenar el depósito, pagar e irnos.

Sería cosa de haber pasado varios días seguidos entre glaciares y montañas que mi cuerpo al oler la brisa fresca y salada del mar, la brisa que se desliza por las fosas nasales y te enfría los pulmones. No fui yo, fue esa brisa la que me informó que Hokitika merecía más tiempo. De ahí que mis primeras palabras al salir del coche fueran «Miguel, vamos a ir al iSite a ver qué se puede hacer aquí”.

Mis piernas se aferraron como anclas en ese pueblo costero de sabor sal y sonido gaviota. La decisión de quedarnos ya estaba tomada mucho antes de siquiera haberla pensado.

 

El feto de la suerte

Yo no sé vosotros pero yo una llave sin llavero me parece una llave desprotegida, como que sin llavero, sin peso, tiene más oportunidades de perderse. Por eso no tardamos mucho en hacernos con uno cuando compramos nuestro coche. El ganador como acompañante de nuestra llave había sido un feto de la suerte maorí que al llegar a Hokitika se autodecapitó.

Sí, a nuestro feto de la suerte se le partió la cabeza.

Ya no era cuestión de placer, era una necesidad ir al iSite (centro de información turística) para comprar un nuevo llavero, no vaya yo a quedarme sin suerte ahora. Fuimos al iSite, compramos un nuevo feto (esta vez de metal, para tener suerte reforzada) y nos fuimos con panfleto en mano de cosas que hacer en el pueblo.

Marta Diarra Lampi

Hei-tiki, el feto de la suerte maorí

 

Hokitika, «the cool little town»

Leyendo un poco sobre Hokitika descubrí que era una localidad de la West Coast que se fundó en 1864 gracias a la fiebre del oro, llegando a ser uno de los mayores centros de población del país. ¡Del país! Sin embargo, a partir del siglo XIX su población ha ido decreciendo notablemente, siendo así que en el pueblo viven actualmente unas 3.000 personas.

Descubrí también la historia del pounamu, más conocida como greenstone (piedra verde). En el río de Hokitika se esconden unas piedras de jade color verde brillante, piedras que son todo un tesoro espiritual para los maoríes.

Con ellas, los maoríes creaban diferentes joyas llenas de simbolismos que regalaban de generación en generación. Casualmente, una de las joyas más comunes son el Hei-tiki de jade, nuestro feto de la suerte.

Pero lo más bonito de todo es que, según la mitología maorí, todos tenemos un pounamu que es nuestra alma gemela, y si algún día te encuentras con una no pienses que has sido tú el que ha encontrado la piedra, sino que el pounamu, que tiene alma propia, te encontró y te eligió a ti como compañero de vida.

Dicen que algunas de estas piedras pueden encontrarse en la playa de Hokitika.

 

Y claro… yo me enamoro con estas historias. Así que nuestro plan fue pasar la tarde en la playa a esperas de que mi alma gemela pétrea me encontrara.

Marta Diarra Lampi

Pasamos la tarde paseando por la playa, buscando posibles pounamus, sacando fotos y aprovechando los últimos rayos del sol. Encontrar un pounamu no es fácil, porque cuando está seco su apariencia es como la de una piedra corriente, sólo cuando se moja es cuando su color se torna verde intenso.

Así que nos pasamos la tarde cogiendo piedras que al mojarlas se volvieran verdosas. Y verdaderamente encontramos varias, pero… ¿cómo saber si era un pounamu real? Más que nada porque se supone que son piedras difíciles de encontrar y yo ya tenía un buen puñado.

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Las piedras verdes que encontré

Disfrutamos de un atardecer naranja en la playa, con un cielo que se reflejaba en la orilla cuando las olas se retiraban. Notaba la frescura del agua bajo mis pies y el picorcillo del olor a sal en mi nariz.

Y me sentí tremendamente feliz por haber seguido a mi instinto y haberme quedado en este lugar.

Marta Diarra Lampi

Marta Diarra Lampi

Marta Diarra Lampi

Hasta tienes tu propio sofá en la playa para ver el atardecer.

Marta Diarra Lampi

Pero lo mejor de Hokitika ocurre precisamente después del atardecer, aunque yo aún no lo sabía.

 

La noche en la que salieron dos veces las estrellas

Al llegar creí que nos habíamos equivocado.

Las indicaciones se suponían correctas, pero estábamos ahí, un poco en medio de nada, rodeados de vegetación y de… nada.

– ¿Seguro que es aquí, Miguel?

– No lo sé, vamos a esperar…

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Todavía no se había escondido el sol, pero ya se podían vislumbrar las primerísimas estrellas en el cielo, a través de la copa de los árboles.

La noche se iba ciñendo sobre nosotros, de forma gradual e imperceptible a los ojos, pero notable, evidente. Hasta que vimos las primeras luces, que se asomaron tímidas pero brillantes.

No, no nos habíamos equivocado de lugar.

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A medida que oscurecía y nuestra visibilidad se reducía, iban apareciendo más y más lucecitas a nuestro alrededor.

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Cuando la oscuridad fue total, se me encogió el corazón. Es más, se me está encogiendo en este mismo instante sólo de recordarlo. Estábamos en medio de un cuento de hadas, rodeados de estrellas azules. La noche era cerrada y la visibilidad era nula. Me sentía  flotando en el espacio rodeada de miles de estrellas.

Y no podía más que maravillarme por semejante espectáculo de la naturaleza.

Estos gusanos luminiscentes son pura magia.

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No existe fotografía en el mundo que pueda retratar la belleza de estar en medio de esa fantasía lumínica.

 

Nos quedamos tres horas admirando a los gusanos luminiscentes.

 

La hora de la verdad

Nos despertamos con el sonido de las gotas al caer sobre nuestra van. El ambiente era frío y nublado, y mi plan era hacer un picnic en uno de los lagos del pueblo.

¿Qué sandfly le había picado? ¿Por qué Hokitika estaba de morros? ¿A qué viene esta lluvia desproporcional después de toda la magia del día anterior?

Fuimos a la biblioteca a cargar nuestros dispositivos con el deseo de que el clima mejorara. Pero no, Hokitika estaba decidida a mostrar su furia tormentosa.

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También aprovechamos e hicimos la colada

¿Recordáis el día anterior que había recogido varias postulantes a ser mi alma gemela? Pues era el momento de saber la verdad.

Como sabía que en Hokitika había una joyería especializada en la piedra de jade, decidí echarle cara y plantarme allí para preguntar a sus expertos si alguna de mis adquisiciones era una greenstone.

Tras pasar la ostentosidad de la joyería, vi a un joven trabajando en un estudio. Me acerqué con el corazón latiendo tan fuerte pensé que el chico lo escucharía. Por no hablar de mis mejillas, que hubieran servido para asar un pollo.

Me acerqué al joven y le comenté que había recogido algunas piedras en la playa y quería saber si alguna era un pounamu.

Miguel y yo teníamos especial esperanza en una piedra chiquitita que al mojarla se tornaba verde verde. Pero al experto en pounamus no le hizo falta mojar las piedras para saber que eran eso, piedras. Sin embargo, con la piedrita chiquitita le entraron ciertas dudas. La miró y remiró, le dio vueltas, la lijó, sacó el móvil, encendió la linterna,  la alumbró y me confirmó que no era un pounamu.

Mi gozo en un pozo.

Pero mi curiosidad por comprender eso de la luz desbancó a la desilusión, y así se lo hice saber. Y el artesano me enseñó un piedra verde oscura que, al alumbrarla, se volvió translúcida y verde y con manchitas y relieve y… hermosa.

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Esta piedra sin luz se vería verde oscura. Fotografía cogida de Google Imágenes.

Salimos de la tienda con nuestras piedras normales, con la esperanza de que nuestra alma gemela nos encontrara algún día.

 

El significado de los arcoíris

Si el mal tiempo no amainaba, no tendríamos más remedio que continuar con el viaje y dejar el pueblo atrás. Pero había un lugar que quería visitar sí o sí, lloviese o no, y eso era Hokitika Gorge.

Este río se encuentra a unos kilómetros del pueblo, y es famoso por su color azul turquesa que se torna grisáceo cuando llueve.

Entre bosques, ríos y puentes, nos volvimos a asombrar con la naturaleza de Nueva Zelanda.

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Justo en ese momento comenzó a llover otra vez.

Como el tiempo no hacía más que empeorar, no hubo más remedio que continuar el viaje. Yo estaba decepcionada, ¿de verdad tenía que dejar tan pronto este lugar? Para mí había encontrado un tesoro, un secretillo fuera de las rutas turísticas, ¡y encima sin buscarlo! ¿Por qué tenía que abandonar forzosamente mi descubrimiento?

Le dije a Miguel que parecía que Hokitika se hubiera enfadado con nosotros.

 

Pero a la salida del pueblo comprendí que no cuando lo vi. Estábamos en el coche y frente a nosotros brillaba un gran arcoíris.

«Miguel, ¡Hokitika no está enfadada con nosotros! Simplemente quiere que sigamos con la ruta. Mira ese arcoíris, nos está diciendo que no está molesta, que todo está bien. La lluvia ha sido su forma de decirnos que debemos continuar, que no nos podemos anclar, que debemos seguir. Y eso está bien».

No sé qué pensaría Miguel en ese momento, si pensaría que estaba loca o no. Simplemente me apretó la mano con fuerza, y eso fue suficiente para mí.

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Mi teoría de los arcoíris se volvió a confirmar cuando llegamos Greymouth, donde volví a ver uno y pensé «aquí nos vamos a quedar a dormir». Mi confirmación llegó unos minutos después cuando, al terminar las compras en el supermercado, Miguel me ofreció pernoctar allí.

«Yo ya sabía que dormiríamos aquí porque he visto un arcoíris».

Y esa noche nos acostamos viendo Netflix frente al mar.

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Aquí tienes los otros diarios del viaje por Nueva Zelanda:

Adiós, Ohakune.

Aquí estoy, en la cama, escribiendo un texto de despedida a escasas horas de abandonar el lugar en el que he estado viviendo tres meses.

