Guía de los Kimberley, el roadtrip más salvaje de Australia

Cuando cierro los ojos y pienso en los Kimberleys, se me vienen a la mente el color naranja intenso, los gordísimos baobabs, la soledad, polvo, calor, cocodrilos, murciélagos, cuevas, ríos, playas infinitas… Y es que, sin duda, es de mis roadtrips favoritos de Australia Occidental (junto con la costa del arrecife de coral de Ningaloo); el más salvaje e inexplorado, cuyas vastas llanuras y gargantas dramáticas están intactas por el turista común, y con una fuerte presencia aborigen. Aislada de toda gran ciudad australiana y llena de sorpresas naturales, estáis a punto de descubrir una de las partes más auténticas del país.

Damas y caballeros, bienvenidos a los Kimberleys.

Un poquito de info previa

La meseta de Kimberley cubre la esquina noroeste del continente australiano y tiene un tamaño de 423,517 kilómetros. Aunque pueda parecer pequeña en el mapa, es más grande que el 75% de todos los países del mundo, FLÍPALO. Eso sí, la gente es poquísima (39mil habitantes, 11 personas por km2) y además están muy aisladas entre sí, así que la sensación de ser el único coche en la carretera es una constante. En sus ocho parques nacionales, sentirás que eres la única personal del mundo.

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Solo hay una carretera que la atraviesa, la Gran Carretera del Norte (Great Northern Highway) que conecta Broome con Kununurra, es decir, une la costa oeste con la frontera entre el estado de Australia Occidental y el Territorio del Norte. Una de estas dos ciudades marcará el inicio o el fin de tu viaje. En mi caso comencé en Kununurra, pues venía de Darwin.

Pero Kimberley esconde otro secretito que se escapa a la carretera principal, y esa es la famosa Gibb River Road, 660km de carretera sin asfaltar sólo apta para los más aventureros que corre paralela a la Gran Carretera del Norte pero atravesando paisajes coloridos, cordilleras, gargantas de vegetación exuberante, tentadoras piscinas y cascadas naturales, ríos… De la Gibb River Road poco más puedo contar porque no la hice (¡pero está en mi bucket list!), aunque os puedo adelantar que sólo –y recalco SÓLO– se puede hacer con un buen coche 4×4. Si no, olvidadlo.

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Subrayado en rojo las atracciones que visité de la Great Northern Highway. En línea discontinua, la Gibb River Road.

La Ruta: de Kununurra a Broome

Como yo la comencé en Kununurra, por ahí es por donde voy a empezar a escribir. Entre paréntesis, te recomiendo lo días a invertir. Pero como os comenté, Kimberley se puede empezar a recorrer por Broome. Si es tu caso, lee los siguientes puntos del final al principio:

Kununurra (1 o 2 días)

Esta es la “ciudad” más “grande” que encontrarás hasta llegar a Broome. Es un lugarcito aborigen encantador, tranquilito y bonito. Perfecto para hacer un picnic en su parquecito junto al lago, y terminar el día viendo el atardecer en el mirador con vistas a la city. Pero, honestamente, por sí misma no tiene muchas atracciones de interés. Pero es perfecto para hacerte con todas las provisiones necesarias para tu aventura por el desierto australiano.

Cerca, a unos 70km, está el enorme lago artificial Lake Argyle.

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Lake Argyle

El Questro Wilderness Park  (1 o 2 días)

En realidad, El Questro es una estación de ganado que, además, se dedica al turismo con alojamientos así lujosillos. Pero como yo soy backpacker a mí esa parte como que no me interesa (notengodinerovalejum)… pero a sus alrededores tiene alguna que otra atracción chula:

  • Emma Gorge Trail: ruta de unos 40min ida por un sendero rocoso que termina en una bella piscina natural. Lamentablemente, fui al final de la época seca, por lo que ya no había cascada.
  • Zebedee Springs: un oasis natural de aguas termales durante todo el año, rodeado de palmeras y vegetación. Bonito, bonito y a cinco minutos andando.

En mi caso particular no pude hacer más rutas de senderismo por el clima (era de calor extremo) y porque, por la época, algunos lugares estaban directamente cerrados. Pero es un lugar precioso en el que, si se tiene la oportunidad, merece mucho pasar un par de días.

Recuerda informarte bien sobre temporada y horarios, ya que por el clima éstos pueden cambiar.

Marta Diarra Lampi

Emma Gorge

Bungle Bungle/Purnululu National Park (2 días)

Uno de mis parques nacionales favoritísimos de Australia. ¡Qué pasada de lugar! ¡Qué colores, qué dunas! Visitable tanto por aire como por tierra, si no os queréis perder este Patrimonio de la Humanidad, visitad este detallado post que os he preparado.

Marta Diarra Lampi

Bungle Bungle

Halls Creek (unas horas)

Una pequeñísima comunidad aborigen que es buen punto para comprar comida y gasolina (sobre todo si vas a visitar el cráter de Wolfe Creek o los Bungle Bungle). Eso sí, lamentablemente recomiendo no pasar la noche allí, ya que la tasa delictiva de esta zona no es precisamente baja…

Me siento fatal al escribirlo pero sé de lo que hablo tras haber vivido por seis meses en la segunda comunidad aborigen más problemática del país (oí que Halls Creek supuestamente es la primera).

Wolfe Creek (medio día, o 1 día si pernoctas)

Una parada obligatoria para los más frikis de la geología y uno de los lugares más especiales en los que he estado. Wolfe Creek es el segundo cráter más graaaaande del planeta y se encuentra en el medio de los Kimberleys. Además, puedes dormir allí gratuitamente.

Para saber todito todo, desde su historia hasta cómo visitarlo, no os perdáis este detallado post que escribí al respecto.

Marta Diarra Lampi

Cráter Wolfe Creek

Fitzroy Crossing (1 día)

Bueno, la comunidad que fue mi hogar durante seis meses y a la cual, a pesar de todo, tengo mucho cariño. Como ocurre con Kununurra o Halls Creek, el atractivo no lo tiene el lugar per se, sino sus alrededores, así que Fitzroy Crossing es un buen lugar para hacer compras y repostar.

