Guía de los Kimberley, el roadtrip más salvaje de Australia

Cuando cierro los ojos y pienso en los Kimberleys, se me vienen a la mente el color naranja intenso, los gordísimos baobabs, la soledad, polvo, calor, cocodrilos, murciélagos, cuevas, ríos, playas infinitas… Y es que, sin duda, es de mis roadtrips favoritos de Australia Occidental (junto con la costa del arrecife de coral de Ningaloo); el más salvaje e inexplorado, cuyas vastas llanuras y gargantas dramáticas están intactas por el turista común, y con una fuerte presencia aborigen. Aislada de toda gran ciudad australiana y llena de sorpresas naturales, estáis a punto de descubrir una de las partes más auténticas del país.

Damas y caballeros, bienvenidos a los Kimberleys.

Un poquito de info previa

La meseta de Kimberley cubre la esquina noroeste del continente australiano y tiene un tamaño de 423,517 kilómetros. Aunque pueda parecer pequeña en el mapa, es más grande que el 75% de todos los países del mundo, FLÍPALO. Eso sí, la gente es poquísima (39mil habitantes, 11 personas por km2) y además están muy aisladas entre sí, así que la sensación de ser el único coche en la carretera es una constante. En sus ocho parques nacionales, sentirás que eres la única personal del mundo.

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Solo hay una carretera que la atraviesa, la Gran Carretera del Norte (Great Northern Highway) que conecta Broome con Kununurra, es decir, une la costa oeste con la frontera entre el estado de Australia Occidental y el Territorio del Norte. Una de estas dos ciudades marcará el inicio o el fin de tu viaje. En mi caso comencé en Kununurra, pues venía de Darwin.

Pero Kimberley esconde otro secretito que se escapa a la carretera principal, y esa es la famosa Gibb River Road, 660km de carretera sin asfaltar sólo apta para los más aventureros que corre paralela a la Gran Carretera del Norte pero atravesando paisajes coloridos, cordilleras, gargantas de vegetación exuberante, tentadoras piscinas y cascadas naturales, ríos… De la Gibb River Road poco más puedo contar porque no la hice (¡pero está en mi bucket list!), aunque os puedo adelantar que sólo –y recalco SÓLO– se puede hacer con un buen coche 4×4. Si no, olvidadlo.

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Subrayado en rojo las atracciones que visité de la Great Northern Highway. En línea discontinua, la Gibb River Road.

La Ruta: de Kununurra a Broome

Como yo la comencé en Kununurra, por ahí es por donde voy a empezar a escribir. Entre paréntesis, te recomiendo lo días a invertir. Pero como os comenté, Kimberley se puede empezar a recorrer por Broome. Si es tu caso, lee los siguientes puntos del final al principio:

Kununurra (1 o 2 días)

Esta es la “ciudad” más “grande” que encontrarás hasta llegar a Broome. Es un lugarcito aborigen encantador, tranquilito y bonito. Perfecto para hacer un picnic en su parquecito junto al lago, y terminar el día viendo el atardecer en el mirador con vistas a la city. Pero, honestamente, por sí misma no tiene muchas atracciones de interés. Pero es perfecto para hacerte con todas las provisiones necesarias para tu aventura por el desierto australiano.

Cerca, a unos 70km, está el enorme lago artificial Lake Argyle.

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Lake Argyle

El Questro Wilderness Park  (1 o 2 días)

En realidad, El Questro es una estación de ganado que, además, se dedica al turismo con alojamientos así lujosillos. Pero como yo soy backpacker a mí esa parte como que no me interesa (notengodinerovalejum)… pero a sus alrededores tiene alguna que otra atracción chula:

  • Emma Gorge Trail: ruta de unos 40min ida por un sendero rocoso que termina en una bella piscina natural. Lamentablemente, fui al final de la época seca, por lo que ya no había cascada.
  • Zebedee Springs: un oasis natural de aguas termales durante todo el año, rodeado de palmeras y vegetación. Bonito, bonito y a cinco minutos andando.

En mi caso particular no pude hacer más rutas de senderismo por el clima (era de calor extremo) y porque, por la época, algunos lugares estaban directamente cerrados. Pero es un lugar precioso en el que, si se tiene la oportunidad, merece mucho pasar un par de días.

Recuerda informarte bien sobre temporada y horarios, ya que por el clima éstos pueden cambiar.

Marta Diarra Lampi

Emma Gorge

Bungle Bungle/Purnululu National Park (2 días)

Uno de mis parques nacionales favoritísimos de Australia. ¡Qué pasada de lugar! ¡Qué colores, qué dunas! Visitable tanto por aire como por tierra, si no os queréis perder este Patrimonio de la Humanidad, visitad este detallado post que os he preparado.

Marta Diarra Lampi

Bungle Bungle

Halls Creek (unas horas)

Una pequeñísima comunidad aborigen que es buen punto para comprar comida y gasolina (sobre todo si vas a visitar el cráter de Wolfe Creek o los Bungle Bungle). Eso sí, lamentablemente recomiendo no pasar la noche allí, ya que la tasa delictiva de esta zona no es precisamente baja…

Me siento fatal al escribirlo pero sé de lo que hablo tras haber vivido por seis meses en la segunda comunidad aborigen más problemática del país (oí que Halls Creek supuestamente es la primera).

Wolfe Creek (medio día, o 1 día si pernoctas)

Una parada obligatoria para los más frikis de la geología y uno de los lugares más especiales en los que he estado. Wolfe Creek es el segundo cráter más graaaaande del planeta y se encuentra en el medio de los Kimberleys. Además, puedes dormir allí gratuitamente.

Para saber todito todo, desde su historia hasta cómo visitarlo, no os perdáis este detallado post que escribí al respecto.

Marta Diarra Lampi

Cráter Wolfe Creek

Fitzroy Crossing (1 día)

Bueno, la comunidad que fue mi hogar durante seis meses y a la cual, a pesar de todo, tengo mucho cariño. Como ocurre con Kununurra o Halls Creek, el atractivo no lo tiene el lugar per se, sino sus alrededores, así que Fitzroy Crossing es un buen lugar para hacer compras y repostar.

De nuevo, no recomendaría pasar la noche allí (ni dejar mucho tiempo el coche sin vigilancia). No quiero decir que sí o sí os vaya a pasar algo y que tengáis que estar constantemente en tensión, pero he visto y conocido el número suficiente de casos como para sentirme en la obligación de, como poco, ponerlo por escrito.

Dato curioso: cuando está a tope de caudal, el río Fitzroy es uno de los más grandes del mundo con un caudal de 30.000 metros cúbicos por segundo.

Marta Diarra Lampi

Pequeño baobab en Fitzroy Crossing

Geike Gorge (tu día en Fitzroy Crossing)

A ver, no estamos ante el mejor parque nacional del mundo mundial, peeero una visita sí que le hacía, pues este sorprendente desfiladero se caracteriza por sus enormes acantilados multicolores y por su vida salvaje. Al atardecer, es fácil encontrarse wallabíes, diferentes aves, murciélagos e, incluso, algún que otro cocodrilo. Hay varios senderos para caminar (pero siempre que he ido ha hecho tantísimo calor que pa’ qué intentarlo). Eso sí, si tenéis oportunidad, me apuntaba fijo a un crucero guiado en bote, que ofrece una visión única del desfiladero y su fauna. Creo que cuesta unos 50aud. Preguntad en el Visitor Centre de Fitzroy Crossing sobre los tours disponibles y los horarios de apertura, que varían según la época.

Por cierto, Geike Gorge es el parque más accesible de todo Kimberley, puedes llegar hasta con el coche más cutre. Ah, y es un área de uso diario, no se puede acampar, pero tiene mesitas de picnic y baños.

Marta Diarra Lampi

Reflejo al atardecer en Geike Gorge

Windjana Gorge (medio día)

Este parque nacional te lleva a través de un desfiladero de piedra caliza donde, si tienes buen ojo, podrás encontrar fósiles de vida marina fosilizados (valga la redundancia) en las paredes del acantilado. Allí también se puede disfrutar de la variedad de flora y fauna nativas. Y si deseas ver –como yo- cocodrilos de agua dulce mientras estás en el Wild Kimberley, posiblemente este sea el mejor lugar para avistarlos.

Para más información, he preparado este post.