 

Ohakune…

 

No sé cómo te puedo tener tanto cariño con lo mal que lo he pasado aquí. He vivido momentos tremendamente felices, sí, pero también he tocado fondo a más no poder. Ahora me encuentro bien, algo nostálgica y tristona quizás, pero bien.

La verdad es que no me hiciste muy fácil la llegada. En menos de una semana, ya estaba llorando preguntándome cómo iba a aguantar tres meses en semejante lugar. Yo, que odio el frío. Yo, que no soporto estar lejos del mar. Yo… ¿qué hacía en Ohakune entonces?

Aprender. Eso es lo que he hecho.

Quizás no de forma consciente, pero ahora, a punto de partir, me doy cuenta que he crecido muchísimo como persona. Que no soy la misma que la que llegó hace tres meses. Tampoco estoy hablando de un cambio radical o de un giro de 180º, pero me noto distinta, más madura, más fuerte, más grande.

Como he dicho, al inicio no me lo pusiste fácil. Pero entonces, cuando cambié un par de teclas, cuando los nubarrones se disiparon, pude verte; así como se ve el Ruapehu cuando las nubes se desvanecen.

Pude ver que a pesar de lo pequeño que eres, eres enorme. Que no me he aburrido aquí. Que tienes lo justo y necesario, ni un poco más. Que estás orgulloso de quien eres y lo que tienes que ofrecer, aunque a ojos de otros pueda ser poco. Que tus alrededores son impresionantes. Y que tu gente, también.

Si la granja me enseñó que tengo más fuerza física de lo que pensaba, tú me enseñaste que tengo mucha más fuerza de voluntad de lo que creía. Aprendí a valorar correctamente a una empresa, su trabajo y su sueldo. Aprendí la importancia de los amigos y, sobre todo, a diferenciar cuáles son para divertirse un rato y cuáles son los de verdad, los que vinieron para quedarse. Aprendí a valorar las montañas y su belleza. Incluso, la belleza de la nieve.

Sólo puedo estar agradecida por lo aprendido, a pesar de todo. A pesar de los dolores físicos y los bajonazos emocionales multiplicados al cuadrado. Me has dado risas y felicidad pero joder, también me has dado llanto, a grandes cantidades.

He llorado al volver del trabajo. Me he despertado por la mañana y lo primero que he hecho ha sido llorar sólo por pensar en el trabajo. He estado muy decaída, tremendamente cansada, he tenido rutinas de trabajo-casa-dormir-trabajo-casa-dormir-trabajo-casa… sin ningún entretenimiento de por medio.

Pero te adoro porque si pongo en una balanza lo malo y lo bueno, lo positivo gana. Quizás no por goleada, pero gana. Y como, al final, lo mejor es quedarse con lo bueno, voy a recopilar los buenos momentos vividos en Ohakune, para que el día de mañana, cuando me vuelva la nostalgia que siento ahora mismo mezclada con el olvido, pueda recordar por qué echo de menos un pequeño rincón perdido en medio de la isla norte de Nueva Zelanda:

En Ohakune:

He tenido vida social. He conocido a muchísima gente maravillosa que muchos fines de semana me llenaban de tanta energía que me hacían más amena la semana siguiente. Algunos son amigos que sé que me llevaré para siempre. Lo sé.

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Sip, también ha habido alcohol.

Me he enamorado de una montaña, lo que ha hecho que las montañas en general cobren un nuevo sentido para mí. La “culpable” ha sido Ruapehu, tan imponente y bonita como ella misma. Así como sus alrededores, que no se quedan atrás.

Hemos “vivido” con una gatita que decidí bautizar como “la gorda de oro” (porque está gorda y, bueno, tiene un color así doradito), una gata que SÓLO aparece los viernes y sábado por la noche. Ah, y tiene sombra de humano.

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Ahí, esperando delante detrás de nuestra puerta

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Me he convertido en peluquera oficial.

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Viví una experiencia mágica:

 

He aprendido más inglés que en toda mi vida académica.

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Hablar con los compañeros y estudiar, ¡la mejor combinación!

He reconfirmado que en Nueva Zelanda las carreteras son “atracciones” por sí mismas. Sencillamente hermosas.

He presenciado un festival de zanahoras. ¡Miguel incluso participó y ganó!

 

He aprendido a valorar lo que es una empresa que se preocupa por sus trabajadores.

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¡Los viernes son para hacer una barbacoa en el trabajo! 😀

 

Hemos aprendido a sacar un coche estancado en el barro…

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… y a devolver a la vida un coche sin batería… (vale, confieso: ha sido la segunda vez que nos pasa en NZ).

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¡Funciona!

 

He conseguido apreciar el valor paisajístico que tiene la nieve. Y no sólo lo he visto, sino que me gusta.

 

Marta Diarra Lampi

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Adiós, Ohakune. You’ll be always in my heart.

 

Diario de viaje kiwi 3: lo que mal empieza… bien acaba en Dunedin

Día 8 de viaje (del 11 al 13 de enero de 2018): después de recorrer Los Catlins, tenía el cuerpo hecho polvo. En cuestión de días habíamos surfeado, hecho largas caminatas de senderismo, visitado varios puntos de interés… Tenía agujetas y me dolía el pecho por la tabla de surf, así que decidimos relajarnos unos días en Dunedin, el último punto de la Ruta Escénica del Sur.

 

Es curioso, que nuestro coche sea nuestra casa nos ha dado la oportunidad de dormir en todo tipo de lugares. Desde despertar frente al mar hasta dormir en cunetas. Sin embargo, lo que nunca me imaginé fue que dormiría al lado de un circo que, para qué engañarnos, le daba al ambiente cierto toque… tétrico. Será que esa tetricidad (?) se nos contagió un poquito y al día siguiente todos nuestros planes se fueron al garete.

O casi.

Marta Diarra Lampi

Anda y dime que te da buen rollo

Después de haber pasado unos días en Dunedin, notaba cómo mi cuerpo se estaba recuperando, así que el viaje debía continuar. Sin embargo, Miguel quería despedirse de Dunedin con un picnic en las alturas, admirando el paisaje de la ciudad.

Ese habría sido un plan perfecto si no fuera porque estaba nublado. Extremadamente nublado. No se veía un carajo.

Así que con cierta desilusión descartamos el plan picnic. Lo último que queríamos era tener que salir corriendo monte abajo porque la lluvia decidiera hacer acto de presencia sin ser invitada. Mejor buscar una alternativa.

Y eso hicimos. Encontramos el plan perfecto: traspasar el picnic a una playa donde, en teoría, se pueden ver focas y pingüinos de ojos amarillos. Así que fuimos al Pack’n Save, compramos comida para el picnic y para allá que nos fuimos.

Marta Diarra Lampi

Un día estúpidamente nublado

Hay veces que en Nueva Zelanda el Google Maps decide volverse loco, y estoy segura que la aplicación no encontró mejor día que este para mandarnos al quinto carajo, lejos de donde queríamos ir.

– Miguel… ¿seguro que es por aquí?

– Eso dice el Maps.

– Yo creo que el cartel ese de «Albatross & Penguins ➙» ya lo hemos visto dos veces.

– Mierda…

Exacto. Google Maps se había hecho un lío y nos estaba llevando por donde no debía, haciéndonos dar vueltas y vueltas.

Finalmente encontramos el lugar sin ayuda del Maps, pasamos por una carretera horrible de tierra y llegamos al inicio de la playa. Sí, al inicio, porque para llegar a ella debías recorrer un camino de 1h ida… y yo con el cuerpo malo todavía… Nope.

– Oye Miguel, ¿recuerdas el cartel ese de los albatros?

– ¿Qué carajo es un albatros?

– Ay, yo qué sé. ¿Vamos a averiguarlo?

– ¡Venga!

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Básicamente un albatros es una gaviota gigante

Así que volvimos a pasar la horrible carretera de tierra, pasamos el cartel de los albatros y pingüinos, me emocioné un montón al descubrir en Internet qué era un albatros, buceé un poco más sobre ellos y… resulta que nos estábamos dirigiendo hacia Royal Albatross Centre, un centro de conservación de flora y fauna y el único sitio donde puedes ver a estas aves en libertad en su ambiente natural…

… pagando un tour.

Más de lo mismo con los pingüinos azules, ya que la zona donde están es restringida y sólo puedes visitarla con guía.

Nuestro gozo en un pozo.

No es que fueran tours caros, la verdad (50NZD los albatross, 35NZD los pingüinos azules), pero nos habíamos propuesto ver a los animales en libertad si la Naturaleza así lo quería, no través de agencias o centros, aunque fueran de conservación. Sin embargo -bendito Internet-, encontré un comentario que decía que si te paseas por los alrededores del Royal Albatross Centre, podías tener la suerte de que alguno volara por allí.

No teníamos nada que hacer y ya se dice que la esperanza es lo último que se pierde, así que ¡allá que fuimos!

Marta Diarra Lampi

Llegamos a lo alto de un acantilado, a un lugar en el que debía haber también una colonia de gaviotas, porque la cantidad de aves por metro cuadrado era de una cifra anormal. Lo que tampoco era normal era el VIENTO -en mayúsculas- que hacía. Ni las propias gaviotas podían volar si ser revoloteadas. Cada vez que una alzaba el vuelo, salía disparada hacia los confines del cielo.

Marta Diarra Lampi

A la izquierda, un mirador; enfrente nuestra, el Royal Albatross Centre; y a la derecha, otro mirador. Debíamos decidir a dónde ir. Y en esta decisión, fue cuando nuestra suerte comenzó a cambiar.

Decidimos ir a la derecha, donde había gente.

Estuvimos mirando un rato el espectáculo de las gaviotas que querían volar pero no podían, hasta que Miguel divisó un ave grande. Quiero decir, inusualmente grande…

Marta Diarra Lampi

Se supone que de punta a punta, las alas de los albatros pueden llegar a medir hasta tres metros. Y había un pájaro gigante sobrevolándonos. Menos mal que decidimos traer nuestros prismáticos, porque sino nunca habríamos salido de dudas sobre si lo que estábamos viendo era o no un albatros. Y vaya si lo era, ¡yujuuu! 😁

Marta Diarra LampiMarta Diarra LampiMarta Diarra Lampi

No sé si vimos varias veces al mismo o es que iban y venían, pero sobrevolaron la zona varios albatros. Estuvimos allí más o menos una media hora. Así que contentos con el avistamiento, decidimos explorar el otro mirador.