De nuevo, no recomendaría pasar la noche allí (ni dejar mucho tiempo el coche sin vigilancia). No quiero decir que sí o sí os vaya a pasar algo y que tengáis que estar constantemente en tensión, pero he visto y conocido el número suficiente de casos como para sentirme en la obligación de, como poco, ponerlo por escrito.

Dato curioso: cuando está a tope de caudal, el río Fitzroy es uno de los más grandes del mundo con un caudal de 30.000 metros cúbicos por segundo.

Marta Diarra Lampi

Pequeño baobab en Fitzroy Crossing

Geike Gorge (tu día en Fitzroy Crossing)

A ver, no estamos ante el mejor parque nacional del mundo mundial, peeero una visita sí que le hacía, pues este sorprendente desfiladero se caracteriza por sus enormes acantilados multicolores y por su vida salvaje. Al atardecer, es fácil encontrarse wallabíes, diferentes aves, murciélagos e, incluso, algún que otro cocodrilo. Hay varios senderos para caminar (pero siempre que he ido ha hecho tantísimo calor que pa’ qué intentarlo). Eso sí, si tenéis oportunidad, me apuntaba fijo a un crucero guiado en bote, que ofrece una visión única del desfiladero y su fauna. Creo que cuesta unos 50aud. Preguntad en el Visitor Centre de Fitzroy Crossing sobre los tours disponibles y los horarios de apertura, que varían según la época.

Por cierto, Geike Gorge es el parque más accesible de todo Kimberley, puedes llegar hasta con el coche más cutre. Ah, y es un área de uso diario, no se puede acampar, pero tiene mesitas de picnic y baños.

Marta Diarra Lampi

Reflejo al atardecer en Geike Gorge

Windjana Gorge (medio día)

Este parque nacional te lleva a través de un desfiladero de piedra caliza donde, si tienes buen ojo, podrás encontrar fósiles de vida marina fosilizados (valga la redundancia) en las paredes del acantilado. Allí también se puede disfrutar de la variedad de flora y fauna nativas. Y si deseas ver –como yo- cocodrilos de agua dulce mientras estás en el Wild Kimberley, posiblemente este sea el mejor lugar para avistarlos.

Para más información, he preparado este post.

Marta Diarra Lampi

Windjana Gorge

Tunnel Creek (medio día)

Vaya sorpresón me llevé aquí, ¡pero de los grandes! Y de dientes afilados… 😉

Tunnel Creek es un precioso sistema de cuevas donde conviven estalactitas, estalagmitas, murciélagos y… ¡cocodrilos! Prefiero no decir más porque ya lo cuento todo en este post.

Por cierto, Windjana Gorge y Tunnel Creek están tan cerquitas que son perfectas para visitarlas el mismo día.

Marta Diarra Lampi

Cocodrilo a la entrada de la cueva de Tunnel Creek

Broome (2 días, pero dependerá de ti)

Pueblito costero y final/inicio de tu aventura por la salvaje Kimberley. Hace años, Broome fue un lugar muy importantes por su comercio de perlas, cosa de la que están orgullosos aún a día de hoy. Su playa más famosa, Cable Beach, es el lugar perfecto para reencontrarte con el mar si, como yo, vienes de Kununurra. Aunque soy fan absoluta de los pequeños pueblos playeros, a mi parecer Broome está un poquito sobrevalorada, así que será mejor que le preguntes al Visitor Centre qué ver y hacer allí en específico, porque yo me contentaba con pasear y comer en los diferentes restaurantes.

Eso sí, uno de mis lugares FAV es Gantheaume Point, donde –ATENTOS SEÑORES- puedes encontrar… ¡huellas de dinosaurio! Por lo visto los dinos habitaron esta zona hace unos 115-120 millones de años, y algunos de sus pasos quedaron fosilizados hasta el día de hoy, esperando a que los visites. Pero para ello, tendrás que ir en marea baja y tener muy buen ojo. Para los freaks de los dinosaurios como yo, es un lugar im-per-di-ble 🦖🦕

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¡Lo encontramos! 😁

Dampier Peninsula, Cape Leveque (2 o 3 días)

Bueno, amor-odio a esta zona. Dampier Peninsula se sitúa aproximadamente a unos 200 kilómetros al norte de Broome, y sólo puedes acceder a ella con coche 4×4 o SUV. La verdad que el lugar es precioso y alberga la que para mí es una de las mejores playas que he visitado en Australia. Por no hablar de la vida marina, pues haciendo snorkel encontré dos mantarrayas gigantes. Y cuando digo “gigantes” me refiero a que probablemente eran de mi tamaño, o sea, una flipada.

Peeeero la contra es que el acceso es tan largo y tan complicado, que te roba toda energía. Fuimos tres amigos y yo y, aunque estábamos animados, a veces estas carreteras de arena sin asfaltar se hacían eternas… Además que pasó una cosa rarísima: fuimos al Visitor Centre de Broome para informarnos bien sobre los alojamientos disponibles en Dampier Peninsula, nos dijeron que todos estaban abiertos y, al llegar, ¡con suerte encontramos uno! Estaban todos cerrados, supuestamente por la época 😕

No puedo comprender cómo Broome no podía estar al tanto de eso… casi nos quedamos sin sitio donde pasar la noche. Tuvimos una suerte increíble 😉

Bueno, si te decides a venir, los lugares que te recomiendo visitar son:

  • Middle lagoon.
  • Lombadina (tendrás que conducir por la playa, pero lo merece).
  • Cape Leveque (aquí fue donde vi las mantarrayas gigantes).
Marta Diarra Lampi

La casita con vistas al mar que un lugareño nos dejó para dormir

Información general

La mejor época para visitar Kimberley

Los Kimberley tiene dos épocas: la seca (de abril a octubre) y la de lluvias (de noviembre a marzo), y la diferencia entre estas dos estaciones es extrema. Seré clara: prohibido visitarla en época de lluvias. Fin.

En la época seca la temperatura es agradable y será raro pillar un día nublado, pero la de lluvias… la temperatura alcanza fácilmente los 40º (en noviembre los 50º en algunas zonas) ya a buena hora de la mañana y, lo que es peor, las lluvias son torrenciales, con fuertes y espectaculares relámpagos. Es un espectáculo increíble de ver, la verdad. Pero lo malo de esta época es que, a causa de las fuertes lluvias, muchas veces las carreteras se inundan y puedes tener la misma mala fortuna que la de una familia que conocí en Fitzroy Crossing, que estuvo retenida en la comunidad CINCO SEMANAS porque la carretera estaba inundada y no podían salir. O peor aún, te puede pillar un ciclón, que todos los años cae uno.