Marta Diarra Lampi

Windjana Gorge

Tunnel Creek (medio día)

Vaya sorpresón me llevé aquí, ¡pero de los grandes! Y de dientes afilados… 😉

Tunnel Creek es un precioso sistema de cuevas donde conviven estalactitas, estalagmitas, murciélagos y… ¡cocodrilos! Prefiero no decir más porque ya lo cuento todo en este post.

Por cierto, Windjana Gorge y Tunnel Creek están tan cerquitas que son perfectas para visitarlas el mismo día.

Marta Diarra Lampi

Cocodrilo a la entrada de la cueva de Tunnel Creek

Broome (2 días, pero dependerá de ti)

Pueblito costero y final/inicio de tu aventura por la salvaje Kimberley. Hace años, Broome fue un lugar muy importantes por su comercio de perlas, cosa de la que están orgullosos aún a día de hoy. Su playa más famosa, Cable Beach, es el lugar perfecto para reencontrarte con el mar si, como yo, vienes de Kununurra. Aunque soy fan absoluta de los pequeños pueblos playeros, a mi parecer Broome está un poquito sobrevalorada, así que será mejor que le preguntes al Visitor Centre qué ver y hacer allí en específico, porque yo me contentaba con pasear y comer en los diferentes restaurantes.

Eso sí, uno de mis lugares FAV es Gantheaume Point, donde –ATENTOS SEÑORES- puedes encontrar… ¡huellas de dinosaurio! Por lo visto los dinos habitaron esta zona hace unos 115-120 millones de años, y algunos de sus pasos quedaron fosilizados hasta el día de hoy, esperando a que los visites. Pero para ello, tendrás que ir en marea baja y tener muy buen ojo. Para los freaks de los dinosaurios como yo, es un lugar im-per-di-ble 🦖🦕

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¡Lo encontramos! 😁

Dampier Peninsula, Cape Leveque (2 o 3 días)

Bueno, amor-odio a esta zona. Dampier Peninsula se sitúa aproximadamente a unos 200 kilómetros al norte de Broome, y sólo puedes acceder a ella con coche 4×4 o SUV. La verdad que el lugar es precioso y alberga la que para mí es una de las mejores playas que he visitado en Australia. Por no hablar de la vida marina, pues haciendo snorkel encontré dos mantarrayas gigantes. Y cuando digo “gigantes” me refiero a que probablemente eran de mi tamaño, o sea, una flipada.

Peeeero la contra es que el acceso es tan largo y tan complicado, que te roba toda energía. Fuimos tres amigos y yo y, aunque estábamos animados, a veces estas carreteras de arena sin asfaltar se hacían eternas… Además que pasó una cosa rarísima: fuimos al Visitor Centre de Broome para informarnos bien sobre los alojamientos disponibles en Dampier Peninsula, nos dijeron que todos estaban abiertos y, al llegar, ¡con suerte encontramos uno! Estaban todos cerrados, supuestamente por la época 😕

No puedo comprender cómo Broome no podía estar al tanto de eso… casi nos quedamos sin sitio donde pasar la noche. Tuvimos una suerte increíble 😉

Bueno, si te decides a venir, los lugares que te recomiendo visitar son:

  • Middle lagoon.
  • Lombadina (tendrás que conducir por la playa, pero lo merece).
  • Cape Leveque (aquí fue donde vi las mantarrayas gigantes).
Marta Diarra Lampi

La casita con vistas al mar que un lugareño nos dejó para dormir

Información general

La mejor época para visitar Kimberley

Los Kimberley tiene dos épocas: la seca (de abril a octubre) y la de lluvias (de noviembre a marzo), y la diferencia entre estas dos estaciones es extrema. Seré clara: prohibido visitarla en época de lluvias. Fin.

En la época seca la temperatura es agradable y será raro pillar un día nublado, pero la de lluvias… la temperatura alcanza fácilmente los 40º (en noviembre los 50º en algunas zonas) ya a buena hora de la mañana y, lo que es peor, las lluvias son torrenciales, con fuertes y espectaculares relámpagos. Es un espectáculo increíble de ver, la verdad. Pero lo malo de esta época es que, a causa de las fuertes lluvias, muchas veces las carreteras se inundan y puedes tener la misma mala fortuna que la de una familia que conocí en Fitzroy Crossing, que estuvo retenida en la comunidad CINCO SEMANAS porque la carretera estaba inundada y no podían salir. O peor aún, te puede pillar un ciclón, que todos los años cae uno.

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Si se te olvida lo de las inundaciones, ya te lo recordarán los carteles

Yo viví seis meses en los Kimberleys y viví el cambio de estación, pero cuando viajé lo hice a finales de octubre Y OH DIOS MÍO, EL CALORRRRR. Fue sofocante y hubo días que se hicieron un poco duros. Pero nada que una buena provisión de agua fresquita y gorra a la cabeza no pueda remediar.

Mi mejor recomendación, si vas por esta época, es que te levantes cuando salga el sol y te acuestes cuando se ponga, así podrás aprovechar al máximo las horas más “fresquitas” del día.

Pero si me preguntas, para mí la mejor época para visitar los Kimberley sería entre abril y julio, que es justo el final de la época de lluvias, por lo que los ríos, gargantas, pozos, piscinas naturales… están en su esplendor, pero ya no hay lluvias; además de que las temperaturas vuelven a ser agradables. Junio y julio son los meses donde “más turistas” hay (básicamente australianos jubilados). En agosto, las temperaturas ya empiezan a subir y el agua a secarse. Octubre es físicamente aguantable pero ya empieza a hacerse duro por el clima. Noviembre el calor ya es mortal y muchos parques nacionales cierran. En enero y febrero, la lluvia es incesante y aparecen las amenazas de ciclón.

Ok, todo muy guay pero… ¿cuánto tiempo le invierto?

Esto va a depender de tu propio tiempo y presupuesto, pero yo diría que para verlo todo un mínimo de una semana. Dos semanas a mi parecer sería ideal. Y ya si te gusta hacer camping, pasarte el día pescando o en la playa… pues más días te dará más tiempo para disfrutar de Kimberly.

¿Coche normal, 4×4 o SUV?

Seré directa: si tienes un 4×4, mejor. Eso sí, si no tienes pensado visitar Cape Leveque, los Bungle Bungles o recorrer la Gibb River Road (o tienes pensado visitarlas pero pagando un tour o vuelo escénico), con un coche normal puedes visitar el resto de atracciones, incluso si se trata de carreteras sin asfaltar como la de Tunnel Creek o Windjana Gorge… donde se explotó una rueda de mi coche.

En mi caso, yo viajé con un vehículo SUV (más concretamente, un Nissan X-Trail), que es un vehículo a caballo entre coche normal y un todoterreno, más cercano del último, por eso se les conoce como “todocaminos”. Y fíajete si lo son que me llevó por casi toda Australia en un roadtrip de tres meses, metiéndonos por muchas carreteras sin asfaltar –algunas complicadillas- sin problemas, aguantándolo todo como un campeón (¡viva mi Tyranno-Nissan Rex).

Ojito: cuidado con los coches SUV que son bajitos (low clearance), porque si viajaras en época de lluvia y tuvieras que pasar ríos o charcos, podrías llegar a tener problemas de agua en el motor.

Eso sí, ojito si vas con coche de alquiler, porque aunque sea 4×4 hasta donde sé, las empresas de renta no te cubren el meterte en carreteras sin asfaltar. Si no tienes coche propio y pretendes alquilar, háblalo con la empresa previamente.

Por cierto, cuando me refiero a coche normal, no entran las autocaravanas. Puedes atravesar la Great Northern Highway con una caravana, pero llegar a los parques nacionales lo veo ciertamente imposible (menos Geikie Gorge).

Marta Diarra Lampi

Entonces… ¿necesito ser un conductor súper pro?

No necesitas ser un conductor súper adiestrado, pero sí te recomiendo que tengas cierta experiencia. Cuanto menos tengas, más despacio deberías conducir. Antes de meterte en cualquier situación/lugar que no conozcas (como una playa, río, terreno pedregoso…) infórmate: presión de neumáticos, cuánta altura necesita tu coche para cruzar, a qué marcha poner tu vehículo, etc.