Marta Diarra Lampi

El otro lado del acantilado

Allí encontramos una playa con mil gaviotas y focas. Eso sí, todas durmiendo la siesta y dándose algún que otro chapuzón repentino. Sin embargo nos encontrábamos muy augusto, observando a las focas con los prismáticos, examinando e inventándonos historias sobre el extraño comportamiento de las gaviotas y las focas, disfrutando del lugar y su «tranquilidad» (en serio, las gaviotas son muy ruidosas).

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Nos encontrábamos tan a gusto que estuvimos dos horas observando. Hasta que una gaviota gigante y enfadada llegó a la playa y «regañó» a las otras gaviotitas, vaya usted a saber por qué.

Quizás debía ser hora de irse.

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La gaviota mandona

Cuando estábamos subiendo las escaleras para regresar al coche, una señora mayor me miró de lejos y puso su dedo índice sobre sus labios. Yo la miré desconcertada, y le hice un gesto con la cabeza. Ella asintió con la suya.

No mediamos palabra, pero supe exactamente qué me estaba diciendo. Y el corazón me dio un vuelco.

Escondido, entre los arbustos, había un pingüino azul. ¡¡¡Un pingüino azul!!! Nos os podéis ni imaginar la enorme alegría que me invadió, sobre todo porque yo daba por hecho que jamás vería uno por lo difícil de su avistamiento. Pero allí estaba, pequeñito, escondido y verdaderamente azul.

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El pingüino azul, también conocido como pingüino del hada (?), es la especie de pingüino más pequeña del mundo, siendo su medida habitual 40 centímetros y pesan -atentos- un kilito. Viven todo el año en grandes colonias y cuando salen por las mañanas hacia el mar, lo hacen en grupos pequeños para poder defenderse de los depredadores.

¿A que es adorable? 😍

 

Y aquí debería acabarse el relato de un mal día que acabó bien.

Pero no.

Estábamos tan on fire por el pingüino azul, que en lugar de conformarnos con la mano que nos tendió la buena suerte, le agarramos el brazo. Y claro, pasa lo que pasa: que la retira.

En plena euforia pingüinística (?) nos vinimos arriba y dijimos «¡oye, ya que hemos tenido suerte con los animales, vamos a buscar más pingüinos!» y nos fuimos a Sandfly Bay, una playa preciosa donde habitan leones marinos y pingüinos de ojos amarillos (que ya habíamos visto en Curio Bay).

Ya por el camino nos encontramos con bastante niebla en la carretera, pero estábamos tan emocionados que no había clima que nos parara los pies.

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Claro, tú la ves así y dices «ooohhh, qué bonita». Pero son 40 minutos para bajar a una playa de dunas… ¿Sabes lo que significa que sea de dunas? ¡¿SABES LO QUE SIGNIFICA!?

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Esto. A cada paso. Real como la vida misma.

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No había humano en el mundo que pudiera avanzar por un terreno así. Cada paso te enterraba a mil kilómetros bajo tierra. Es decir, que los 40 minutos de bajada se multiplicaron por tres. Y no sólo eso: el viento. Hacía un viento horrible que alzaba al vuelo a la arenita fina de la playa directa a nuestros ojos.

Cuando bajamos, el viento era tan intenso que el choque de la fina arena con la piel dolía mil demonios, y a Miguel se le metió tanta arena en los ojos que no hubo más remedio que darnos la vuelta y volver.

A los DIEZ minutos.

Eso sí, los diez minutos mejor aprovechados de nuestra vida: vimos dos pingüinos de ojos amarillos y un león marino. Uno de los pingüinos, el muy pobre, estaba subiendo una enorme y empinada duna. Anda que tener que hacer eso todos los días de su vida… No me atreví a sacar la cámara por miedo a que se llenara de arena y la liara parda, sino hubiera retratado la ardua -y bastante admirable- tarea del pingüino.

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¿Ves la arena arrastrada por el viento?

En fin, que venga otras mil horas de subida, con más arena en los zapatos que en el Desierto del Sahara, con los ojos como un chino sospechando y la piel más dolida que la de un alemán en pleno agosto en la Costa del Sol española. Y os recuerdo que yo tenía el cuerpo chunguele por el trote que le di en Los Catlins.

Un desastre, vaya.

 

Para cuando llegamos al coche, estaba cayendo la tarde, así que tuvimos que conducir de noche. Cabe explicar que nosotros siempre evitamos a toda costa conducir por la noche porque… bueno. En Nueva Zelanda te arriesgas a atropellar a algún animal nocturno, que desgraciadamente son muchos.

Pero si esa noche algún animalejo se quedó bajo nuestras ruedas -espero que no-, ni siquiera podríamos haberlo visto. Porque nos habíamos introducido de lleno en la novela The Mist de Stephen King. Jamás, y repito, JAMÁS habíamos estado en un lugar con una niebla TAN espesa. No podíamos ver nada en 360º. Encima conduciendo… la verdad es que pasamos (pasé) miedillo. Pero menos mal que Miguel es un excelente conductor y tomó todas las precauciones habidas y por haber.

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Si te fijas, sólo se ve una rallita de la carretera. UNA.

Sin embargo llegamos sanos y a salvo al sitio elegido para dormir, un amplio camping con váteres portátiles. Al final la suerte se apiadó un poco de nosotros y por la noche vino a visitarnos (bueno, a la tienda de campaña de al lado) un erizo simpaticón buscacomidas 🙂

Tocaba descansar, ya que al día siguiente empezaríamos a explorar lo que más ilusión hacía a Miguel: la zona de glaciares.

 

Y tú, ¿alguna vez viajando se han truncado todos tus planes? ¿Cómo acabó el día finalmente? Cuéntamelo en los comentarios 🙂

 

Ruta por The Catlins, la gran olvidada

Después de haber recorrido las dos islas de Nueva Zelanda de punta a punta, ya puedo tomar la decisión de cuál es mi lugar preferido del país. Y me cuesta creer que los propios neozelandeses digan que, precisamente lo que más me gustó, es una zona muy olvidada que se visita poco. La zona que más me gusta de Nueva Zelanda es The Catlins, y ahora os voy a explicar por qué:

Los Catlins es una zona de 1900 km², que ocupa tanto costas como bosques templados (parecen selvas). Recorrer los Catlins es toda una aventura, ya que está muy poco poblada y concentra una vida salvaje brutal. Puedes encontrarte con focas, lobos y leones marinos de Nueva Zelanda, pingüinos de ojos amarillos, pingüinos azules y delfines Héctor (únicos de Nueva Zelanda y los más pequeños del mundo), y muchísimas aves que actualmente están en peligro. Los Catlins desde luego que se han llevado una gran parte de mi corazón.

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The Catlins

Vayamos punto por punto:

 

Fortrose

La primera parada de The Catlins si vienes desde Invercargill.Marta Diarra Lampi

Llegamos unas horas antes del atardecer a un acantilado con un campo infinito de trigo, llamado Mataura River Mouth. Un lugar solitario, lento, con la brisa fresca marina, y con unas vistas muy bonitas. Un lugar perfecto para hacer un picnic y descansar.

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Después de unas fotos bajamos del acantilado y nos fuimos al free campisite que hay a unos cinco minutos de Mataura River Mouth. Dormimos frente al mar, justo donde se pone el sol y donde el océano se encuentra con una laguna. Cuando baja la marea, se puede dar un paseo por la playa y llegar a unas formaciones rocosas curiosillas.

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Piedras rarunas

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Marea baja en Fortrose

 

Waipapa point

Este es un faro situado en lo alto de un acantilado. Lo chulo de este sitio es que puedes bajar a la playa y si tienes suerte podrás encontrarte con unos leones marinos echándose la siesta. Nosotros vimos dos 🙂

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Waipohatu Waterfall Track

Waipohatu es una ruta de senderismo de tres horas que te adentrará en toda una selva muy frondosa. Nada más entrar notas el calor y el olor a humedad que caracteriza las zonas tropicales. Por no hablar de la cacofonía ensordecedora de los zumbidos de los insectos mezclados con el canto y piar de las diferentes especies de pájaros. La sensación de haberte traslado a una selva se hace palpable para todos tus sentidos.

No es una ruta difícil pero tampoco es facilona, ya que tiene muchas subidas y bajadas por zonas resbaladizas que a veces se complican (nosotros en medio del camino tuvimos que sortear dos árboles caídos, uno de ellos cerca de un precipicio). Lo bueno es que el camino está señalizado con unas flechas naranjas, así que no tiene pérdida.

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Escaleras

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Señal pa’ que no te pierdas

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Es una «selva» muuuy frondosa

Si os gusta el senderismo y la naturaleza merece la pena hacerlo. Si no, no lo hagas, porque es cansado, durillo y si tienes un horario ajustado ten en cuenta que mínimo se llevará tres horas de tu día. Eso sí, en medio de la ruta te encontrarás cara a cara con una preciosa cascada que a mi gusto es la segunda más bonita de los Catlins.

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Waipohatu Waterfall

 

Slope Point

Este es el punto más meridional de la isla sur de Nueva Zelanda, es decir, imposible ir más al sur. Aquí hay un típico cartelito situado encima de unos acantilados que te marca la distancia al Ecuador y al Polo Sur. En derredor lo único que verás serán campos y campos de ovejas. Para llegar tienes que ir por una carretera de grava hasta un aparcamiento, dejar ahí el coche y caminar unos veinte minutos.

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Slope Point

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Acantilados

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También vimos una oveja con cola larga 🙂

 

Porpoise Bay y Curio Bay

Si Queenstown era la ciudad de mis ojos, Curio Bay es la bahía de mi corazón. Sé que para gustos, colores, pero para mí es de las mejores playas de Nueva Zelanda por toda la vida salvaje que concentra y por lo bonita que es.

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Porpoise Bay y Curio Bay son una amplísima bahía que por un lado tiene un bosque petrificado de la era jurásica (¡toma ya!) y por el otro una playa amplísima de arena muy finita. Sin embargo, lo que más me gusta de este lugar es su fauna, pues me parece increíble que en una misma playa puedas encontrar en total libertad pingüinos, focas, leones marinos y delfines héctor.