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Si se te olvida lo de las inundaciones, ya te lo recordarán los carteles

Yo viví seis meses en los Kimberleys y viví el cambio de estación, pero cuando viajé lo hice a finales de octubre Y OH DIOS MÍO, EL CALORRRRR. Fue sofocante y hubo días que se hicieron un poco duros. Pero nada que una buena provisión de agua fresquita y gorra a la cabeza no pueda remediar.

Mi mejor recomendación, si vas por esta época, es que te levantes cuando salga el sol y te acuestes cuando se ponga, así podrás aprovechar al máximo las horas más “fresquitas” del día.

Pero si me preguntas, para mí la mejor época para visitar los Kimberley sería entre abril y julio, que es justo el final de la época de lluvias, por lo que los ríos, gargantas, pozos, piscinas naturales… están en su esplendor, pero ya no hay lluvias; además de que las temperaturas vuelven a ser agradables. Junio y julio son los meses donde “más turistas” hay (básicamente australianos jubilados). En agosto, las temperaturas ya empiezan a subir y el agua a secarse. Octubre es físicamente aguantable pero ya empieza a hacerse duro por el clima. Noviembre el calor ya es mortal y muchos parques nacionales cierran. En enero y febrero, la lluvia es incesante y aparecen las amenazas de ciclón.

Ok, todo muy guay pero… ¿cuánto tiempo le invierto?

Esto va a depender de tu propio tiempo y presupuesto, pero yo diría que para verlo todo un mínimo de una semana. Dos semanas a mi parecer sería ideal. Y ya si te gusta hacer camping, pasarte el día pescando o en la playa… pues más días te dará más tiempo para disfrutar de Kimberly.

¿Coche normal, 4×4 o SUV?

Seré directa: si tienes un 4×4, mejor. Eso sí, si no tienes pensado visitar Cape Leveque, los Bungle Bungles o recorrer la Gibb River Road (o tienes pensado visitarlas pero pagando un tour o vuelo escénico), con un coche normal puedes visitar el resto de atracciones, incluso si se trata de carreteras sin asfaltar como la de Tunnel Creek o Windjana Gorge… donde se explotó una rueda de mi coche.

En mi caso, yo viajé con un vehículo SUV (más concretamente, un Nissan X-Trail), que es un vehículo a caballo entre coche normal y un todoterreno, más cercano del último, por eso se les conoce como “todocaminos”. Y fíajete si lo son que me llevó por casi toda Australia en un roadtrip de tres meses, metiéndonos por muchas carreteras sin asfaltar –algunas complicadillas- sin problemas, aguantándolo todo como un campeón (¡viva mi Tyranno-Nissan Rex).

Ojito: cuidado con los coches SUV que son bajitos (low clearance), porque si viajaras en época de lluvia y tuvieras que pasar ríos o charcos, podrías llegar a tener problemas de agua en el motor.

Eso sí, ojito si vas con coche de alquiler, porque aunque sea 4×4 hasta donde sé, las empresas de renta no te cubren el meterte en carreteras sin asfaltar. Si no tienes coche propio y pretendes alquilar, háblalo con la empresa previamente.

Por cierto, cuando me refiero a coche normal, no entran las autocaravanas. Puedes atravesar la Great Northern Highway con una caravana, pero llegar a los parques nacionales lo veo ciertamente imposible (menos Geikie Gorge).

Marta Diarra Lampi

Entonces… ¿necesito ser un conductor súper pro?

No necesitas ser un conductor súper adiestrado, pero sí te recomiendo que tengas cierta experiencia. Cuanto menos tengas, más despacio deberías conducir. Antes de meterte en cualquier situación/lugar que no conozcas (como una playa, río, terreno pedregoso…) infórmate: presión de neumáticos, cuánta altura necesita tu coche para cruzar, a qué marcha poner tu vehículo, etc.

Ten en cuenta que siempre pueden darse sucesos inesperados, como animales cruzándose (no importa la hora del día), hoyos o zonas resbaladizas por la acumulación de arena. En estos casos, reduce la velocidad y pide ayuda a tu copiloto para tener la máxima visión hacia la carretera y que nada te pille desprevenido.

Nunca subestimes las carreteras australianas, ya que vuelques, pinchazos, derrapes o roturas importantes de mecánica pueden darse fácilmente si conduces distraído (yo tuve que cambiar tres ruedas por pinchazo).

Por cierto, si te ocurriera algo por estos lares, tu seguro NO te cubrirá una grúa que te recoja. Tendrás que pagarla tú mismo.

Marta Diarra Lampi

Lombadina, una de las playas más flipantes que he visto nunca 😍 (y al fondo mis amiguis Nuria y Tony <3)

Aun así, no quiero que esto os desanime. Solo tened más cuidado que en una carretera normal. Al fin y al cabo, estamos hablando de un área muy remota y salvaje 🙂

Súper consejo que no deberás ignorar si un buen viaje quieres lograr: cómprate y lleva contigo un compresor de aire eléctrico (air compressor) para inflar y desinflar las ruedas en cualquier lugar y momento rápidamente. En serio, lo agradecerás mil cuando pases de una buena carretera a otra de condiciones asquerosillas.

Coste

No te voy a engañar: va a ser caro. Ten en cuenta que Australia Occidental es el estado más caro del país, y los Kimberley es la región más remota y cara de Australia Occidental. Nosotros más o menos gastamos alrededor de $1.80 el litro de gasolina (+- $1.60 en Broome, $2 en Fitzroy Crossing).

Pero si ya tienes tu propio automóvil y no necesitas tours ni alquilar uno (muchos jóvenes con visado Work and Holiday adquieren su propio vehículo), haces una compra apañada en un supermercado de Broome o Kununurra y cocinas tu propia comida, realmente no tendrás más gastos que la gasolina y algún que otro camping para dormir.

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Súper feliz en el Parque Nacional Purnululu

Qué bonito ha sido escribir esta guía y recordar los momentos tan bonitos vividos en los Kimberleys. Espero de veras que algún día tengas la oportunidad de visitarlo y, si lo haces, que este post te haya ayudado/animado a ello.