Ten en cuenta que siempre pueden darse sucesos inesperados, como animales cruzándose (no importa la hora del día), hoyos o zonas resbaladizas por la acumulación de arena. En estos casos, reduce la velocidad y pide ayuda a tu copiloto para tener la máxima visión hacia la carretera y que nada te pille desprevenido.

Nunca subestimes las carreteras australianas, ya que vuelques, pinchazos, derrapes o roturas importantes de mecánica pueden darse fácilmente si conduces distraído (yo tuve que cambiar tres ruedas por pinchazo).

Por cierto, si te ocurriera algo por estos lares, tu seguro NO te cubrirá una grúa que te recoja. Tendrás que pagarla tú mismo.

Marta Diarra Lampi

Lombadina, una de las playas más flipantes que he visto nunca 😍 (y al fondo mis amiguis Nuria y Tony <3)

Aun así, no quiero que esto os desanime. Solo tened más cuidado que en una carretera normal. Al fin y al cabo, estamos hablando de un área muy remota y salvaje 🙂

Súper consejo que no deberás ignorar si un buen viaje quieres lograr: cómprate y lleva contigo un compresor de aire eléctrico (air compressor) para inflar y desinflar las ruedas en cualquier lugar y momento rápidamente. En serio, lo agradecerás mil cuando pases de una buena carretera a otra de condiciones asquerosillas.

Coste

No te voy a engañar: va a ser caro. Ten en cuenta que Australia Occidental es el estado más caro del país, y los Kimberley es la región más remota y cara de Australia Occidental. Nosotros más o menos gastamos alrededor de $1.80 el litro de gasolina (+- $1.60 en Broome, $2 en Fitzroy Crossing).

Pero si ya tienes tu propio automóvil y no necesitas tours ni alquilar uno (muchos jóvenes con visado Work and Holiday adquieren su propio vehículo), haces una compra apañada en un supermercado de Broome o Kununurra y cocinas tu propia comida, realmente no tendrás más gastos que la gasolina y algún que otro camping para dormir.

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Súper feliz en el Parque Nacional Purnululu

Qué bonito ha sido escribir esta guía y recordar los momentos tan bonitos vividos en los Kimberleys. Espero de veras que algún día tengas la oportunidad de visitarlo y, si lo haces, que este post te haya ayudado/animado a ello.

Porque es, simplemente, único.

Toda la cultura aborigen que cabe en un cuadro

Él no fue el primero en intentarlo. De hecho, se convertiría en costumbre que los aborígenes más talentosos se pasaran por la gasolinera a intentar sacar provecho de su arte. A algunos, la palabra “talentoso” se les quedaba verdaderamente corta. Otros… bueno, lo intentaban. Pero, al final del día, ¿quién soy yo para decidir qué es arte?

El caso es que cuando lo vi, me enamoré. Conecté profundamente con él. Me maravilló, me cautivó, me asombró.

– ¿Cuánto pides?

– ¿50?

– 30 dólares y te los doy ahora mismo.

– Hecho.

Ni siquiera tenía dinero. Sólo sabía que no podía ignorar aquel flechazo. Ya lo describía Michael Corleone en la novela de El Padrino cuando ve a Apolonia por primera vez: “el rayo” me había atravesado. Y a mí por las venas ya sólo me corría electricidad.

Menos mal que el que era mi novio por aquellos tiempos me dio los treinta dólares que me brindarían uno de los objetos más preciados que conservo.

Marta Diarra Lampi

La gasolinera donde trabajaba.

Todo fueron risas cuando volví con mi enorme cuadro a mi puesto de trabajo. “¡pero qué feo!”, me dijo mi compañera belga. “Bueno, lo importante es que te guste a ti, cariño”, me decía mi novio con una sonrisa torcida. Y más risas entre los compis. Pero nada podía afectarme porque yo estaba radiante, sobre todo después de la conversación que tuvimos:

– A mí no me gusta dibujar lo que veo. A mí me gusta dibujar lo que tengo en la cabeza.

– ¿Y qué tienes en la cabeza?

– Estos son mis antepasados, están bailando y tocando el didgeridoo porque están muy felices. ¡Por fin está lloviendo! Esto de aquí son las huellas de mis ancestros, que están ahí para protegerte.

– ¿Y por qué hay una serpiente gigante en el cielo?

(jamás olvidaré la mirada de obviedad, extrañeza y dulzura que me echó, como si fuera una niña pequeña haciendo una pregunta estúpida)

– Porque está lloviendo.

Está claro que sin la interpretación del artista, no habría llegado a comprender qué ocurría dentro del dibujo. Aunque algo sí que sospechaba, ya que la noche anterior hubo una tormenta que ni el apocalipsis. Estábamos en el inicio de la rainy season de los Kimberleys, en medio del desierto de la Australia Occidental.

Marta Diarra Lampi

Algunas tormentas en los Kimberleys eran brutales.

Yo creí que lo que el dibujo representaba era un grupo de personas que se estaban defendiendo con armas de una serpiente que les atacaba. Fíjate, nada que ver. Aun así, el dibujo tenía algo que me atraía, y me terminó de encandilar cuando comprendí del todo de qué iba la cosa.

Pasaron los meses (en total, estuve seis viviendo en aquella comunidad aborigen), y siempre que veía el cuadro en mi habitación sentía cierto orgullo mezclado con un profundo cariño. Eso sí, mis amigos seguían preguntándose qué era lo que veía yo en ese cuadro tan “feo”. Cuando volví a España de vacaciones, lo guardé a muy buen recaudo, para que esperase a salvo mi regreso definitivo.

Lo que yo no sabía era que ese dibujo escondía todavía más secretos. Secretos que descubrí en mi visita al Parque Nacional Kakadu. Allí, me encontré cara a cara con una de las mayores galerías de arte rupestre aborigen australiano del mundo. Son pinturas maravillosas que no sólo han retratado el paso de los años, los siglos, las eras y la historia general, no; es que son pinturas que divulgan conocimientos, pues los aborígenes no registraban sus vivencias a través de la escritura, sino que enseñaban por la palabra y las pinturas. Son historia aborigen pura y dura, desde cómo cocinar un pescado hasta de cómo eran los barcos que llegaban de Europa.

Una de las metodologías con las que los aborígenes enseñan a los jóvenes los códigos de conducta es a través de la misma práctica que han ejercido tantas y tantas otras culturas en el mundo, desde la griega a la egipcia, a la japonesa, a la budista o la maorí: a través de la mitología. Y la mitología aborigen australiana es igual de fascinante y bonita como cualquier otra.

Marta Diarra Lampi

Pintura de la Serpiente Arcoíris en el P.N. Kakadu.

Por ejemplo, una de las figuras más importantes de su mitología es la Serpiente Arcoíris, diosa creadora de la vida –y el universo- a través de su relación con el agua. Cuenta la leyenda que esta inmensa serpiente salió de la tierra (¿recordáis el cráter Wolfe Creek?) levantando a su alrededor enormes cimas, montañas y desfiladeros a medida que avanzaba hacia arriba. Una vez fuera, mientras la serpiente se deslizaba por la Tierra, fue creando a su paso pozos, barrancos, canales, cauces… pues ella es quien controla el recurso más preciado de la existencia: el agua. Sin ella, no hay vida.

Se dice que habita en profundos pozos de agua y que, al igual que puede dar vida, si se enfada, puede enviar grandes tormentas que arrasan con todo. O, si está de buenas, permite que los pozos estén perennemente llenos de agua aun siendo plena temporada seca en el desierto. Cuando se ve el arcoíris en el cielo, se rumorea que es la Serpiente Arcoíris pasando de un pozo de agua a otro.

Marta Diarra Lampi

Agua en los Kimberleys tras un día de lluvia.

Serpiente… diosa creadora… lluvias… ¡mi cuadro es una representación de la Serpiente Arcoíris trayendo agua al mundo! En ese instante comprendí por qué el artista me miró de esa forma tan obvia cuando pregunté por qué había una serpiente en el cielo. “Porque está lloviendo”.

“A mí no me gusta dibujar lo que veo. A mí me gusta dibujar lo que tengo en la cabeza”. Claro, ese señor no sólo dibujó un hecho de su cabeza, ese señor plasmó una parte de historia, de su historia, en un trozo de tela, y la compartió conmigo. Compartió sus enseñanzas, su leyenda, su tradición conmigo de la misma forma que los aborígenes llevan haciéndolo desde hace más de cuarenta mil años: a través de la palabra, la pintura y la mitología. ¡Y yo sin darme cuenta!