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Un pingüino de ojos amarillos en el bosque petrificado

Espera que lo repito: te puedes encontrar por la cara y sin esperártelo PINGÜINOS, LEONES MARINOS Y DELFINES TODO SIN MOVERTE DEL SITIO. ¿En qué lugar del mundo te encuentras todo eso mientras disfrutas de un día de playa? Además, si eres surfero este lugar te encantará, ya que en los Catlins el viento es un acompañante diario y las olas son grandes. Y si no eres surfero no pasa nada, ¡allí mismo tienes una escuela donde te enseñan! Nosotros tomamos una clase de la que salimos encantados y con más mono aún de surfear si cabía.

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Después de mil caídas… ¡lo conseguí! 😀

(puedes leer mi despedida a Curio Bay aquí).

 

Niagara Falls

Bueno, Niagara, sí, ajá… Esta «»»cascada»»» realmente es un riachuelo cuyo descubridor después de haber visitado las Niagara de América decidió llamarlas igual. Puedes saltarte la visita si quieres, o puedes visitar tremenda ironía. It’s all up to you!

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Fotografía cogida de Google Imágenes

 

McLean Falls

Mis cascadas favoritas hasta el momento. Las encontrarás después de una caminata de unos 20min (es decir, 40 minutos ida y vuelta). Estas son unas cascadas realmente impresionantes con varias caídas y bastante caudalosas, y eso que las vimos en verano. Además, puedes acercarte mucho a ellas. De verdad que se merecen muchísimo una visita, tus ojos te lo agradecerán.

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McLean Falls

 

Cathedral Caves

Esta es una visita que no pudimos hacer porque la pillamos cerrada, así que si queréis visitarlas os recomiendo que previamente miréis los horarios en su página web. Las Cathedral Caves son unas cuevas que sólo se pueden visitar en marea baja, por eso tienen un estricto horario.

 

Lake Wilkie Track

Este es o bien un track de cinco minutos o bien de una hora. Me explico: tienes dos opciones, o vas directamente al mirador y ves las vistas del lago, o bien haces una caminata de una hora para ver el lago y sus alrededores.

Adivinad qué opción escogimos nosotros…

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Lake Wilkie

 

Florence Hill Lookout

Parada obligatoria para los amantes de las playas. Y porque está al lado de la carretera y no tardas nada en llegar al mirador que da hacia una amplia y preciosa playa. Me consta que se puede bajar en coche.

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Vistas del Florence Hill Lookout

 

Matai Falls

Estas en realidad son dos cascadas chiquititas que, bueno, si tienes tiempo y te hace ilusión verlas ve, pero tampoco son para tanto. Mucho menos después de haber visto las McLean…

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Matai Falls. Wow…

 

Purakaunui Falls

Estas cascadas están a cinco minutos de la carretera (10 minutos ida y vuelta) y la verdad están bien. Más bonitas que las Matai Falls pero menos que las McLean. Aunque cuando nosotros fuimos tenían poco caudal. Seguro que su belleza crecerá exponencialmente a más agua lleven.

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Jack’s Blowhole

Este «blowhole» es un un orificio de 55 metros de profundidad que se formó cuando  una parte del techo de una caverna de mar colapsó. Este orificio se encuentra a 200 metros del mar.

Nugget Point

El punto final de la ruta por The Catlins.

Nugget Point es uno de mis lugares favoritos de Nueva Zelanda. Para acceder a él debes dejar tu coche en un aparcamiento y caminar unos 900 metros hasta llegar al faro que corona el acantilado. Las vistas hacia el mar son impresionantes. No hay foto que pueda hacer justicia al lugar, sólo puedes ir y disfrutarlo.

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El faro

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Las rocas que dan nombre a Nugget Point

Además, si te fijas bien, podrás ver una colonia de focas jugando a orillas del mar. No olvides llevarte unos prismáticos, ya que están muuuy lejos.

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En esa playa había foquitas jugando

 

Por todo esto The Catlins es mi lugar favorito de Nueva Zelanda. El tiempo que le quieras dedicar a The Catlins dependerá del tiempo que tengas. Yo creo que dos o tres días está bien si tienes pensado hacer alguna ruta de senderismo.

Aquí te nombro otras rutas por si te interesan:

  • Catlins River Walk (5-6h) y Wisp Loop Walk (4-5h) ambas de dificultad avanzada.
  • De Newhaven a Cannibal Bay track (5h, de dificultad avanzada).
  • Owaka Walks son varias rutas que comprenden desde los 10min hasta los 45min. En ella hay túneles, cascadas, bosques y fauna. Echa un vistazo en Internet, quizás te interese alguna.
  • Papatowai walks son dos rutas que comprenden desde los 40min hasta 1h.
  • Tautuku walks son tres rutas que comprenden desde los 15min hasta los 30min.

 

Espero que os haya gustado The Catlins y que si algún día viajáis a Nueva Zelanda, le deis una oportunidad 🙂

Diario de viaje kiwi 2: carta abierta a Curio Bay

Día 4 de viaje (del 7 al 11 de enero de 2018)

Después de visitar Milford Sound y dormir en Lumsden, pusimos rumbo a The Catlins. Visitamos el faro Waipapa Point, fuimos a Slope Point, el punto más al sur de Nueva Zelanda; hicimos la ruta de senderismo Waipohatu Walk, en cuyas entrañas se esconde una cascada, y finalmente llegamos a Curio Bay, una bahía que me conquistó y a quien escribí una carta.

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Querida Curio Bay,

te echo de menos. Lo llevo haciendo desde el primer momento en que me alejé de tu suave arena. No lo sabes, pero eres muy importante para mí, porque contigo aprendí muchas cosas. Y has sido testigo de momentos importantes de mi vida. ¿Cómo un espacio tan pequeño puede albergar tantas emociones?

Es curioso, porque no tenemos la menor idea de cómo llegamos hasta ti. Te explico: en mi móvil tengo una carpeta con mil fotografías de mil localizaciones de Nueva Zelanda, sitios que he estado recolectando desde hace años y hemos ido apuntando en el Google Maps. Un día Miguel me dijo «tenemos una playa cerquita», y para allá que fuimos. Lo más curioso es que no hay rastro de ti en mi teléfono móvil. No tengo fotos ni menciones. He repasado la lista más de una vez y no apareces en ningún lado.

¿Cómo llegaste hasta nuestro Maps? ¿De dónde saliste?

Sea como fuere nos habías encontrado. De alguna forma estabas dispuesta a hacerte ver y a no quedar en el olvido.

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Fuiste importante para mí porque contigo aprendí cosas muy valiosas. Tú fuiste la playa que me hizo darme cuenta que estaba viviendo un sueño de niñez: pasar unas navidades en verano. El día que me fotografié en tus arenas en bikini y con gorrito de Papá Noel fue el día en el que me di cuenta que los sueños no se crearon sólo para soñarlos, sino también para realizarlos. Aunque hayan pasado años de su nacimiento, si los mantienes y crees en ellos, se materializarán.

Fuiste el primer «oye, ¡que yo puedo!» que mi alma gritó. Un gritito de guerra interno que más adelante se repetiría y acabaría marcando un cambio de actitud en mí.

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Navidades en bikini, mi sueño de niñez

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También dimos la bienvenida al año por estos lares

Pero también me enseñaste sobre libertad, amor y paciencia.

Jamás imaginé que en una sola playa pudiera reunirse tanta fauna. ¿Cómo es posible que en un espacio tan reducido puedan avistarse delfines, leones marinos y dos tipos de pingüinos? En una-sola-playa.

Recuerdo que nada más llegar por primera vez a Curio Bay, vi a lo lejos delfines saltando en el mar. Mi primera vez viendo delfines en libertad. Lo recuerdo como si hubiera sido hace un momento. Todas las veces que volvimos a Curio Bay vimos delfines. Me encantaba sentarme en un banco de la colina a verlos con los prismáticos.

Delfines héctor, los más pequeños del mundo y en peligro. Delfines simpáticos que se acercan a ti. Recuerdo a los bañistas que de repente se veían rodeados de delfines. Pero también recuerdo a personas que iban en su busca, los perseguían y atosigaban hasta hacerlos desaparecer. Lo mismo con las focas y los pingüinos: turistas que no respetaban las distancias de seguridad, peligrando así la seguridad tanto del animal como la de ellos mismos.

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Delfines que se acercaron al bañista sin ser atraídos ✅

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Bañistas que esperaron a que los delfines se acercaran por voluntad propia ✅

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Personas que invadieron demasiado el espacio del león marino hasta estresarlo ❎

Contigo, Curio Bay, aprendí lo que era amar y emocionarse con los animales en libertad, comprendí lo serio que era invadir su espacio personal, comprendí que su avistamiento es un regalo que debemos cuidar si queremos que siga existiendo. Y aprendí lo que era la paciencia. La naturaleza es aleatoria y caprichosa, y somos nosotros los que debemos adaptarnos a ella, no al revés.

Fue muy emocionante esperar con los ojos y los sentidos a mil, con los oídos afinados para diferenciar los ruidos. Pero más emocionante fue avistar a un animal así, libre, viviendo su cotidianidad, comportándose de forma natural. Saltando porque quiere, no porque un zoológico se lo impone. Ahí descubrí lo mucho que me gustan estos «safaris» al aire libre.

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Nadie puede predecir cuándo aparecerá qué animal. Sólo puedes esperar y disfrutar 🙂

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Recuerdo los delfines que «surfeaban» las olas

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Estuvimos 4h esperando a los pingüinos de ojos amarillos

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Pingüino en el bosque petrificado

Pero también eres importante porque fuiste la que nos introdujiste a un deporte del que todavía no nos hemos saciado: el surf. Fuiste nuestro primer bocadito de surf y ahora queremos más. Y más. Y más.

Nos diste buenas olas, diversión, aprendizaje y la fortuna, de nuevo, de disfrutar de la naturaleza, pues durante nuestra primera clase de surf unos simpáticos delfines nos acompañaron a surcar las olas.