Porque es, simplemente, único.

Toda la cultura aborigen que cabe en un cuadro

Él no fue el primero en intentarlo. De hecho, se convertiría en costumbre que los aborígenes más talentosos se pasaran por la gasolinera a intentar sacar provecho de su arte. A algunos, la palabra “talentoso” se les quedaba verdaderamente corta. Otros… bueno, lo intentaban. Pero, al final del día, ¿quién soy yo para decidir qué es arte?

El caso es que cuando lo vi, me enamoré. Conecté profundamente con él. Me maravilló, me cautivó, me asombró.

– ¿Cuánto pides?

– ¿50?

– 30 dólares y te los doy ahora mismo.

– Hecho.

Ni siquiera tenía dinero. Sólo sabía que no podía ignorar aquel flechazo. Ya lo describía Michael Corleone en la novela de El Padrino cuando ve a Apolonia por primera vez: “el rayo” me había atravesado. Y a mí por las venas ya sólo me corría electricidad.

Menos mal que el que era mi novio por aquellos tiempos me dio los treinta dólares que me brindarían uno de los objetos más preciados que conservo.

Marta Diarra Lampi

La gasolinera donde trabajaba.

Todo fueron risas cuando volví con mi enorme cuadro a mi puesto de trabajo. “¡pero qué feo!”, me dijo mi compañera belga. “Bueno, lo importante es que te guste a ti, cariño”, me decía mi novio con una sonrisa torcida. Y más risas entre los compis. Pero nada podía afectarme porque yo estaba radiante, sobre todo después de la conversación que tuvimos:

– A mí no me gusta dibujar lo que veo. A mí me gusta dibujar lo que tengo en la cabeza.

– ¿Y qué tienes en la cabeza?

– Estos son mis antepasados, están bailando y tocando el didgeridoo porque están muy felices. ¡Por fin está lloviendo! Esto de aquí son las huellas de mis ancestros, que están ahí para protegerte.

– ¿Y por qué hay una serpiente gigante en el cielo?

(jamás olvidaré la mirada de obviedad, extrañeza y dulzura que me echó, como si fuera una niña pequeña haciendo una pregunta estúpida)

– Porque está lloviendo.

Está claro que sin la interpretación del artista, no habría llegado a comprender qué ocurría dentro del dibujo. Aunque algo sí que sospechaba, ya que la noche anterior hubo una tormenta que ni el apocalipsis. Estábamos en el inicio de la rainy season de los Kimberleys, en medio del desierto de la Australia Occidental.

Marta Diarra Lampi

Algunas tormentas en los Kimberleys eran brutales.

Yo creí que lo que el dibujo representaba era un grupo de personas que se estaban defendiendo con armas de una serpiente que les atacaba. Fíjate, nada que ver. Aun así, el dibujo tenía algo que me atraía, y me terminó de encandilar cuando comprendí del todo de qué iba la cosa.

Pasaron los meses (en total, estuve seis viviendo en aquella comunidad aborigen), y siempre que veía el cuadro en mi habitación sentía cierto orgullo mezclado con un profundo cariño. Eso sí, mis amigos seguían preguntándose qué era lo que veía yo en ese cuadro tan “feo”. Cuando volví a España de vacaciones, lo guardé a muy buen recaudo, para que esperase a salvo mi regreso definitivo.

Lo que yo no sabía era que ese dibujo escondía todavía más secretos. Secretos que descubrí en mi visita al Parque Nacional Kakadu. Allí, me encontré cara a cara con una de las mayores galerías de arte rupestre aborigen australiano del mundo. Son pinturas maravillosas que no sólo han retratado el paso de los años, los siglos, las eras y la historia general, no; es que son pinturas que divulgan conocimientos, pues los aborígenes no registraban sus vivencias a través de la escritura, sino que enseñaban por la palabra y las pinturas. Son historia aborigen pura y dura, desde cómo cocinar un pescado hasta de cómo eran los barcos que llegaban de Europa.

Una de las metodologías con las que los aborígenes enseñan a los jóvenes los códigos de conducta es a través de la misma práctica que han ejercido tantas y tantas otras culturas en el mundo, desde la griega a la egipcia, a la japonesa, a la budista o la maorí: a través de la mitología. Y la mitología aborigen australiana es igual de fascinante y bonita como cualquier otra.

Marta Diarra Lampi

Pintura de la Serpiente Arcoíris en el P.N. Kakadu.

Por ejemplo, una de las figuras más importantes de su mitología es la Serpiente Arcoíris, diosa creadora de la vida –y el universo- a través de su relación con el agua. Cuenta la leyenda que esta inmensa serpiente salió de la tierra (¿recordáis el cráter Wolfe Creek?) levantando a su alrededor enormes cimas, montañas y desfiladeros a medida que avanzaba hacia arriba. Una vez fuera, mientras la serpiente se deslizaba por la Tierra, fue creando a su paso pozos, barrancos, canales, cauces… pues ella es quien controla el recurso más preciado de la existencia: el agua. Sin ella, no hay vida.

Se dice que habita en profundos pozos de agua y que, al igual que puede dar vida, si se enfada, puede enviar grandes tormentas que arrasan con todo. O, si está de buenas, permite que los pozos estén perennemente llenos de agua aun siendo plena temporada seca en el desierto. Cuando se ve el arcoíris en el cielo, se rumorea que es la Serpiente Arcoíris pasando de un pozo de agua a otro.

Marta Diarra Lampi

Agua en los Kimberleys tras un día de lluvia.

Serpiente… diosa creadora… lluvias… ¡mi cuadro es una representación de la Serpiente Arcoíris trayendo agua al mundo! En ese instante comprendí por qué el artista me miró de esa forma tan obvia cuando pregunté por qué había una serpiente en el cielo. “Porque está lloviendo”.

“A mí no me gusta dibujar lo que veo. A mí me gusta dibujar lo que tengo en la cabeza”. Claro, ese señor no sólo dibujó un hecho de su cabeza, ese señor plasmó una parte de historia, de su historia, en un trozo de tela, y la compartió conmigo. Compartió sus enseñanzas, su leyenda, su tradición conmigo de la misma forma que los aborígenes llevan haciéndolo desde hace más de cuarenta mil años: a través de la palabra, la pintura y la mitología. ¡Y yo sin darme cuenta!