Más tarde, descubriría en un museo sobre el body painting aborigen. Los cuatro individuos –probablemente hombres- del dibujo tienen los cuerpos pintados. Descubrí que los aborígenes cuando hacen un ritual que implica danza, siempre se pintan sus cuerpos. Cada tribu se dibuja de una forma diferente según su tótem, y así es como saben quién pertenece a su grupo: si se pintan como tú, es de tu familia. Los que se pintan, son los que bailan. A veces, hasta las huellas de los pies quedan estampados en el suelo por la pintura… como en el cuadro.

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Aún con toda la información que la suerte me fue entregando, esto no fue todo. Un día navegando por Facebook se me apareció un artículo que decía que un señor en Florida encontró en el bosque una rara serpiente… una serpiente arcoíris que no se había visto por esa área en más de 50 años. Pero lo curioso fue la fotografía que acompañó el artículo. Mirad vosotros mismos los parentescos con la serpiente de mi dibujo. Además, el artículo añade información del tipo <<“Las serpientes arcoíris son muy acuáticas y pasan la mayor parte de su vida ocultas entre la vegetación acuática; rara vez las ven, incluso los herpetólogos, debido a sus hábitos crípticos”>>. Yo no sé si la serpiente que vio aquel hombre es como la de la foto, ni siquiera sé si esa serpiente existe o si así es la que inspiró a los aborígenes. Yo de eso no tengo ni idea. Lo que sí es evidente es la casualidad y el parentesco reptil.

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Fotografía del artículo.

Sin duda alguna, aquel día de marzo, tenía en mis manos la representación de la diosa creadora de la Tierra aborigen en pleno trabajo de brindar agua al planeta. Antes de descubrir todos estos datos tan maravillosos sobre la cultura aborigen australiana, ya guardaba mucho cariño de mi encuentro con aquel artista. Y cuanto más tiempo pasa, más crece mi afecto por él y su obra.

Gracias FRANKI.

Marta Diarra Lampi

Cráter Wolfe Creek, el ojo del desierto australiano

Uno de los lugares más alucinantes en el que jamás he estado y nunca pensé estar es, sin duda alguna, en Wolfe Creek. Y eso que, audiovisualmente, no invita mucho a ello…

Pero no voy a adelantar acontecimientos.

Hoy os voy a llevar a un lugar muuuuy especial de Australia que poca gente conoce y menos gente aun visita. Con todos ustedes… ¡el Cráter de Wolfe Creek!

Marta Diarra Lampi

Un poquito de historia

Fijaos lo grande y aislada que es Australia que no fue hasta 1947 que se “descubrió” el segundo cráter de meteorito más grande de nuestro planeta Tierra. Conocido como el cráter Wolfe Creek, este imponente boquete se encuentra a unos 145 kilómetros de Halls Creek en la región de Kimberley, en Australia Occidental.  Encima, fue descubierta completamente por casualidad por los geólogos Frank Reeves y NB Sauve, junto con el piloto Dudley Hart, quienes estaban simplemente haciendo un vuelo de reconocimiento de la zona.

Pero claro, si entrecomillo la palabra “descubrir” es por algo, pues los aborígenes ya sabían de él desde miles y miles de años antes…

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Fijáos si está aislado que no hay NADA a su alrededor…

Lo que dicen los científicos

Con un diámetro de 850-950 metros (¡ofú!) y encontrándose su cima a 35 metros sobre la llanura de su contorno, los geólogos estiman que el boquetoncio se formó hará unos 300.000 años cuando un meteorito de hierro que pesaba más de 50.000 TONELADAS le dio un buen porrazo a nuestro planetita, a unos quince kilómetros por segundo. Si esa velocidad no te sorprende, quizás lo haga cuando te diga que 15km/sg es igual que cruzarse toda Australia en menos de cinco minutos. Y yo tardé cuatro meses… 😜

¿Y dónde está el meteorito si tan grande era? Bueno, cuando impactó en la Tierra se formó tal explosión que su energía vaporizó al pedrusco… Sorry. PERO algunos fragmentos del mismo se encontraron dispersos hasta a cuatro kilómetros de distancia y (¡sorpresa, sorpresa!) en el Observatorio Astronómico de Perth puedes toparte con dos trocitos del ex-gigante meteorito de hierro 😃

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De mi visita al Observatorio de Perth

Lo que dicen los aborígenes

Como mencioné anteriormente, durante miles de años los aborígenes de las tribus Jaru y Walmajarri se reunían en el cráter, al que llamaban Gandilamal, a contar historias sobre la creación y a hacer vida. Una historia mitológica muy bonita cuenta que el cráter es el agujero por el que la Serpiente Arcoíris, la diosa creadora de vida, salió de la tierra para traer vida al Universo. Si no sabes quién es la Serpiente Arcoíris (¡muy mal!), échale un ojo a este post en el que cuento bastante sobre ella.

Sin embargo hay otro grupo aborigen de la zona, los Kandimalal, cuyos miembros más ancianos cantaban y contaban historias sobre una gran estrella que cayó sobre la Tierra… dando a entender que mucho, muchísimo antes de que los propios científicos encontraran el cráter, ellos ya habían deducido cómo se creó semejante agujero terráqueo.

Marta Diarra Lampi

¿No parece como un ojo?

Lo que dice el cine

Bueno, BUENO. Si tenéis pensado visitar el cráter algún día, no hagáis como yo y veáis la película ANTES de ir. Aun sabiendo que es sólo un film, eso de “basado en hechos reales” como que no inspira mucha confianza y uno se deja arrastrar por la paranoia colectiva…

Y es que en 2005 se estrenó una película de terror (bastante malilla, todo sea dicho) en el que tres mochileros deciden visitar y pasar la noche en Wolfe Creek, pero son secuestrados por un terrible, terrible torturador asesino.

Bueno, pero todo esto, ¿fue o no fue real?

Sí y no. El creador, Greg McLean, se inspiró en crímenes que sí que ocurrieron en Sídney en la época de los noventa, conocidos como los Backpacker murders, cometidos por Ivan Milat, uno de los serial killers más conocidos del país.

Lo curioso de todo esto es que la película ¡ni siquiera fue rodada en el cráter Wolfe Creek! El film se ambientó en el cráter, sí, pero se filmó en el estado de South Australia. O sea, ¡ni siquiera estuvieron allí! Si os interesa ver la película, en Internet podéis encontrarla fácilmente. Y si os gusta, estáis de suerte: en 2013 estrenaron la segunda parte 😋

A pesar de toda la ficción, todavía hay mucha gente que cree que el film es un documental fidedigno, y cuando comentas tus intenciones de ir o de haber ido, siempre hay alguien que suelta “¡pero bueno, ten mucho cuidado eh! Que ese sitio es peligrosísimo, ronda por ahí un asesino de backpackers…”

 

Bueno, pero que yo quiero visitarlo igual, ¿cómo lo hago?

El acceso al Parque Nacional Cráter Wolfe Creek se sitúa aproximadamente a 152 kilómetros por carretera al sur del pueblo Halls Creek, a través de la Carretera Tanami. Si vas, ármate de paciencia, porque es una carretera sin asfaltar que puede llegar a estar en muuuy malas condiciones. Más o menos tardarás en llegar al cráter en unas 2-3 horas de conducción.

Recomiendo encarecidamente que, antes de ir, repostes gasolina en Halls Creek, compres mucha agua y vayas (o llames por teléfono con anterioridad) a su Centro de Información Turística y preguntes por el estado de la carretera, ellos sabrán si es buen momento o no para ir. Afortunadamente cuando fui, justo acababan de “alisar” la carretera, por lo que conducir por ella no fue ningún problema. Aun así, se recomienda encarecidamente usar coche 4×4.

Puedes subir a pie a la parte más alta del cráter por un caminito corto de unos 200 metros. Lo subes en nada. Eso sí, no te metas dentro del cráter, que es peligroso. ¡Respétalo!