Va a ser muy difícil superar un momento así. La vida va a tener que esforzarse mucho para desbancar al día que hice surf con delfines. Me explota el corazón nada más de recordarlo.

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La primera vez que llegamos a ti fue porque tenía las rodillas malas por un accidente de moto, y me diste lo que necesitaba: descanso. La segunda vez me volviste a dar lo que necesitaba: libertad. Y la última vez que te vi me diste un aprendizaje, pero esta vez fue un regalo amargo: me diste una despedida.

Hasta que no llegué a ti no comprendí que este viaje es eso, un viaje, y que me voy a tener que despedir de personas y lugares quién sabe hasta cuándo. Incluso hasta siempre. Contigo aprendí a desprenderme y a quedarme con la alegría de haber vivido buenos momentos, no con la tristeza de irme. Contigo comprendí que es muy probable que nunca vaya a volver a muchos sitios por los que pasaré.

O no.

Quizás, si sueño mucho y muy fuerte, haré mis sueños realidad.

Y yo sueño con volver a ti.

 

Te adora,

Marta.

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Os dejo por aquí algunos tips para disfrutar de Curio Bay:

  • Respeta las distancias de seguridad: más o menos eran 30 metros para los leones marinos y 50 metros para los pingüinos. Y NUNCA os pongáis delante de un pingüino interfiriendo su salida del agua. Los pingüinos cuando salen del agua es para dirigirse a sus nidos, donde les esperan sus crías. Si no se sienten seguros volverán al agua dejando solos a sus bebés, quienes podrían morir de hambre. Los nidos suelen estar entre los arbustos, así que tampoco merodeéis por ahí.
  • Llevaos prismáticos. Al no poder acercarte a los animales tanto como te gustaría, los prismáticos te permitirán no perder detalle. Será como si los tuvieras a dos palmos de ti. Y si eres fotógrafo, échate mano de un teleobjetivo, lo agradecerás.
  • La época de delfines hector va de Noviembre a Mayo (verano y otoño). El delfín hector es el más pequeño del mundo y sus 7.000 ejemplares sólo se encuentran en Nueva Zelanda. En Curio Bay hay una colonia de unos 15 delfines que juegan, comen y descansan por la bahía. Por favor, no les des de comer ni les persigas, ellos se acercarán a ti cuando les plazca.
  • Tampoco toques a los delfines, tienen una piel sensible.
  • La mejor hora para ver a los pingüinos de ojos amarillos es de 19:00 a 21:00, que es cuando, después de haber pasado todo el día pescando, vuelven a sus nidos a alimentar a sus crías.
  • El mejor sitio para ver a los pingüinos de ojos amarillos es en el bosque petrificado. Sí, Curio Bay tiene un bosque petrificado de la era Jurásica, ¡toma ya!
  • Aunque más difícil, también pueden verse pingüinos azules. Estos viven y se esconden en madrigueras. Nosotros no vimos ninguno.
  • También se pueden ver golondrinas de frente blanca alrededor de la bahía.
  • Los perros están prohibidos, pues pueden matar la fauna silvestre.
  • Si quieres hacer surf, en la propia bahía hay un puestecito donde se alquila equipo de surf e incluso puedes dar clases para todos los niveles. También hay un camping donde pernoctar.

 

Después de abandonar Curio Bay continuamos recorriendo Los Catlins hasta llegar al siguiente punto de la Ruta Escénica del Sur: la ciudad de Dunedin.

 

Puedes leer mis otros diarios de viaje por Nueva Zelanda aquí:

Work and Holiday Nueva Zelanda: todo lo que necesitas saber

Muchos me preguntan cómo es posible que me esté financiando mi viaje. Que si Nueva Zelanda, que si las Islas Cook, que si me pego tres meses sin trabajar, que si soy multimillonaria… Vale, nadie me ha preguntado si soy multimillonaria, pero seguro hay alguien por ahí que se ha pensado que soy rica o he recibido una herencia jugosa 😜

El caso es que me financio mis viajes como lo haría cualquier otra persona: trabajando, pero en el extranjero. Aunque es cierto que tengo mis trucos, y hoy vengo a hablaros de mi entrada a la vida viajera: la Work and Holiday Visa.

 

ÍNDICE DE CONTENIDOS

  1. Work and Holiday… ¿qué?
  2. Requisitos para españoles
  3. Fecha de solicitud
  4. Proceso y costo
  5. La solicitud paso a paso y en imágenes
  6. Prueba de Rayos X
  7. Resumen anual
  8. Consejos
  9. El SÚPER consejo
  10. Popurrí de preguntas

1. Work and Holiday… ¿qué?

La Work and Holiday Visa (desde ahora WHV) es un visado que te permite estudiar, trabajar y vacacionar en un país extranjero durante un año. España tiene acuerdos con cuatro países: Nueva Zelanda, Australia, Canadá y recientemente Japón.

En este caso os hablaré de la WHV de Nueva Zelanda, que es la que estoy disfrutando en estos momentos, ya que cada país tiene un formato de solicitud, requisitos, cuotas… completamente diferentes a otra. O sea, nada que ver uno con otro.

En el caso neozelandés, la WHV permite a los jóvenes españoles:

  • Vivir hasta 12 meses en el país.
  • Trabajar y/o estudiar hasta 6 meses y vacacionar otros 6 meses.
  • Trabajar máximo 3 meses con el mismo empleador.
  • Sólo se conceden 200 visados al año.

En el momento que te conceden la visa, tienes un año para entrar en el país. Y una vez que entres, tienes un año para disfrutar de Nueva Zelanda.

Este visado está principalmente pensado para que conozcas Nueva Zelanda, y que te costees el viaje trabajando allí mismo. Por eso sólo puedes trabajar medio año y como máximo tres meses en la misma empresa. Es como una especie de Erasmus pero mucho más lejos y sin estudiar (?)

 

2. Requisitos para españoles

Los requisitos para solicitar la WHV variarán según tu nacionalidad. En este caso voy a poner los requisitos para los ciudadanos españoles:

  • Tener entre 18 y 30 años.
  • Tener un pasaporte español válido por al menos 15 meses después de la primera llegada a Nueva Zelanda.
  • Demostrar que estás bien de salud (para ello tendrás que hacerte unos rayos X).
  • Tener al menos 4,200NZD (unos 2,500€) en el banco.
  • Tener un billete de salida de Nueva Zelanda o suficiente dinero para comprar uno.
  • No traer hijos a tu cargo.
  • Contratar un seguro médico que cubra toda tu estadía en el país.
  • No haber disfrutado de una Work and Holiday Visa en Nueva Zelanda con anterioridad.

 

3. Fecha de solicitud

El 19 de abril de 2018 a las 10:00am (hora de Nueva Zelanda).

Es decir, que en España la debéis solicitar la noche del 18 al 19 a las 00:00 de la noche. Y más te vale estar preparado, nada de llegar media hora después, que las visas VUELAN y a los españoles sólo nos conceden 200 visas por año. Get ready for the battle!

4. Proceso y costo

Aquí os hago un resumen de los pasos para solicitar la WHV para que os hagáis una idea general, más adelante desgrano todo el proceso paso por paso y en profundidad.

Primero: tómate una tila, relájate y lucha por presenta la solicitud on line -en inglés- el día y la hora establecida. Si has rellenado todos los campos a tiempo, paga los 208NZD (unos 125€) que te cobra Inmigración por procesar tu solicitud y pégate una buena fiesta para celebrarlo 😀

Segundo: en unos días u horas recibirás un email que te pedirá que envíes unos rayos X demostrando que estás bien de salud. Tienes diez días para hacerlo, no lo dejes para el último momento.

Tercero: espera a que Inmigración reciba tus documentos y, si todo está correcto, recibirás la aprobación de tu visa.

Cuarto: vuela a Nueva Zelanda y disfruta de tu aventura 🙂

En cuanto al costo de la WHV, dependerá de cada caso, pero aquí os hago una aproximación para que os hagáis una idea: 125€ de la solicitud + unos 50€ de traslado al centro médico (esto dependerá de dónde vivas) + 50€ de Rayos X (en Madrid, en Barcelona es más caro) + unos 200€ de seguro médico obligatorio por 12 meses (puedes comprarlo más adelante y su coste variará según la empresa. Nosotros lo compramos justo antes de viajar a NZ) + unos 600€ de billete de avión para llegar al país (de nuevo, este precio puede variar. A nosotros nos costó 505€) = 1.025€.

Es decir, que solicitar la WHV, tenerlo todo en regla y llegar a Nueva Zelanda te costará en total unos mil euros. Pero ya os digo, esto es una aproximación que variará según cada caso.

5. La solicitud paso a paso y en imágenes

Entra a la página web de Inmigración de Nueva Zelanda y, si aún no te has registrado, ve a la parte superior derecha y pincha en «Login» para crearte una cuenta.

Si ya la tienes, ve al buscador, escribe «spain» y pincha en la barra rosa que aparecerá.

0,1

Se te redirigirá a una página donde tendrás que pulsar un botón que pone «apply now». Actualmente no está disponible ese botón porque todavía no puedes aplicar la visa.

Una vez hecho esto, tendrás que buscar en la siguiente página el botón «SPAIN» y pinchar.

1

Pulsa el botón «APPLY NOW».

2

Ahora vas a tener que rellenar diferentes apartados con tus datos personales. Ten a mano tu pasaporte, DNI y tarjeta de crédito. El primer apartado que deberás rellenar es el «PERSONAL», cuyo primer apartado es «personal details». Recomiendo rellenar sólo los apartados con asteriscos para ahorrar tiempo, como he hecho en la imagen siguiente:

3

Una vez hayas terminado de contestar, dale directamente al botón «Next», que te redirigirá al apartado «Identification». En «Passport Details» deberás escribir correctamente el número de tu pasaporte y su fecha de expedición (por favor no te equivoques, te arriesgas a perder la visa).

En «Second Form of Identification» deberás escoger la opción «National ID» y escribir la fecha en que te hiciste el DNI y su fecha de caducidad.

Dale a «Next».

4

Una vez hayas pulsado el botón de «Next», se te redirigirá a la página «Occupation Details». Como los apartados de esta página no tienen ningún asterisco, no será necesario rellenar ninguno. Aconsejo dejar la página en blanco para ahorrar tiempo.