Más tarde, descubriría en un museo sobre el body painting aborigen. Los cuatro individuos –probablemente hombres- del dibujo tienen los cuerpos pintados. Descubrí que los aborígenes cuando hacen un ritual que implica danza, siempre se pintan sus cuerpos. Cada tribu se dibuja de una forma diferente según su tótem, y así es como saben quién pertenece a su grupo: si se pintan como tú, es de tu familia. Los que se pintan, son los que bailan. A veces, hasta las huellas de los pies quedan estampados en el suelo por la pintura… como en el cuadro.

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Aún con toda la información que la suerte me fue entregando, esto no fue todo. Un día navegando por Facebook se me apareció un artículo que decía que un señor en Florida encontró en el bosque una rara serpiente… una serpiente arcoíris que no se había visto por esa área en más de 50 años. Pero lo curioso fue la fotografía que acompañó el artículo. Mirad vosotros mismos los parentescos con la serpiente de mi dibujo. Además, el artículo añade información del tipo <<“Las serpientes arcoíris son muy acuáticas y pasan la mayor parte de su vida ocultas entre la vegetación acuática; rara vez las ven, incluso los herpetólogos, debido a sus hábitos crípticos”>>. Yo no sé si la serpiente que vio aquel hombre es como la de la foto, ni siquiera sé si esa serpiente existe o si así es la que inspiró a los aborígenes. Yo de eso no tengo ni idea. Lo que sí es evidente es la casualidad y el parentesco reptil.

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Fotografía del artículo.

Sin duda alguna, aquel día de marzo, tenía en mis manos la representación de la diosa creadora de la Tierra aborigen en pleno trabajo de brindar agua al planeta. Antes de descubrir todos estos datos tan maravillosos sobre la cultura aborigen australiana, ya guardaba mucho cariño de mi encuentro con aquel artista. Y cuanto más tiempo pasa, más crece mi afecto por él y su obra.

Gracias FRANKI.

Marta Diarra Lampi

Bangkok, segundo asalto

Lunes, 17 de diciembre de 2018

Ya empezó, segundo asalto.

Y esperaré el gran impacto.

Golpea bien.

Hazlo bien.

“Segundo Asalto”, Love of Lesbian

 

Aquí estoy, tumbada en un sofá blandito de un hostal perdido en uno de los miles de callejones de Bangkok. Sí, esos callejones sucios y oscuros, esos que encienden la luz de tu sentido común para decirte gritarte “si entras ahí, nada bueno puede pasarte”.

Hace tanto calor que se me pegan las ropas, y éstas al sofá, y de repente somos una misma masa blandiblú de piel, tela, colchón y rizos. Y eso que la ventana está abierta detrás de mí. Cada suspiro de brisa me da la vida. No puedo comprender cómo la Navidad está a la vuelta de la esquina con 27º a las doce de la noche. Son mis segundas navidades “de verano” seguidas y soy incapaz de acostumbrarme. Pero es o estar en el sofá, o irme a la habitación con un aire acondicionado tan fuerte que no tengo más remedio que estar bajo una manta.

Y me niego a taparme con veintisiete grados.

Porque ya he aprendido a encajar los golpes de Bangkok. Sí, a encajarlos, que no a esquivarlos. Bangkok sigue tan peleona como siempre, solo que ahora sé que el combate no lo inició ella. Fui yo. Enfrentarse a Bangkok es como dejar en ridículo delante de todos al malote de clase: te vas a llevar una paliza.

O estás en el bando de Bangkok, o estás en su contra, que es lo mismo que salir perdiendo.

Tuve que alejarme de ella para poder comprenderla. Tuve que salir de su caos para aprender a fluir y entender que hay cierto orden dentro de este puzzle de piezas que aparentan no encajar entre sí.

Ahora ya no te peleo. Ya no te planto cara. Ya no me defiendo.

Ahora fluyo por tus carreteras. Me siento a ver tu vida pasar. Y más que entenderte, te respeto. Respeto que seas diferente a mí y a lo que he vivido antes de ti. Y comprendo que tus diferencias no te hacen mi enemiga, ni que remamos en un barco distinto.

Es obvio que tú no puedes adaptarte a mi forma de navegar. Eres demasiado como para cambiar (por favor, no lo hagas nunca). Pero si quiero llegar al mismo puerto, tengo que hacerlo a tu estilo, a tu ritmo y con tus reglas.

Y así, sólo así, podré disfrutar de esta maravillosa travesía que es Bangkok.

– – – – – – – – –

Lo que es la mente.

Llevo ya más de un mes que no dejo de pensar en Bangkok. No en Tailandia, no, en BANGKOK. Y siempre me preguntaba «¿cómo es posible que tenga ganas de volver a Bangkok si yo la odiaba?». Hasta llamé a mi madre por teléfono para comentarle lo raro del asunto. Es como decir «odio tanto el arroz con leche que me apetece muchísimo comer arroz con leche». No tiene ningún sentido.

Pero aprovechando el tiempo libre me decidí a ordenar los archivos de mi ordenador, y mira qué cosa me encontré. Algo que escribí en diciembre de 2018, un poco después de volver a Bangkok después de viajar por el norte del país.

Yo recordaba lo mal que lo pasé en mi primera visita a la capital, pero no recordaba que había hecho las paces con ella, que la comprendí y, sobre todo, comencé a disfrutarla. Teniendo como cúlmen la última noche que pasé en ella, una en la que salí sin rumbo a meterme en los callejones que me llamaban, a comprar la comida que mi olfato me pedía. A caminar y ver y vivir.

Esa noche la recuerdo con el mismo cariño que se recuerdan las Navidades de la infancia.

Ay… ahora te entiendo, cuerpo. Qué útil escribir. Creo que voy a empezar un diario.

¿Será momento de volver a Tailandia también? Quién pudiera.

Who knows… ✈

Cráter Wolfe Creek, el ojo del desierto australiano

Uno de los lugares más alucinantes en el que jamás he estado y nunca pensé estar es, sin duda alguna, en Wolfe Creek. Y eso que, audiovisualmente, no invita mucho a ello…

Pero no voy a adelantar acontecimientos.

Hoy os voy a llevar a un lugar muuuuy especial de Australia que poca gente conoce y menos gente aun visita. Con todos ustedes… ¡el Cráter de Wolfe Creek!