Como la carretera es larga (hasta un total de 6h de coche si regresas el mismo día), te invito a que pases la noche en el pequeño “camping” que hay. Es totalmente gratuito y tiene unos baño básicos. No se permite hacer fuegos, recoge tu basura y no te lleves de allí ninguna planta, animal y/o piedra, please. Como el camping sólo tiene baños, deberás ser 100% autosuficiente… si no te pilla el asesino 😜

Marta Diarra Lampi

Arriba a la izquierda, el camping; abajo a la derecha, el inicio de subida al cráter.

Pero si regresas sano y salvo, recuerda comprar tu pegatina de “yo sobreviví a Wolfe Creek” en el Visitor Centre de Halls Creek 😉 y de paso me compráis otra a mí y me la enviáis, ¡que yo me arrepentí de no hacerlo!

Bueno, espero que os haya gustado este post. A mí la verdad me maravilla este lugar, uno de mis lugares favoritos de mi viaje por Australia. Fue realmente mágico presenciar los resultados de un fenómeno astronómico-geológico tan único. Por eso quería compartir con vosotros un trocito de esa enormidad tan bonita 😊

Marta Diarra Lampi

Buenos viajes a todos ✈

Kakadu National Park: qué hacer en 4 días

Después de seis días de conducción intensa desde Perth, llegamos a Darwin un 6 de octubre para reunirnos con nuestros amigos Pablo y Laura, con quienes convivimos durante cuatro meses en Fitzroy Crossing. Todos, junto a una pareja de holandeses que conocimos, nos aventuramos a visitar el Parque Nacional Kakadu.

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¡Al fin reunidos y listos para la aventura!

Un poquito sobre el parque, pa’ abrir boca

El Parque Nacional Kakadu es un parque enoooooorrrme de 20.000 kilómetros cuadrados y es Patrimonio Mundial por la UNESCO. Los aborígenes, dueños tradicionales de la tierra y una de las sociedades vivientes más antiguas del mundo, han habitado non-stop en Kakadu durante más de ¡65.000 años! La gente Aborigen que habita el parque son conocidos como Bininj (y/o Mungguy, según la lengua).

Este vasto parque alberga arte rupestre, diferentes ecosistemas, variedad de plantas y un montón de animales (un tercio de las especies de aves de TODA Australia se encuentran aquí). Hay varios tours tanto gratuitos como de pago para conocer la cultura y fauna del parque, conviene echarle un ojo a la web o preguntar en el centro de visitantes.

El precio de entrada al parque varía según la época:

  • Época de lluvia (Nov-May): 25 dólares por adulto para 7 días.
  • Época seca (May-Oct): 40 dólares por adulto para 7 días.
  • Gratis para los residentes de Northern Territory: si estás con la WHV trabajando en NT, llévate una carta o algo que demuestre que vives en el estado y entrarás gratis 😉

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Día 1: Cahills Crossing y Ubirr.

Llegamos al parque al medio día, más o menos a una hora de comenzar un tour gratuito guiado por las pinturas rupestres de la zona de Ubirr. Para matar el rato, fuimos a Cahills Crossing, una carretera que cruza un río donde se pueden ver los temibles y gigantes cocodrilos de agua salada. Eso sí, ármate de paciencia. Nosotros vimos tres.

Marta Diarra LampiA las 16:00, fuimos al sitio de reunión con el ranger para comenzar un tour interesantísimo sobre mitología, cultura y pinturas aborígenes. El arte rupestre de Kakadu es uno de los registros históricos más grandes de cualquier grupo de humanos en el mundo, así que imaginad la cantidad de pinturas que hay.

Estas pinturas se encuentran en una sencilla ruta circular de 1km y representan historias de la «época de la Creación» o sobre los cambios que el paisaje ha sufrido durante miles y miles de años. También hay pinturas de animales al tradicional estilo rayos x y dibujos curiosos sobre el primer contacto con los europeos.

Un recorrido rupestre que disfruté muchísimo 😁IMG_9055.jpg

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Un pez, una tortuga, un canguro, un hombre… ¿los ves? 😉

Además, una «escalada» faciloide de 250m te deja a la cima del monte Ubirr, un lugar perfecto donde terminar el día (y el tour) viendo el atardecer con vistas a las llanuras de Nadab, imagen seleccionada para la portada de este post 😀

La verdad que hacer el tour con un ranger que te da tanta información le agrega valor al lugar, así que intentad por todos los medios uniros a un tour, ¡que son gratis!

Pasado el atardecer, nos fuimos a dormir a uno de los campings de bajo presupuesto del parque: 6AUD por persona con baños.

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Los campings más baratos sólo tienen baños, basura y alguna mesa

Día 2: Jim Jim Falls.

Mi mejor recomendación es que intentes comenzar el día nada más salir el sol. Que sí, que madrugar es duro (más todavía si estás de vacaciones), pero créeme, merece el esfuerzo. Básicamente porque el calor que se sufre por esas latitudes es horrible. Los 40º se alcanzan rápidamente.

Así que levántate temprano y aprovecha las primeras horas de luz con «fresquete». No hagas como nosotros, que fuimos hacia las Jim Jim falls como a las 11am y a mí casi me dio un golpe de calor muuu chungo. Ah, recuerda también: llévate 1L de agua por hora y por persona. ¡Importante!

De hecho, nosotros al ir en la época seca, -pero seca, seca- las cascadas estaban… secas (aunque la «piscina» todavía se mantenía). Es más, las Twin Falls estaban cerradas. Así que si no estás seguro de qué visitar, qué está abierto y qué no, lo mejor es que nada más llegar al parque vayas al visitor centre y preguntes, ellos te recomendarán qué se puede ver, porque si por el contrario vas en la época de lluvias, tampoco podrás acceder a algunas zonas por las inundaciones.

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Jim Jim «falls» pool

El acceso para las Jim Jim y las Twin falls es a través de 50km de una carretera sin asfaltar en el que el uso de un vehículo 4×4 es obligatorio. No recomendado, sino O-BLI-GA-TO-RIO para los últimos 5km de la carretera, donde hay que atravesar rocas y agua. Además, sólo puedes ir a 60km/h por lo que tardarás como una hora en llegar al parking de las cascadas. Luego, hay una ruta de 1km (unos 40min. andando) que atraviesa bosque monzónico y termina a los pies de una piscina profundilla.

Allí pasamos el día entero explorando la zona y bañándonos.

Por cierto, mucho ojo con dónde nos bañamos en el Kakadu. Parece tonto decirlo pero quien avisa no es traidor: si hay un cartel de «ojito cocodrilos» por favor, no os lo toméis a la ligera. Bañáos SÓLO en las zonas que estén señalizadas para tal.

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Día 3: Maguk y Gunlom Falls

Este día visitamos una cascada que, literalmente, se quedó con una parte de mí… ya lo entenderéis.

La mañana la invertimos en Maguk, una piscina profunda que nace de una bonita cascada que se derrama por las paredes de su desfiladero, en un ambiente rodeado de vegetación. Para mí, la mejor piscina de todo el parque. El agua, qué limpita y fresquita estaba, ay…

Para llegar a Maguk, de nuevo, hay que conducir por una carretera sólo apta para 4×4 que te deja a una corta caminata de la piscina. Os dejo una foto que he tenido que coger de Google porque… bueno… a uno de mis amigos se le cayó mi GoPro al agua y ahí que se hundió, a más de 30 metros de profundidad, yujuu… 😩

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Fotografía de: Ken Duncan Photography

Tras unas horas, fuimos a visitar las Gunlom Falls, el lugar más popular del parque, ya que en lo alto de las cascadas hay una serie de piscinas rocosas estilo «infinity pool» en las que te puedes bañar. Nosotros no pudimos subir porque estaban cerradas temporalmente por motivos religiosos. Cabe recordar que Kakadu es tierra aborigen, por lo que es posible que en tu visita encuentres algunas restricciones. Por favor, respétalas 🙏

Así que nos tuvimos que conformar con la piscina creada bajo la «cascada». Entrecomillo porque, otra vez, al ser la época seca apenas había un chorrito de agua por cascada. Para llegar a la Gunlom Plunge Pool hay que volver a conducir por una carretera en la que se recomienda 4×4, pero creo que no es del todo necesario. La piscina está a unos 100m del parking.

A mi gusto, la carretera era muy asquerosa, unos tembleques constantes durante por lo menos 40 minutos… si no vas a poder subir a la infinity pool, no se merece el esfuerzo y tiempo de llegar.

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Muy caudaloso, sí.