Así que nada más cargarse la página pulsa «Next».

5

Ya has completado el primer apartado, así que verás un tick azul en el botón «PERSONAL». Ahora rellenarás el apartado «HEALTH», en el que si no necesitas dialisis renales, ni has tenido tuberculosis, ni cáncer, ni infartos, ni ninguna discapacidad, ni ninguna condición en la que requieras ser hospitalizado ni requieres de atención residencial, puedes responder a todo «No».

Si has tenido que responder «Yes» en alguna de las cuestiones, tendrás que escribir más detalles sobre el tema en el recuadro.

¡Y no mientas! Inmigración de Nueva Zelanda puede saberlo todo 😉

Es importante que en el último apartado pongas «YES» porque España SÍ es un país con riesgo de tuberculosis, por eso nos piden que nos hagamos unos rayos x.

Dale a «Next».

7

Ahora pasarás a completar el apartado «CHARACTER», donde, de nuevo, si no has sido convicto, ni sentenciado, ni deportado ni estás bajo una investigación ni ná de ná, responde a todo que no.

E insisto: NO MIENTAS. Si mientes te concederán el visado sin preguntas, sí, pero cuando llegues al aeropuerto de Nueva Zelanda y en los controles entregues tu pasaporte, verán que has mentido en tu solicitud, y te mandarán de vuelta a casita sin haber pisado suelo neozelandés por mentiroso. Allá tú.

Dale a «Next».

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Ahora toca completar el último apartado: «WHS SPECIFIC», donde te preguntarán si alguna vez has disfrutado de una WHV en Nueva Zelanda y  si tienes suficiente dinero para mantenerte (obvio di que sí). También te preguntarán la fecha estimada que planeas entrar al país. Si no la sabes o no estás seguro de ella no pasa nada, no es definitivo, pon una fecha cualquiera (pero ten en cuenta la caducidad de tu pasaporte, que tiene que ser válido por un mínimo de 15 meses desde que entras al país).

También te preguntarán si alguna vez has estado en Nueva Zelanda, si es así cuándo y si tienes dinero para comprar un billete de salida del país para cuando quieras irte (obvio que sí lo tendrás, para algo te permiten trabajar allí, ¿no?).

Finalmente te preguntan si tienes todos los requisitos para adquirir la visa. Responde que sí.

Esta vez cuando le des a «Next» te aparecerán todos los apartados con un tick azul y una nueva pestaña donde pone «Proceed to Submit your Application». ¡Dale! 😁

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Ahora serás redirigido a una página donde, lo más rápido posible tendrás que pulsar todos los cuadraditos «yes» y después le das a «SUBMIT».

¡Vamos que ya falta poco! 😁😁😁

10 pagina yes

Ahora te aparecerá un aviso de que han recibido tu solicitud, ¡pero esto no acaba aquí! Ahora toca pagar los 208NZD. Tienes dos opciones: o los pagas al momento o los pagas después. Si logras llegar hasta este punto NO SEAS TONTO Y PAGA. Insisto, las visas vuelan, no lo dejes para otro momento PAGA POR DIOS PAGA PAGA PAGA NO TE QUEDES SIN TU VISADO PAAAAAAAAGA NOMESEASRATA 😱

Dale a «PAY NOW».

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Ahora tendrás frente a ti un resumen de lo que vas a tener que pagar. Dale a «Secure Payment Site» y reza por que queden visas 🙏

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Escribes el nombre completo de la persona que paga y le das a «OK».

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Ahora seleccionas si pagas con Visa o MasterCard.

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Escribes los datos de tu tarjeta bancaria: número de tarjeta, su código de seguridad (los tres dígitos de atrás), la fecha de caducidad y el nombre del propietario que aparece en la tarjeta.

Cuando tengas todo bien completo, dale a «Pay Now».

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Ahora muérete del infarto que te va a dar por los nervios 😝

Bromas aparte, si has logrado llegar hasta aquí, pueden ocurrir dos cosas: que recibas un mensaje que te dice que has pagado satisfactoriamente o que lo siente mucho pero que no quedan visas.

Ya os lo digo, son cientos y cientos de personas luchando sólo por 200 visas, se agotan rápido y es probable que ni siquiera llegues hasta el final. Quizás recibas el mensaje de que se han agotado las visas antes. Por eso es muy importante hacerlo todo bien y lo más rápido que puedas. Más adelante os daré algunos consejos que os darán algo más de ventaja 🙂

Yo cuando pagué recibí este mensaje:

accept

Wiiii, visa conseguida 🎉

Como veis, mi pago se tramitó a las 10:22am (hora neozelandesa). Es decir, tardé en rellenar toda la solicitud 22 minutos. UNA SOLICITUD QUE MÁXIMO SE TARDAN TRES MINUTOS. La página se colgaba tanto, pero tanto que era imposible avanzar. Una lentitud…

A los 40 minutos ya estaban todas las visas repartidas.

Pero si os aparece este mensaje o uno parecido, 🎊 ¡E N H O R A B U E N A! 🎊 Eso significa que tenéis la visa reservada, yeeeeeee… ehm… ¿cómo que reservada? 😟 Pues que la tienes en un 99%, porque todavía queda un 1% muy decisivo: la -tediosa- prueba de rayos X.

 

6. Prueba de Rayos X

Si te han cobrado el pago de la visa, probablemente en un par de días (en nuestro caso al día siguiente) recibirás un email donde te pedirán que te hagas unos rayos x básicamente para demostrar de que no tienes tuberculosis. Porque sí, amigos españoles, nuestra Península Ibérica es un lugar con riesgo de tuberculosis, así que tendremos que demostrar que estamos sanitos.

Pero no vale cualquier clínica.

Tiene que ser sólo en las clínicas que Inmigración de Nueva Zelanda indique. Puedes ver la lista de clínicas por países aquí. En España sólo pueden hacerse en dos clínicas, una en Madrid y otra en Barcelona. Os dejo aquí direcciones y número de teléfono:

medico

Sí, sólo Madrid y Barcelona y sólo pueden ser esas dos clínicas, y ninguna otra. Nosotros, que por aquel entonces vivíamos en Málaga, tuvimos que desplazarnos a Madrid de rapidez. El costo de los rayos x en Madrid es de 50€ mientras que en Barcelona es de unos 150€.

Os recomiendo llamar a la clínica y pedir cita a primera hora de la mañana siguiente de haber pagado la visa, ya que sólo tienes 10 días para hacerte los rayos y van a haber otras 199 personas pidiendo cita para lo mismo.

Y por el envío de los rayos no os preocupéis, se encarga la propia clínica. Vosotros sólo tenéis que presentaros y dejar que os escaneen las entrañas 🙂

 

7. Resumen anual

2017: ese año la página se colapsó y cada apartado de la solicitud tardaba como cinco minutos en cargar. Yo conseguí rellenar todo y pagar mi visa a los 20 minutos. A los 40 minutos, las visas se agotaron.

2018: ese año la página de Inmigración había sido rediseñada, por lo que no sabíamos si también se habría optimizado. Se ve que sí, pues a las 00:06:53 una chica consiguió pagar su visa, pero a las 00:07 ya no quedaban más visas. Es decir, en 2018 los visados se agotaron en siete minutos.

8. Consejos

Mentiría si dijera que es fácil conseguir la WHV de Nueva Zelanda, aunque por otro lado estaría diciendo la verdad. Es fácil porque los requisitos son factibles, pero es difícil porque son muy pocas visas para tantas personas. Y si la página se cuelga, peor aún, porque casi que va por suerte…

En mi año (2017) las visas se agotaron en 40 minutos. Pero es que en años anteriores, donde la página no había colapsado, las visas se agotaron en cuestión de cinco minutos. CINCO. Eso es una locura. Y este año (2018) no se sabe cómo será, porque han renovado todo el diseño de la página, así que no sabemos si estará optimizada o no, si se colgará o no…

Por eso es muy importante estar preparado.

Así que aquí os dejo una lista de consejos que tanto a mí como a mi pareja nos ayudaron a conseguir la tan ansiada visa:

  • Practica con el visado italiano. Como los italianos pueden aplicar la visa durante todo el año, puedes entrar en la aplicación solicitando el visado italiano en lugar del español para familiarizarte con la solicitud. Los días previos a la noche del 19 entrábamos todos los días a la web y nos cronometrábamos rellenando el formulario. Mi mejor marca fue de 02:22 minutos 🙂 ¡Practica para ser el más rápido! Pero ojo: en el apartado de tarjetas de crédito NO LE DES A PAGAR, ya que te tramitarán la visa y tendrás que llamar a Inmigración para suspenderla y explicar que te has equivocado… un rollazo, vaya.
  • Vete al sitio donde puedas conseguir la mejor conexión a Internet posible, o enchufa tu dispositivo directamente al cable del router. Todo tu Internet tiene que estar a disposición de la Work and Holiday, nada de estar bajándose películas o viendo vídeos.
  • Ten preparada toda tu información en un Word. Para no perder tiempo escribiendo, lo que hicimos fue tener todos nuestros datos en un archivo Word para simplemente usar el Ctrl+C y Ctrl+V, a tope de copy paste vaya. Imagina todo el tiempo que pierdes escribiendo tu dirección o los números de tu tarjeta de crédito/débito… además de que te ahorras el escribir algo mal por las prisas.
  • Mejor aun que el anterior: ayúdate del historial de autocompletado. ¿Alguna vez has entrado en una página donde ya habías escrito, por ejemplo, una contraseña, y al volver a entrar se autocompletan los datos? Como nosotros habíamos practicado con el visado italiano, cuando solicitamos el español teníamos la opción de autocompletar los apartados. ¡Mil veces más rápido! Así que no borres ni tu caché ni tu historial los días previos.
  • Ten el link de la aplicación abierto en diferentes navegadores. Como la página estaba saturada no me funcionaba ningún navegador salvo Firefox. Menos mal que ya estaba preparada para ello y no tuve que ir probando navegador por navegador.
  • Ten todos los dispositivos posibles a mano. Yo rellené media solicitud desde el portátil y la otra mitad desde el móvil. Mientras se cargaba la página un dispositivo iba completando la solicitud en otro, y así. Miguel combinó el portátil con la tablet y el móvil.
  • Céntrate en la página. Olvida el multitasking, OLVIDA EL MUNDO ENTERO. Esa noche sólo importa la página de Inmigración. Como cada segundo cuenta, tienes que estar al loro del estado de tu página. Si estás escribiendo cosas por Facebook (como vi el año pasado) no te vas a enterar de si tu página se ha cargado o no, y eso son segundos e incluso minutos que pierdes. No way!
  • Un buen rato antes de que sean las 00:00, ten abierta la página que muestro en el tercer pantallazo del apartado cinco, así entras directamente en la solicitud y no pierdes tiempo iniciando sesión. Y una vez que le des a APPLY NOW, espera y no le des más veces, porque se te puede caer la página. Miguel por ejemplo le dio dos veces y se le abrieron dos solicitudes distintas, una de ellas tuvo que rechazarla después. Por muy desesperante que sea, espera.
  • Si puedes, ten a mano otra tarjeta de crédito. Nunca se sabe, quizás por algún motivo la tuya esa noche no funcione. Mejor disponer de otra (ya sea de un amigo o familiar) por si las moscas.
  • No te rindas. Da igual el tiempo que pase, como si han pasado dos horas. Repite conmigo: HASTA QUE LA PÁGINA NO AVISE DE QUE NO QUEDAN MÁS VISAS, SIEMPRE HAY UNA POSIBILIDAD. Así que no pares porque piensas que se han agotado, quizás te lleves una sorpresa 😉
  • Ten mucho cuidado con lo que pones. Un fallo estúpido o un número mal puesto puede hacer que pierdas la visa. Asegúrate de poner todos los datos correctos.
  • No mientas. Ya lo dije, pero lo repito. Si mientes en cuestiones de visado o temas penales puede ser que te acepten la visa, sí, pero luego cuando llegues al aeropuerto de Nueva Zelanda te mandarán de vuelta a casa porque con un vistazo pueden ver todo registro sobre ti. Y ahí no habrá nada que puedas hacer.
  • Si tienes alguna duda importante, consulta con Inmigración de Nueva Zelanda. Son majos y la información que te darán es 100% veraz.
  • Por encima de todo: relax. Son unos momentos muy agobiantes porque hay muchas ilusiones en juego, pero intenta estar lo más relajado posible, ya que los nervios pueden jugar una mala pasada. Yo estuve tan nerviosa que casi me quedé paralizada, horrible. Haz lo que sea que te funcione para relajarte, oooommmm 💆

 

9. El SÚPER consejo

Le dedico un apartado a parte a este consejo porque, aunque es muy útil, es algo complicado de comprender y de llevar a cabo. Nosotros lo hicimos y nos fue bien. Yo lo comparto con vosotros pero el que quiera hacerlo que lo haga bajo su propia responsabilidad:

Mientras practicábamos con el visado italiano, Miguel se dio cuenta de una cosa. Y es que cuando le das a «apply now» y se te abre la primera página de «personal», automáticamente se te concede un numero de aplicación que aparece en la URL de la web. Ese número es único e intransferible, y es el que vas a ir «arrastrando» durante todo el proceso. De hecho, más adelante se convertirá en el número de tu visa.

Entonces, ¿qué utilidad tiene el número?

Miguel hizo una prueba, copió las URLS de todos los pasos del visado italiano y vio que el número de aplicación siempre era el mismo, y que las URLS siempre eran las mismas. Es decir, tú y yo tendríamos la misma URL, a diferencia de una secuencia de número de siete dígitos, ya que yo tendré mis números y tú los tuyos. Pongo una imagen que ejemplifica lo que digo:

url

la secuencia de números es inventada

En negro es la URL que tendríamos tú, yo, el del visado italiano, el de Hong Kong y absolutamente todos. Y en rojo está lo que sería nuestro número de visa, que es único y de nadie más.

Entonces, partiendo de este descubrimiento, decidimos una cosa: si al entrar en la aplicación la página se colgaba, lo que haríamos sería pillar nuestro número de visa (lo rojo) y pegarlo a las URLS que teníamos guardados en un word (lo negro). Y pondríamos a cargar todos los links a la vez, así podríamos acceder a apartados del formulario que de normal no podríamos. Es decir, a lo mejor iba completando el apartado «Health» mientras se cargaba el «Personal 2», ganando así un tiempo incalculable.

Es complicado de explicar y de entender, pero nosotros lo hicimos y nos fue bien. A los 20 minutos tuvimos nuestra visa. Eso sí, si la página NO se te cuelga, aconsejo dejar atrás este truco y ponerte a tope a completarlo todo lo más rápido que puedas. ¡No hay tiempo que perder!

 

10. Popurrí de preguntas

¿Necesito demostrar alguna titulación inglesa? ➙ No.

¿Necesito haber completado estudios superiores? ➙ No.

¿Necesito saber inglés para solicitar la visa? ➙ No, aunque después te llegarán algunos emails que debes comprender para seguir los pasos. Pero nada que Google Translate no arregle.

¿Puedo solicitar la WHV si tengo 30 años? ➙ Sí.

¿Puedo solicitar la WHV si tengo 31 años? ➙ No. Pero si te la concedieron con 30 años, puedes entrar al país con 31 años.

¿Cuánto tarda todo el proceso de concesión de la visa? ➙ Si todo sale correcto y rápido, en siete días puedes tener tu visa aceptada. Todo dependerá de cuándo se envíen tus rayos x.

¿Puedo solicitar la WHV desde otro país que no sea España? ➙ Sí.

¿Puedo solicitar la WHV desde Nueva Zelanda? ➙ Sí.

Mi pareja y yo queremos ir juntos, ¿podemos hacer una aplicación conjunta? ➙ No. Cada uno deberá solicitar y conseguir su propia visa.

¿Tengo otra opción si no consigo la WHV la noche indicada? ➙ Sí, la repesca. Si la noche del 19 no consigues tu visado, todavía tienes una oportunidad, pues puede haber gente que o bien se la rechacen o bien la renuncien. Así que tendrás que mirar la página de Inmigración todos los días para ver si ha quedado alguna plaza libre. Inmigración no avisa, tendrás que entrar tú y ver si hay suerte. Mucha gente consigue su visa de esta forma, así que no renuncies 🙂

¿Puedo pagar el visado con tarjeta de débito? ➙ Sí, puedes pagar tanto con tarjeta de débito como de crédito.

¿Puedo solicitar la partner visa si mi pareja ha conseguido una WHV y yo no? ➙ No.

¿Qué pasa si estoy en Nueva Zelanda y mi visado de turista caduca antes de que me acepten la WHV? ➙ Si te encuentras en Nueva Zelanda y tu visa temporal actual expira antes de que se te otorgue la nueva visa, normalmente te emitirán una visa provisional para que puedas permanecer en Nueva Zelanda legalmente.

¿Puedo extender mi visa? ➙ Sí. Si has trabajado mínimo 90 días en el campo, puedes extender tu visado por tres meses más.

¿Puedo entrar y salir del país cuantas veces quiera? ➙ Sí, el visado es de múltiples entradas.

¿Cuándo se activa la visa? ➙ En el momento que llegas a Nueva Zelanda.

¿Qué pasa si finalmente no uso mi WHV? ➙ Pierdes la visa para siempre y la posibilidad de volverla a tener. Sólo te la conceden una vez en la vida. Si te la conceden y sabes a ciencia cierta que no la vas a usar, renúnciala, porque así otro podría aprovecharla y tú podrías volverla a solicitar en un futuro (si Inmigración así lo decide).

¿Cuántas horas puedo trabajar? ➙ Ilimitadas.

¿Qué tipo de trabajos puedo hacer? ➙ Cualquier tipo, tanto cualificado como no cualificado.

 

Y eeeeesto es todo. He escrito muchas cosas que a mí en su día me hubiera gustado leer. Para los que están decididos a conseguirla: ¡MUCHO ÁNIMO, QUE SE PUEDE! Y para los que no tenían ni idea de la existencia de este visado: espero que os animéis a solicitarlo, esto es algo que sólo te dan una vez en la vida y hasta cierta edad. Yo estoy viviendo la experiencia más alucinante de mi vida aquí 😃

De hecho, si quieres saber de mis vivencias en tierras neozelandesas, estate atento, que pronto comenzaré a publicar mis diarios de viaje 😃😃😃😃

 

Un saludo a todos y, si tienes alguna pregunta, no dudes en dejarla en los comentarios. Besis desde las Antípodas 💋

Marta Diarra Lampi

 

Ruta Escénica del Sur de Nueva Zelanda: punto por punto

Aviso a lectores: nada de lo que pueda leer a continuación se acercará lo más mínimo a la realidad de esta ruta. Así que le aconsejo de ante mano que haga sus maletas y se embarque por sí mismo en esta maravillosa aventura. Le aseguro que no se arrepentirá 😉

Yo no sé de rutas ni carreteras. Ningún verano de mi infancia fue haciendo viajes en coche. Ni siquiera por España. Es más, ni siquiera teníamos coche en casa. Para mí las carreteras eran eso: carreteras. Una vía que te permitía trasladarte de un punto de interés a otro.

Pero ahora he descubierto que las propias carreteras pueden ser puntos de interés por sí mismas. ¿Y qué me decís si a esos puntos de interés le añadimos lagos, montañas, playas con arena pan rallado style, focas y leones marinos, faros sobre acantilados de vértigo, pingüinos y delfines únicos en el mundo y en total libertad, fiordos, loros salvajes, cascadas de infarto, selvas y bosques Y PARO YA QUE NO OS QUIERO HACER MÁS LA BOCA AGUA (Marta eso sólo pasa con la comida) ((bueno pues ¿hacer la mente agua?)) (((mira mejor déjalo))).

Lo que decía…

Que existe una ruta en Nueva Zelanda que aglutina todo lo anterior y más. Y si quieres descubrirla para ponerla YA en el punto number one de tu bucket list hazte un té/café/colacao/loquesea y ponte cómodo, que te viajarás conmigo punto por punto por la Southern Scenic Route.