Marta Diarra Lampi

Un poquito de historia

Fijaos lo grande y aislada que es Australia que no fue hasta 1947 que se “descubrió” el segundo cráter de meteorito más grande de nuestro planeta Tierra. Conocido como el cráter Wolfe Creek, este imponente boquete se encuentra a unos 145 kilómetros de Halls Creek en la región de Kimberley, en Australia Occidental.  Encima, fue descubierta completamente por casualidad por los geólogos Frank Reeves y NB Sauve, junto con el piloto Dudley Hart, quienes estaban simplemente haciendo un vuelo de reconocimiento de la zona.

Pero claro, si entrecomillo la palabra “descubrir” es por algo, pues los aborígenes ya sabían de él desde miles y miles de años antes…

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Fijáos si está aislado que no hay NADA a su alrededor…

Lo que dicen los científicos

Con un diámetro de 850-950 metros (¡ofú!) y encontrándose su cima a 35 metros sobre la llanura de su contorno, los geólogos estiman que el boquetoncio se formó hará unos 300.000 años cuando un meteorito de hierro que pesaba más de 50.000 TONELADAS le dio un buen porrazo a nuestro planetita, a unos quince kilómetros por segundo. Si esa velocidad no te sorprende, quizás lo haga cuando te diga que 15km/sg es igual que cruzarse toda Australia en menos de cinco minutos. Y yo tardé cuatro meses… 😜

¿Y dónde está el meteorito si tan grande era? Bueno, cuando impactó en la Tierra se formó tal explosión que su energía vaporizó al pedrusco… Sorry. PERO algunos fragmentos del mismo se encontraron dispersos hasta a cuatro kilómetros de distancia y (¡sorpresa, sorpresa!) en el Observatorio Astronómico de Perth puedes toparte con dos trocitos del ex-gigante meteorito de hierro 😃

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De mi visita al Observatorio de Perth

Lo que dicen los aborígenes

Como mencioné anteriormente, durante miles de años los aborígenes de las tribus Jaru y Walmajarri se reunían en el cráter, al que llamaban Gandilamal, a contar historias sobre la creación y a hacer vida. Una historia mitológica muy bonita cuenta que el cráter es el agujero por el que la Serpiente Arcoíris, la diosa creadora de vida, salió de la tierra para traer vida al Universo. Si no sabes quién es la Serpiente Arcoíris (¡muy mal!), échale un ojo a este post en el que cuento bastante sobre ella.

Sin embargo hay otro grupo aborigen de la zona, los Kandimalal, cuyos miembros más ancianos cantaban y contaban historias sobre una gran estrella que cayó sobre la Tierra… dando a entender que mucho, muchísimo antes de que los propios científicos encontraran el cráter, ellos ya habían deducido cómo se creó semejante agujero terráqueo.

Marta Diarra Lampi

¿No parece como un ojo?

Lo que dice el cine

Bueno, BUENO. Si tenéis pensado visitar el cráter algún día, no hagáis como yo y veáis la película ANTES de ir. Aun sabiendo que es sólo un film, eso de “basado en hechos reales” como que no inspira mucha confianza y uno se deja arrastrar por la paranoia colectiva…

Y es que en 2005 se estrenó una película de terror (bastante malilla, todo sea dicho) en el que tres mochileros deciden visitar y pasar la noche en Wolfe Creek, pero son secuestrados por un terrible, terrible torturador asesino.

Bueno, pero todo esto, ¿fue o no fue real?

Sí y no. El creador, Greg McLean, se inspiró en crímenes que sí que ocurrieron en Sídney en la época de los noventa, conocidos como los Backpacker murders, cometidos por Ivan Milat, uno de los serial killers más conocidos del país.

Lo curioso de todo esto es que la película ¡ni siquiera fue rodada en el cráter Wolfe Creek! El film se ambientó en el cráter, sí, pero se filmó en el estado de South Australia. O sea, ¡ni siquiera estuvieron allí! Si os interesa ver la película, en Internet podéis encontrarla fácilmente. Y si os gusta, estáis de suerte: en 2013 estrenaron la segunda parte 😋

A pesar de toda la ficción, todavía hay mucha gente que cree que el film es un documental fidedigno, y cuando comentas tus intenciones de ir o de haber ido, siempre hay alguien que suelta “¡pero bueno, ten mucho cuidado eh! Que ese sitio es peligrosísimo, ronda por ahí un asesino de backpackers…”

 

Bueno, pero que yo quiero visitarlo igual, ¿cómo lo hago?

El acceso al Parque Nacional Cráter Wolfe Creek se sitúa aproximadamente a 152 kilómetros por carretera al sur del pueblo Halls Creek, a través de la Carretera Tanami. Si vas, ármate de paciencia, porque es una carretera sin asfaltar que puede llegar a estar en muuuy malas condiciones. Más o menos tardarás en llegar al cráter en unas 2-3 horas de conducción.

Recomiendo encarecidamente que, antes de ir, repostes gasolina en Halls Creek, compres mucha agua y vayas (o llames por teléfono con anterioridad) a su Centro de Información Turística y preguntes por el estado de la carretera, ellos sabrán si es buen momento o no para ir. Afortunadamente cuando fui, justo acababan de “alisar” la carretera, por lo que conducir por ella no fue ningún problema. Aun así, se recomienda encarecidamente usar coche 4×4.

Puedes subir a pie a la parte más alta del cráter por un caminito corto de unos 200 metros. Lo subes en nada. Eso sí, no te metas dentro del cráter, que es peligroso. ¡Respétalo!

Como la carretera es larga (hasta un total de 6h de coche si regresas el mismo día), te invito a que pases la noche en el pequeño “camping” que hay. Es totalmente gratuito y tiene unos baño básicos. No se permite hacer fuegos, recoge tu basura y no te lleves de allí ninguna planta, animal y/o piedra, please. Como el camping sólo tiene baños, deberás ser 100% autosuficiente… si no te pilla el asesino 😜

Marta Diarra Lampi

Arriba a la izquierda, el camping; abajo a la derecha, el inicio de subida al cráter.

Pero si regresas sano y salvo, recuerda comprar tu pegatina de “yo sobreviví a Wolfe Creek” en el Visitor Centre de Halls Creek 😉 y de paso me compráis otra a mí y me la enviáis, ¡que yo me arrepentí de no hacerlo!