Día 4: Yellow Water

Hoy nos tocaba despedirnos de nuestros amigos, quienes seguían ruta hacia el centro del país. Nosotros todavía queríamos aprovechar los 40 dólares de entrada al parque para explorarlo un poquitín más, así que nos adentramos en la región de Yellow Water y sus wetlands.

Esta es una zona que me pareció completamente diferente al resto del parque, pues destaca por su abundante vegetación frente a la aridez general. Aquí pasamos varias horas simplemente mirando pájaros y cocodrilos. Incluso avistamos un búfalo a lo lejos. ¡Llévate prismáticos!

También puedes apuntarte a un crucero que se hace por todo el río, en el que te cuentan sobre cultura aborigen y sobre flora y fauna del lugar. Nosotros no lo hicimos por presupuesto (creo que costaba unos 100aud), pero si no fuera porque iba a continuar viajando por varios meses más, sin duda lo habría hecho.

Marta Diarra Lampi

Justo en el medio verás la silueta de un cocodrilo

También aprovechamos el día para visitar el museo del Kakadu, que ofrece muchísima información sobre la historia de la tribu aborigen Bininj. Además, hay una salita de cine donde exponen documentales cortos sobre la fauna del parque (¡y hay aire acondicionado!).

 

Día 5: Nanguluwurr

Como nos encantó el tour gratuito guiado por las pinturas rupestres de Ubirr, decidimos quedarnos una noche más en el parque para apuntarnos al tour guiado de las otras pinturas del parque, las de Nanguluwurr.

Esta es una ruta de 1.7km por una zona muy importante para los aborígenes que acamparon por allí. Las pinturas cubren muchos estilos y temas diferentes, que van desde las impresiones de manos de miles de años de antigüedad, hasta animales en estilo de rayos X (algunos muy modernos, como que de los años ’60).

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Hombre cazando un canguro gigante

Este tour guiado también me encantó. Aunque algunas informaciones se repitieron en ambos tours, las pinturas son muy diferentes. Incluso diría que el de Nanaguluwurr era más interactivo y un puntito más interesante. Pero tampoco podría elegir, ambos me encantaron y los recomendaría por igual. Si puedes, haz los dos.

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A la derecha Namarrkon, el responsable de las tormentas eléctricas

Y estos fueron mis días en el Parque Nacional Kakadu. Aunque en realidad estuve cinco, he contado cuatro días totales ya que el primero llegué por la tarde y el último me fui por la mañana.

Repaso rápido de las principales atracciones del parque:

  • Ubirr al atardecer.
  • Nanguluwurr y sus pinturas.
  • Jim Jim y Twin Falls.
  • Maguk.
  • Gunlom Falls y su infinity pool.
  • Yellow Water.

En nuestros días allí también hicimos un par de caminatas, pues hay varias rutas de senderismo. Pero ninguna me gustó lo suficiente como para recomendarla. Pero si tienes varios días para pasar en el parque y te gustan las rutas, pregunta en el centro de visitantes cuáles son las recomendadas para la época en la que estés.

 

El Parque Nacional Kakadu fue la primera parada de un viaje en coche que nos llevaría a conocer todo el «top end» de Northern Territory y mucho, mucho más allá. Si quieres saber sobre nuestros siguientes destinos australianos estate atento, y si tienes alguna duda déjame un comentario, estaré encantada de ayudar 😊

¡Buenos viajes!

Work and Holiday Australia: ¿la gran mentira?

Lejos queda ya aquella conversación que tuve con un chiquillo durante un trayecto en Blablacar. “Que sí, que hay noséqué cosa que puedes ir a vivir a Australia”. Sería allá por… ¿2015? Lejos queda, sí.

Pero gracias a esa conversación viví 14 meses en Nueva Zelanda, un año en Australia y en cuestión de días comenzaré mi segundo año australiano. Adoro las Work and Holiday Visas (WHV) y las oportunidades, ya no solo a nivel laboral sino a todos los niveles personales, que traen consigo. Mis experiencias han sido todas positivas, con sus más y sus menos, por supuesto, pero positivas al final del día.

Sin embargo, últimamente (bueno, ya desde que comencé a informarme del tema hace años) encuentro muchas publicaciones de gente que la pasa muy mal y tiene muchas complicaciones a la hora de encontrar trabajo, sobre todo en Australia. Hace unos días, más concretamente, me encontré este post, que da título al que estoy escribiendo.

En él, Indira comenta que llegó a Australia con la idea de ahorrar pero que a la hora de la verdad no solo le fue complicado encontrar trabajo, sino que además los sueldos no eran tan altos como esperaba recibir y la vida en comparación era muy cara, por lo que ahorrar y “forrarse” le eran imposible.

Contacté con Indira y le pedí permiso para poner de ejemplo su post y escribir mi experiencia, que ha sido todo lo contrario. Creo que, si su objetivo era ahorrar dinero, podría haber tomado otras decisiones que la hubieran acercado a su fin. Así que ¡al lío! Voy por puntos:

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¿Es tan fácil ganar dinero trabajando en Australia?

En el caso del post, la chica intenta buscar trabajo en dos ciudades: Gold Coast y Sydney. En la primera no encuentra trabajo hasta pasado un mes y con un sueldo menor de lo que se esperaba; en la segunda, directamente califica su experiencia como “pesadilla” (¡y no le falta razón!).

En mi opinión, si lo que de verdad quieres es “forrarte” en Australia, o tu principal objetivo es ahorrar el máximo de dinero posible no matter what, intentar hacerlo en Sydney y Gold Coast es un error del tamaño del propio continente.

Australia es ENORME. Casi tan grande como Europa. Y no entiendo por qué extraña razón la inmensa mayoría de jóvenes con visado de estudiante van a Gold Coast, y un gran número de work and holidayers van a Sydney. ¿Os podéis imaginar cuantísima, pero CUANTÍSIMA competencia tendréis? Haced números:

3.400 visas para españoles + 3.400 cupos para chilenos + 1.500 para argentinos + 200 para uruguayos + 5.000 para chinos + el resto de países sin limitación de cupo + los que hacen un segundo año + las visas de estudiante = UNA MILLONADA DE COMPETENCIA

¿Qué pasa si todas estas personas van siempre a los mismos lugares? Sydney, Melbourne, Gold Coast, Brisbone e incluso Perth. Que se congestiona. Que no dan pa’ más y sólo van a coger o a los mejores de los mejores o, muy a mi pesar, los empresarios se aprovechan de esta situación y comienzan a pagar en negro, o a no pagar lo correspondido o a sacar su negocio adelante a base de “trials”. En esos casos, lo mejor que puedes hacer es huir en cuanto puedas de tu jefe abusador, te mereces más.

Así que mi mejor consejo es que si no tienes el sueño vivir en una big city australiana, ábrete a todo el país. Adelaide, Exmouth, Broome, Darwin, Margaret River, el “red centre” o las islas de alrededor de Australia como las Tiwi o las Whitsundays. ¡Las posibilidades son tan amplias como tú quieras ampliarte! De este modo, no sólo tendrás menos competencia sino también más oferta. Y, además, es posible que conozcas un nuevo rincón del país del que no tenías ni idea.

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Tipos de trabajo para los Work and Holidays

En este caso, la chica del post indica que si vienes con esta visa casi que los únicos trabajos que encontrarás serán o de limpieza o camarero o friegaplatos o granjas, básicamente. En su caso, trabajó de niñera y limpiando.

Yo, según veo y leo, creo que tiene mucha razón. La mayoría de las personas que he conocido han trabajado de eso pero… también es a lo que la mayoría aplicamos, ¿no? Yo por ejemplo he trabajado de cajera en un supermercado y en una gasolinera. Y en un tour para ver focas que hice, una de las chicas de la tripulación tenía visado de Work and Holiday y pensé “jope, nunca se me hubiera ocurrido aplicar para un trabajo así”. Y más de lo mismo encontré en un museo y en un visitor centre. ¿Pilláis por dónde voy?

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¿Te imaginas trabajar junto a esta cosita? 😊

Creo que se ha machacado tanto (sobre todo por parte de las agencias de visado de estudiante) que lo mejor es ir currículum en mano a restaurantes y bares, que se nos olvidan otros muchísimos puestos de trabajo que, a veces, ni sabíamos que existían. Y para encontrarlos lo mejor es volver al punto anterior: estar abierto  a TODO.