 

La ruta

La Southern Scenic Route es una ruta en forma de U que se encuentra en la isla sur de Nueva Zelanda y que une Queenstown, Fiordland, Te Anau y Milford Road con Dunedin a través de Riverton, Invercargill y The Catlins.

Ehmm… no te has enterado de nada, ¿verdad? Te dejo una imagen de la ruta para que la veas con más claridad:

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La ruta escénica del Sur de Nueva Zelanda

Este post lo estoy escribiendo desde el Museo de Dunedin. Es decir, que acabamos de terminar de hacer esta ruta. Así que voy a escribir sobre todos los puntos del viaje por si algún día te animas a hacerlo. A esta ruta le puedes dedicar tres días, una semana o dos, según tus intereses y el tiempo que tengas. Aquí podrás ver qué te puedes encontrar para poder organizar tu itinerario según tus propias preferencias.

Comencemos por el principio (o el final, según el extremo por donde quieras comenzar):

 

Queenstown

La ciudad de mis ojos. La primera vez que fui le dije a Miguel «me quiero casar con Queenstown». Es la ciudad más bonita que he visto nunca, por eso no he podido evitar volver una y otra vez (¡y las que me quedan!).

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Fotografía By Lawrence Murray from Perth, Australia – Queenstown from Bob’s Peak, CC BY 2.0

Queenstown es un lugar pequeñito a orillas de un lago rodeado de montañas. Por un lado tiene la impresionante cadena montañosa de Los Remarkables (izquierda de la fotografía) y por otro tiene montañas boscosas. Simplemente el feeling que sientes nada más llegar y ver en derredor es espectacular.

En Queenstown puedes pasear por su centro lleno de tiendas (eso sí, caras a mi gusto) y de restaurantes con comida de todo el mundo: tailandesa, japonesa, india e incluso española (pero huimos cuando vimos que le echaban chorizo a la paella 😱). También puedes ver el lago que se encuentra en pleno centro de la ciudad y hacer una caminata al rededor suya a través de un parque.

Pero no todo es relax en Queenstown.

Sino no se la calificaría como la ciudad del deporte extremo y la fiesta. Allí puedes practicar paracaidismo, snowboard, rafting, puenting o hacer rutas de mountain bike. Lo mismo ocurre al caer la noche: los pubs de la ciudad se llenan de un, digamos, caldeado ambiente juvenil.

Vaya, que Queenstown tiene de todo, desde lo más relajante hasta las emociones más fuertes.

(próximamente podrás leer el post sobre cosas que hacer en Queenstown aquí).

 

Te Anau y Milford Sound

Te Anau es un pueblo pequeñito que está a los pies del lago homónimo más grande de la isla sur (y el segundo más grande del país). Te Anau es la última ciudad que te encontrarás antes de llegar a Milford Sound. Así que si tienes que repostar gasolina o comprar víveres, es aquí o nunca (si quieres que te salga «económico»).

Llegamos ahora a la mayor turistada (¡y con razón!) del país, la incluso comúnmente considerada como «la octava maravilla del mundo»: Milford Sound.

Marta Diarra Lampi

Milford Sound

Milford Sound es un fiordo que se encuentra mar adentro del parque nacional de Fiordland, que está declarado como Patrimonio de la Humanidad. En Milford Sound además hay cascadas y una colonia de focas. Si está mar adentro, ¿cómo puedo ver los fiordos? Para ello existen tres actividades:

  1. Kayak.
  2. Crucero.
  3. Sobrevolarlo.

Nuestra opción fue el crucero. Hay muchísimas empresas que ofrecen diferentes packs. Nosotros la empresa más económica que encontramos fue GoOrange, con quienes hicimos un crucero de dos horas a través de los fiordos + una tarta de zanahoria de regalo. Fueron 65 dólares por persona (130NZD en total).

Marta Diarra Lampi

Crucero por fiordos y tartita, ¿qué más podrías desear?

Recomendación: cada empresa ofrece diferentes horarios para visitar Milford Sound. Seguramente el horario más barato que encuentres sea el de la mañana (sobre las 09:00). ¡No lo escojas! Es muy probable que por la mañana el tiempo esté nublado y no puedas ver bien los fiordos. Ah, y no olvides tu crema solar, ¡que el sol de Nueva Zelanda pega muuuuy fuerte!

Puedes leer mi experiencia visitando Milford Sound aquí.

Milford Road

Pero Fiordland no es sólo Milford Sound, ¡es mucho más! La sola carretera hacia Milford Sound es impresionante, nosotros nos paramos varias veces a admirar el paisaje. De camino a los fiordos tienes un montón de puntos interesantes donde pararte: la explanada Eglinton Valley, lagos como Mirror Lake o Lake Gunn Nature Walk,  rutas de senderismo como Routeburn Track, Pop’s View Lookout, o cascadas al lado de la carretera como las Falls Creek o The Chasm…

A mí lo que más me gustó fue el car park del Homer Tunnel, que es un túnel que debes atravesar antes de llegar a los fiordos. No por el parking en sí (cuya ubicación es preciosa), sino porque tuvimos la suerte de ver CINCO Keas (uno a la ida y cuatro a la vuelta). El Kea es el único loro de montaña del mundo y sólo te lo puedes encontrar en la isla sur de Nueva Zelanda, ¡así que imaginad nuestra sorpresa al verlos!

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Recomendación: aunque sean muy monos, los Keas pueden romperte las gomas y el limpiaparabrisas del coche, así que no dejes que se suban a tu vehículo y mucho menos dejes las puertas abiertas. Tampoco les des comida para acercarlos a ti, en general son simpáticos y por voluntad propia se acercarán. Recuerda que la comida humana no tienen por qué digerirla bien y además pueden perder parte de su instinto cazador si son alimentados externamente.

Marta Diarra Lampi

ESTO es lo que debes EVITAR a toda costa

Algunos de los puntos mencionados anteriormente te los encuentras por la carretera, otros son tracks de cinco minutos, otros son de tres horas… cada punto podrás verlo según tu tiempo e interés en ellos. Si vas en coche, por el camino hay varios campings del DOC donde pernoctar por 13NZD por persona.

 

Invercargill y Bluff

Invercargill es la ciudad más al sur de Nueva Zelanda y, turísticamente hablando, no tiene nada, pero tiene de todo: Pak’nSave, Warehouse, Countdown, restaurantes, fast foods típicos, gasolineras, iSite… Es un lugar perfecto para repostar y poco más.

Lo mismo pasa con Bluff, que es una zona costera con un puerto desde donde salen barcos hacia la Antártida. Tiene además un faro con la típica señal que te indica a cuántos kilómetros estás de diferentes ciudades del mundo. Se rumorea además que por ahí puedes ver pingüinos, pero nosotros no vimos ninguno…

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En ese punto pasamos la Navidad

 

The Catlins

Mi parte favorita de la Southern Scenic Route. Los Catlins es una zona que ocupa 1900 km², ocupando tanto costas como bosques templados (parecen selvas). Recorrer los Catlins es toda una aventura, ya que está muy poco poblada y concentra una vida salvaje brutal. Puedes encontrarte con focas, lobos y leones marinos de Nueva Zelanda, pingüinos de ojos amarillos, pingüinos azules y delfines Héctor (los más pequeños y únicos de Nueva Zelanda), y muchísimas aves que actualmente están en peligro. Los Catlins desde luego que se han llevado una gran parte de mi corazón.

Si queréis saber por qué, en este post os enseño punto por punto la ruta por Los Catlins.

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The Catlins

 

Dunedin

La Ruta Escénica del Sur no podría acabar en mejor ciudad que en Dunedin, otra de mis favoritas. Dunedin es una ciudad grande con mucho que hacer y ver. Tiene un jardín Chino, varios museos gratuitos, un centro de ciudad en forma octogonal con varios restaurantes (nosotros recomendamos el Dunedin Social Club), alberga el único «castillo» que hay en todo el país (lo pongo entre comillas porque por mucho que los neocelandeses quieran llamarlo castillo, el «castillo» de Larnach es sólo una mansión), puedes avistar focas, albatross, pingüinos de ojos amarillos y, si tienes suerte, ¡hasta un pingüino azul! Sin embargo una de las «atracciones» que más me gusta es Baldwin Street, o mejor conocida como la calle más empinada del mundo. Recomiendo MUCHO visitar esta calle y aprovechar para inventarte todo tipo de fotos raras, ya que el efecto óptico es brutal.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

(próximamente podrás leer el post sobre cosas que hacer en Dunedin aquí).

 

Y aquí se acaba esta maravillosa ruta. Os dejo con unos pequeñitos consejos:

  • Para usar Internet o cargar los dispositivos tecnológicos, las bibliotecas de Lumsden, Riverton, Dunedin y Balclutha nos sirvieron de gran ayuda.
  • Intenta llevar siempre el depósito de gasolina lo más lleno posible, ya que hay pocas gasolineras por la ruta y los precios pueden variar bastante. Mi consejo es que llenes el depósito en una ciudad grande siempre que puedas (te saldrá más barato).
  • Más que consejo, esto es un aviso: algunas carreteras de los Catlins son de grava y sin asfaltar, por lo que tendrás que reducir la velocidad para que las ruedas de tu coche no deslicen. Cuidadín.
  • En toda la zona de los Catlins (desde Riverton hasta Baclutha) no hay cobertura, por lo que no podrás conectarte a Internet ni hacer llamadas.
  • Llevaos prismáticos, ya que hay que mantener ciertas distancias con los animales en libertad (10 metros para los leones marinos y 50 metros para los pingüinos), por lo que unos prismáticos te ayudarán a no perderte ningún detalle. También hay veces que los animales directamente te pillan muy lejos, como ocurre con las focas de Nugget Point.
Marta Diarra Lampi

Los prismáticos te serán de gran ayuda

 

Y esto es todo. Espero que este post os ayude a organizar vuestra Ruta Escénica del Sur de Nueva Zelanda, porque está clarísimo que la haréis, ¿verdad? ¿¡VERDAD CAMARADAS!? Si tenéis alguna pregunta, no dudéis en dejarla en los comentarios.

¡Buenos viajes! ✈