Bueno, espero que os haya gustado este post. A mí la verdad me maravilla este lugar, uno de mis lugares favoritos de mi viaje por Australia. Fue realmente mágico presenciar los resultados de un fenómeno astronómico-geológico tan único. Por eso quería compartir con vosotros un trocito de esa enormidad tan bonita 😊

Marta Diarra Lampi

Buenos viajes a todos ✈

Un abrazo desde el futuro

Querida Marta del 2017,

qué bonito y emocionante ha sido releerte. ¡Vaya tiarrona estás hecha! Hasta me das cierta envidia, quién pudiera tener la cara dura, la fuerza y ese “echá palanterío” que tienes. (¿O tenemos..?)

Quería escribirte primero para darte un abrazo virtual del tamaño de un oso. Sí, sé que el contacto físico no es lo tuyo, pero te sorprenderías de lo cariñosa que te vas a volver en 2020. Así que cállate y acepta este abrazo sin rechinchar, que las dos sabemos lo mucho que los disfrutas en realidad. A que sienta bien, tonti.

Pero principalmente quiero escribirte para decirte que lo hicimos, tía. Que lo conseguimos. Todos esos sueños que plasmaste en este blog se han cumplido, joder. Por eso necesito decírtelo, para recordarme todo lo que somos capaces tú, yo, las de antes y las que vendrán.

Confieso que a veces se me olvida. Estoy tan bien, a gusto y feliz donde estoy hoy que a veces se me olvida todo lo que hubo en los ayeres para llegar aquí. Que soñar sólo fue el primer paso de muchos esfuerzos que vinieron después. A veces se me olvidada que nada de lo que tengo me vino dado, que lo que soy y donde estoy me lo agencié yo solita.

Qué emocionante ha sido volver a sentir tu incertidumbre, volver a ser esa “virgen de viajes” que no sabía lo que era vivir en el extranjero, viajar por largo tiempo o incluso trabajar. No tenías ni idea de nada pero para allá que fuimos a averiguarlo.

No te quiero hacer spoiler porque ya lo acabarás viviendo tú misma, pero te puedo decir desde ya que no te agobies tanto, que seguir a tu instinto y tu corazón es la única respuesta para cuando todo esté cubierto de niebla y no veas qué camino tomar, que el mundo está lleno de bondad y de hermosas personas (aunque sé que ya lo sospechas), que vas a ser feliz, Marta. Vas a ser muy feliz, más de lo que jamás te hubieras imaginado. Y vas a tener la vida que exactamente habías planeado para ti.

Eres una campeona y te admiro de aquí a Júpiter. Y nunca dejes de luchar, la recompensa te está esperando a la vuelta de la esquina.

Olé tú, valiente.

Te ama con todo su corazón,

Marta.

Kakadu National Park: qué hacer en 4 días

Después de seis días de conducción intensa desde Perth, llegamos a Darwin un 6 de octubre para reunirnos con nuestros amigos Pablo y Laura, con quienes convivimos durante cuatro meses en Fitzroy Crossing. Todos, junto a una pareja de holandeses que conocimos, nos aventuramos a visitar el Parque Nacional Kakadu.

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¡Al fin reunidos y listos para la aventura!

Un poquito sobre el parque, pa’ abrir boca

El Parque Nacional Kakadu es un parque enoooooorrrme de 20.000 kilómetros cuadrados y es Patrimonio Mundial por la UNESCO. Los aborígenes, dueños tradicionales de la tierra y una de las sociedades vivientes más antiguas del mundo, han habitado non-stop en Kakadu durante más de ¡65.000 años! La gente Aborigen que habita el parque son conocidos como Bininj (y/o Mungguy, según la lengua).

Este vasto parque alberga arte rupestre, diferentes ecosistemas, variedad de plantas y un montón de animales (un tercio de las especies de aves de TODA Australia se encuentran aquí). Hay varios tours tanto gratuitos como de pago para conocer la cultura y fauna del parque, conviene echarle un ojo a la web o preguntar en el centro de visitantes.

El precio de entrada al parque varía según la época:

  • Época de lluvia (Nov-May): 25 dólares por adulto para 7 días.
  • Época seca (May-Oct): 40 dólares por adulto para 7 días.
  • Gratis para los residentes de Northern Territory: si estás con la WHV trabajando en NT, llévate una carta o algo que demuestre que vives en el estado y entrarás gratis 😉

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Día 1: Cahills Crossing y Ubirr.

Llegamos al parque al medio día, más o menos a una hora de comenzar un tour gratuito guiado por las pinturas rupestres de la zona de Ubirr. Para matar el rato, fuimos a Cahills Crossing, una carretera que cruza un río donde se pueden ver los temibles y gigantes cocodrilos de agua salada. Eso sí, ármate de paciencia. Nosotros vimos tres.

Marta Diarra LampiA las 16:00, fuimos al sitio de reunión con el ranger para comenzar un tour interesantísimo sobre mitología, cultura y pinturas aborígenes. El arte rupestre de Kakadu es uno de los registros históricos más grandes de cualquier grupo de humanos en el mundo, así que imaginad la cantidad de pinturas que hay.

Estas pinturas se encuentran en una sencilla ruta circular de 1km y representan historias de la «época de la Creación» o sobre los cambios que el paisaje ha sufrido durante miles y miles de años. También hay pinturas de animales al tradicional estilo rayos x y dibujos curiosos sobre el primer contacto con los europeos.

Un recorrido rupestre que disfruté muchísimo 😁IMG_9055.jpg

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Un pez, una tortuga, un canguro, un hombre… ¿los ves? 😉

Además, una «escalada» faciloide de 250m te deja a la cima del monte Ubirr, un lugar perfecto donde terminar el día (y el tour) viendo el atardecer con vistas a las llanuras de Nadab, imagen seleccionada para la portada de este post 😀

La verdad que hacer el tour con un ranger que te da tanta información le agrega valor al lugar, así que intentad por todos los medios uniros a un tour, ¡que son gratis!

Pasado el atardecer, nos fuimos a dormir a uno de los campings de bajo presupuesto del parque: 6AUD por persona con baños.

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Los campings más baratos sólo tienen baños, basura y alguna mesa

Día 2: Jim Jim Falls.