Y en este apartado del post de Indira es donde, al darse cuenta de que no estaba alcanzando su propósito de ahorrar, decide dejar Gold Coast (¡bien!) e intentarlo en Sydndey (¡mal!). Allí, según entiendo, la experiencia fue todavía peor.

Conclusión (y consejos 😉): ¿merece la pena?

El post del que me vengo refiriendo todo el rato, finalmente, sí anima a la gente a hacer la WHV porque, al fin y al cabo, ella sólo ha relatado su experiencia y opiniones. Y ahí, de nuevo, estoy más que de acuerdo con ella. Al final esto son experiencias vitales de las que, como mínimo, una enseñanza seguro que te llevas. Y creo que es muy enriquecedor compartir vivencias con otros.

En mi experiencia y como conclusión, el mejor consejo que te puedo dar es cuanto más remoto, mejor. Sí, en Australia «remoto» puede significar sitios cuya población sea de 0 habitantes (como una gasolinera en el medio de la NADA), pero tampoco es necesario aislarse tanto. Ciudades como Kununurra son remotas y habitan unas 4.000 personas. Además, si buscas trabajos remotos por encima del Trópico de Capricornio no sólo ahorrarás, sino que además te valdrá para la extensión de la visa 462.

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¡No hace falta que te vayas a vivir a un sitio así!

Otro consejo (o mini reflexión) es que, como en cualquier otro país, si tienes nada o muy poquita experiencia laboral, tienes un inglés muy bajo o sólo estás dispuesto a trabajar en puestos muy específicos, tendrás más difícil encontrar trabajo. Lo digo porque a veces nos cegamos con el “me dijeron que era fácil y rápido” cuando ni siquiera hablamos mínimamente el idioma. Dime, ¿a qué puesto de trabajo podría optar alguien en España sin saber nada de español?

Aun así, si hay un trabajo que te encantaría probar pero no te sientes del todo segura por tu falta de experiencia, aplica a él, nunca se sabe. A mí tanto en NZ como en Australia me dieron la oportunidad de trabajar en cosas de las que tenía cero experiencia y allí mismo me enseñaron.

Por ejemplo, estuve trabajando casi seis meses de Kitchen Hand en una pequeña comunidad aborigen en el medio de la nada (nunca había hecho nada relacionado con cocina) donde ahorraba -que no cobrar- 900aud a la semana, me daban comida y vivía en una casita que me proporcionaba el propio trabajo. Aquí os dejo un post de Australi-ana muuuy bueno que os cuenta cómo consiguió ella su trabajo remoto ganando 1.200aud a la semana.

Gracias a ese trabajo (que combiné por un tiempo con el de cajera) me fui a Indonesia de vacaciones una semana, a España un mes y medio, me compré un coche y me hice este recorrido por Australia en tres meses:

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Mi roadtrip australiano 😊🚙

Como veis, hay tantas experiencias de WHV como personas existen, y cada una es única y especial. Yo comparto la mía simplemente para echar un cable a quienes a lo mejor deciden vivir su año de visa en una sola ciudad o en un determinado trabajo porque no conocían otras opciones.

Ánimo a todos, Australia os espera ✈

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Mi vida en el desierto australiano

Estoy en el momento más tranquilo de mi vida.

Fíjate que en Nueva Zelanda no paré quieta. Durante los catorce meses no dejé de viajar ni un momento. Y cuando estaba “asentada” salía a explorar en casi todos mis días libres. Y entrecomillo “asentada” porque el máximo de tiempo que estuve viviendo en un mismo lugar fueron tres meses. Es decir, me mudaba de un sitio a otro en menos de 90 días. No podía aguantarme las ganas de viajar.

Y ahora pretendo quedarme seis meses en el mismo lugar.

Porque en Australia esta Work and Holiday la estoy viviendo de un modo totalmente diferente. Ahora mismo llevo dos meses y poco en una comunidad en el medio del desierto. En un «pueblo» de unos mil habitantes, probablemente el 80% de ellos aborígenes. Y como no tengo coche, desde que llegué aquí sólo he salido una vez (a 20min de distancia). ¿Os imagináis no salir durante meses de, por ejemplo, vuestro barrio? Yo sí, porque no tengo ninguna necesidad de salir. A pesar de que aquí no hay grandes entretenimientos. Es más, por poder, no te puedes ni tomar una cerverza porque el alcohol está baneado (tampoco me importa, no me gusta la cerverza) ((siii odiadme birra-lovers!!!)).

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Las calles de Fitzroy Crossing

En cuanto al trabajo, lo hago seis días a la semana en la cocina de una gasolinera que, aunque es verdad que a veces es estresante, no es muy duro. Y cuatro días a la semana trabajo en un supermercado. Los días que combino ambos, hago 12h de trabajo al día.

Los momentos que más disfruto es cuando me despierto temprano y me voy a mi terraza –porque mi habitación tiene terraza propia– a escribir, a leer, a ver alguna serie o película o documental. Ese, es mi momento favorito del día.

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Porque aquí siempre hay luz. Vivir en el desierto significa que siempre hace calor. Nunca baja de 35º y casi siempre veo el termómetro alrededor de los 40º. Nunca está nublado y rara vez llueve por el día. Y eso que estamos en rainy season, por eso hay tormentas eléctricas casi todas las noches. Algunas de ellas son verdaderamente fabulosas.

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Porque aquí no hay edificios, ni ruido, ni contaminación. Aquí sólo escuchas a los pájaros piar o a los sapos croar. Ah, y las águilas. Decenas de águilas que surcan los cielos. Siempre que las escucho (¿cantar? ¿piar? ¿aguilear?) me da la sensación de estar metida en una película del lejano oeste. Bueno, es que estoy viviendo en la costa oeste australiana.

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Águilas en el tendido eléctrico

Lo bonito de vivir en un lugar sin edificios es que tienes el horizonte casi a ras del suelo o el cielo, libre. Lo que significa que cuando hay un atardecer bonito, lo inunda todo y lo ves completo.

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Estos son las casas más altas, de dos pisos.

Además, tengo dos mascotas adoptivas. Una es un gatete que viene a visitarnos a la gasolinera en días aleatorios y es un amor. Pero el otro es una rana verde verde que sospecho vive en una tubería, porque a veces la escucho croar y el sonido que se crea, engrandecido por el tubo, es espectacular.

https://www.instagram.com/p/BvOx9Ergt0W/

Lo que me gusta de la rana es que siempre la encuentro, más o menos, a la misma hora en el mismo lugar: la hora en la que terminamos de trabajar cerca de la puerta de salida. Siempre que la veo, le saco una foto. A veces me gusta pensar que se pone ahí por lo mismo que le saco fotos: quizás le parezca curioso que el mismo grupo de humanos pase a la vez por el mismo sitio a la misma hora todos los días.

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Así que mi rutina es levantarme, trabajar a veces 12 horas o tener unas horillas libres para mí e ir a la gasolinera; volver a casa, hablar con mis compañeros de piso, ver un capítulo de «The Big Bang Theory» y a dormir. Los días libre quizás escribo, quizás leo, quizás voy a la piscina… según.

Tengo la vida más tranquila y aburrida del mundo, y no la cambiaría ahora mismo. Quizás menos horas de trabajo sí, pero estoy feliz aquí donde estoy. Como diría un amigo gallego: «felizmente cansada».

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Tenemos piscina pública gratuita

Esto me demuestra que somos cambio constante, que mutamos. Que la Marta de hace un año no es la misma de ahora. Hace un año esto se me habría hecho insufrible, mientras que ahora es placentero. Por eso es importante conocerse bien a uno mismo, para poder estar en el momento adecuado en el sitio adecuado haciendo aquello que se adecúe mejor para hacernos feliz.

Y yo por suerte me conozco muy bien.

 

P.D: durante el mes de marzo realicé un proyectillo fotográfico en el que saqué una fotografía al día de, básicamente, mí trabajando. Pincha aquí si quieres echarle un vistazo 😊

Mi plan viajero-vital 2.0

¿Sabéis de esas veces que estáis viendo una cosa determinada que te lleva a otra, y a  otra, y a otra hasta el punto de que acabas haciendo algo que no tenía nada que ver con la actividad inicial?

Pues así es como he acabado releyendo y reflexionando sobre el primer post de este blog.

Todo empezó con la publicación en mi Facebook personal de un proyecto fotográfico que realicé durante el mes de marzo (si quieres verlo, pincha aquí). El caso es que me puse a revisar todo el proyecto y como me pareció corto, decidí revisionar de principio a fin otro proyecto fotográfico del año pasado, en el que hice una fotografía al día (aquí). El caso es que en una fotografía de julio hay un enlace a un post mío, que es el que escribí como despedida a Ohakune, el pueblo donde viví por tres meses en el medio de la isla norte de Nueva Zelanda.

Y claro, entré y ese post me redirigió a otro, y a otro, y a otro… hasta llegar al primero que publiqué en el blog. Y ahí me detuve. Porque me di cuenta de una cosa: ese es un post potente. Potentísimo. Y han tenido que pasar como dos años para darme cuenta de ello.

Ese post es muy potente porque tiene decisión. En aquel entonces, en diciembre de 2016, Miguel y yo vivíamos en Málaga y no teníamos ni un duro. Literal. En diciembre de 2016 no sólo no sabía si llegaría a tener el dinero suficiente ni para comprarme un billete de avión, es que ni siquiera sabía si conseguiría la visa de Nueva Zelanda. Sin visa, se desmorona el plan, no hay nada que hacer.

Ese primer post es potente porque sentencio firmemente que

«yo quiero dar la vuelta al mundo. Vivir viajando.

Y mi primer destino será Nueva Zelanda.»

¿Cómo podía yo afirmar tan rotundamente algo tan grande? Sin visa, sin dinero y hasta sin los estudios acabados. ¿Qué pasa si suspendía alguna asignatura que tuviera que repetir?

Ese primer post es toda una declaración de intenciones tanto hacia mí como hacia el mundo entero. Estaba gritando que sabía lo que quería y que estaba decidida a conseguirlo. Ni siquiera existía un Plan B, no había nada de «bueno, si no lo consigo puedo hacer X». No, no lo había porque no concebía no alcanzar mis metas.

 

Por eso hoy tengo ganas de escribir otra vez, porque me siento orgullosa. De mí y de todo lo que he conseguido. Por cómo soy, por soñar fuerte y por trabajar aun más fuerte para cumplir mis locas onirias.

Y por eso hoy también quiero repasar aquel post que escribí un 26 de febrero de 2017 en el que ponía en palabras el plan de vida de viaje que me gustaría tener, para ver y analizar qué cosas he alcanzado y qué no. Así que allá voy.

 

En febrero de 2017 escribía que quería…

1º: Salir de España a Nueva Zelanda con una Working Holiday Visa. Estar allí de 12 a 15 meses. Solicitar una WHV para Australia.

¡Conseguido! El 16 de octubre de 2017 me monté en cuatro aviones y 56h después aterricé en Aotearoa, el país de la gran nube blanca, donde viví unos maravillosos 14 meses. Ese año, además, conseguí la visa para Australia 😃

2º: Con el dinero ahorrado en Nueva Zelanda, hacer un viaje por el sudeste asiático de seis meses aproximadamente. Según el ritmo que llevemos -probablemente lento- nos dará tiempo a visitar más o menos países. Pero la ruta “ideal” sería Indonesia, Filipinas, Vietnam y Tailandia, ya que no daría tiempo a más. Y desde Tailandia, volar a Australia.

JAJAJAJAJA no te lo crees ni tú, maja. Con lo que yo no había contado en este plan viajero-vital es con los costos de la visa australiana. Entre los papeleos, el costo de ir mil veces a la embajada de Wellington, el costo de la visa en sí, el costo del examen de inglés, el costo de los biométricos y el costo de la gasolina para ir a todos estos sitios, los seis meses por el sudeste asiático se redujeron a uno.

Bueno, al menos un punto sí que lo cumplí: volé desde Tailandia a Australia.

3º: Pasar un año (o dos) en Australia. Al terminar la visa, con el dinero ahorrado ir en barco a Argentina.

Bueno, ahora mismo sólo llevo tres meses en Australia, así que no sé si se cumplirá este tercer punto o no. Por lo pronto, lo dudo mucho porque es algo que ya no quiero.

Uno de mis mayores sueños es recorrer Sudamérica y Centroamérica, pero con lo que tampoco contaba en aquellos días es que una visita a las Islas Cook y vivir en Nueva Zelanda me harían enamorarme de la cultura Polinesia, por lo que ahora mi sueño sudamericano combate con el de viajar por las Islas del Pacífico Sur.

Lo que sí que planeo ahora es quedarme en Australia dos años y muy probablemente un tercero (ahora que la visa lo permite) para poder unir mi sueño Pacífico con el Sudamericano en un mismo viaje: viajar por las islas del Pacífico Sur y entrar en Sudamérica a través de la Isla de Pascua y ya allí recorrer el continente.

4º: ¡Por fin en Sudamérica, mi mayor sueño! ❤ Una vez en Argentina, lo ideal sería probar suerte por si pudiéramos llegar a la Antártida, que queda “cerquita” 😜Y ya de ahí hacer un recorrido por toda Sudamérica (Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay, Bolivia, Brasil, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela, las Guayanas y Suriman), hasta llegar a Centroamérica y México. De ahí solicitar de nuevo una WHV a…

Sigue siendo mi sueño, pero va a tener que esperar un poquito más.

5º: …Canadá, y pasar allí un año para recuperar algo de dinero y volver a Europa (pasando por Groenlandia).

Uf, no sé yo. Como la WHV de Canadá es hasta los 35 años, ahora me planteo «aplazarla» un poco más para hacer antes otras cosas, como la WHV de Japón, por ejemplo.

6º: El primer destino europeo sería España para visitar (tras un lapso de… ¿cinco o seis años? 😱) a la familia y amigos. Y después partir por una ruta a través de Europa hasta llegar a Finlandia, donde me gustaría pasar un año.

JAJAJAJAJAJAAAAA X10000, que te creías tú que aguantarías cinco o seis años sin ver a tu familia y amigos, ya, claro. Por lo pronto ya tengo un billete comprado para agosto de 2019 para pasar un mes y medio en España. O sea, que sólo has aguantado dos añitos, guapi.

De todos modos ha sido bonito descubrir que soy mucho más apegada de lo que pensaba. Al final va a resultar que tengo sentimientos 😜

La ruta de Europa me encantaría, la verdad. Y también me gustaría vivir en Finlandia (es más, hay un Máster de dos años en Helsinki que me encantaría estudiar). Pero nope, todavía no.

7º: Al término del año finés, lo ideal sería cruzar Rusia con el Transmongoliano, hasta llegar a Mongolia o China. De ahí pasar a Japón, Corea del Sur, Laos, Myanmar, Nepal y estar una larga temporada en la India. No tengo muy claro qué haré con los países de alrededor, ya que no sé cómo será su situación política para aquellos años, pero me gustaría llegar a…

Me sigue pareciendo un plan de putísima madre que me encantaría realizar algún día.

8º: …Turquía, y de ahí dar un salto al continente africano.

Sí y no. Últimamente tengo TANTAS ganas de conocer más África que creo que va a ser de los primeros viajes que haré, no el último. Tengo más interés en viajar primero por África que por Asia, si soy sincera.

La verdad es que no voy en mal camino. Más o menos he cumplido mis previsiones a dos años vista, con sus más y sus menos. Y me encanta ver que mis gustos y sueños han cambiado, que yo he mutado, conocido y crecido más. Aunque ahora me encuentro mucho más confusa para con mi plan de vida viajero.

Ahora mismo, a 3 de abril de 2019, estoy trabajando en Fitzroy Crossing. Aquí me quedaré hasta finales de julio. En agosto iré a España y a mitad de septiembre volveré a Australia. De ahí en adelante, no tengo planes.

A veces me apetece coger e iniciar en 2020 una vuelta al mundo. A veces me apetece comprarme un coche y recorrer Australia sin prisa. Y a veces hasta me apetece ir a Barcelona a estudiar el máster de documental creativo que tanto me interesa.

No sé.

No sé qué pasará ni qué haré. Lo único que sé con una certeza feroz es que, en el momento que sepa lo que quiero, lo tendré.

Es una autopromesa.

 

P.D: sigo amando la canción de la postdata del viejo plan viajero-vital ❤