Mi mejor recomendación es que intentes comenzar el día nada más salir el sol. Que sí, que madrugar es duro (más todavía si estás de vacaciones), pero créeme, merece el esfuerzo. Básicamente porque el calor que se sufre por esas latitudes es horrible. Los 40º se alcanzan rápidamente.

Así que levántate temprano y aprovecha las primeras horas de luz con «fresquete». No hagas como nosotros, que fuimos hacia las Jim Jim falls como a las 11am y a mí casi me dio un golpe de calor muuu chungo. Ah, recuerda también: llévate 1L de agua por hora y por persona. ¡Importante!

De hecho, nosotros al ir en la época seca, -pero seca, seca- las cascadas estaban… secas (aunque la «piscina» todavía se mantenía). Es más, las Twin Falls estaban cerradas. Así que si no estás seguro de qué visitar, qué está abierto y qué no, lo mejor es que nada más llegar al parque vayas al visitor centre y preguntes, ellos te recomendarán qué se puede ver, porque si por el contrario vas en la época de lluvias, tampoco podrás acceder a algunas zonas por las inundaciones.

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Jim Jim «falls» pool

El acceso para las Jim Jim y las Twin falls es a través de 50km de una carretera sin asfaltar en el que el uso de un vehículo 4×4 es obligatorio. No recomendado, sino O-BLI-GA-TO-RIO para los últimos 5km de la carretera, donde hay que atravesar rocas y agua. Además, sólo puedes ir a 60km/h por lo que tardarás como una hora en llegar al parking de las cascadas. Luego, hay una ruta de 1km (unos 40min. andando) que atraviesa bosque monzónico y termina a los pies de una piscina profundilla.

Allí pasamos el día entero explorando la zona y bañándonos.

Por cierto, mucho ojo con dónde nos bañamos en el Kakadu. Parece tonto decirlo pero quien avisa no es traidor: si hay un cartel de «ojito cocodrilos» por favor, no os lo toméis a la ligera. Bañáos SÓLO en las zonas que estén señalizadas para tal.

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Día 3: Maguk y Gunlom Falls

Este día visitamos una cascada que, literalmente, se quedó con una parte de mí… ya lo entenderéis.

La mañana la invertimos en Maguk, una piscina profunda que nace de una bonita cascada que se derrama por las paredes de su desfiladero, en un ambiente rodeado de vegetación. Para mí, la mejor piscina de todo el parque. El agua, qué limpita y fresquita estaba, ay…

Para llegar a Maguk, de nuevo, hay que conducir por una carretera sólo apta para 4×4 que te deja a una corta caminata de la piscina. Os dejo una foto que he tenido que coger de Google porque… bueno… a uno de mis amigos se le cayó mi GoPro al agua y ahí que se hundió, a más de 30 metros de profundidad, yujuu… 😩

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Fotografía de: Ken Duncan Photography

Tras unas horas, fuimos a visitar las Gunlom Falls, el lugar más popular del parque, ya que en lo alto de las cascadas hay una serie de piscinas rocosas estilo «infinity pool» en las que te puedes bañar. Nosotros no pudimos subir porque estaban cerradas temporalmente por motivos religiosos. Cabe recordar que Kakadu es tierra aborigen, por lo que es posible que en tu visita encuentres algunas restricciones. Por favor, respétalas 🙏

Así que nos tuvimos que conformar con la piscina creada bajo la «cascada». Entrecomillo porque, otra vez, al ser la época seca apenas había un chorrito de agua por cascada. Para llegar a la Gunlom Plunge Pool hay que volver a conducir por una carretera en la que se recomienda 4×4, pero creo que no es del todo necesario. La piscina está a unos 100m del parking.

A mi gusto, la carretera era muy asquerosa, unos tembleques constantes durante por lo menos 40 minutos… si no vas a poder subir a la infinity pool, no se merece el esfuerzo y tiempo de llegar.

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Muy caudaloso, sí.

Día 4: Yellow Water

Hoy nos tocaba despedirnos de nuestros amigos, quienes seguían ruta hacia el centro del país. Nosotros todavía queríamos aprovechar los 40 dólares de entrada al parque para explorarlo un poquitín más, así que nos adentramos en la región de Yellow Water y sus wetlands.

Esta es una zona que me pareció completamente diferente al resto del parque, pues destaca por su abundante vegetación frente a la aridez general. Aquí pasamos varias horas simplemente mirando pájaros y cocodrilos. Incluso avistamos un búfalo a lo lejos. ¡Llévate prismáticos!

También puedes apuntarte a un crucero que se hace por todo el río, en el que te cuentan sobre cultura aborigen y sobre flora y fauna del lugar. Nosotros no lo hicimos por presupuesto (creo que costaba unos 100aud), pero si no fuera porque iba a continuar viajando por varios meses más, sin duda lo habría hecho.

Marta Diarra Lampi

Justo en el medio verás la silueta de un cocodrilo

También aprovechamos el día para visitar el museo del Kakadu, que ofrece muchísima información sobre la historia de la tribu aborigen Bininj. Además, hay una salita de cine donde exponen documentales cortos sobre la fauna del parque (¡y hay aire acondicionado!).

 

Día 5: Nanguluwurr

Como nos encantó el tour gratuito guiado por las pinturas rupestres de Ubirr, decidimos quedarnos una noche más en el parque para apuntarnos al tour guiado de las otras pinturas del parque, las de Nanguluwurr.

Esta es una ruta de 1.7km por una zona muy importante para los aborígenes que acamparon por allí. Las pinturas cubren muchos estilos y temas diferentes, que van desde las impresiones de manos de miles de años de antigüedad, hasta animales en estilo de rayos X (algunos muy modernos, como que de los años ’60).

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Hombre cazando un canguro gigante

Este tour guiado también me encantó. Aunque algunas informaciones se repitieron en ambos tours, las pinturas son muy diferentes. Incluso diría que el de Nanaguluwurr era más interactivo y un puntito más interesante. Pero tampoco podría elegir, ambos me encantaron y los recomendaría por igual. Si puedes, haz los dos.

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A la derecha Namarrkon, el responsable de las tormentas eléctricas

Y estos fueron mis días en el Parque Nacional Kakadu. Aunque en realidad estuve cinco, he contado cuatro días totales ya que el primero llegué por la tarde y el último me fui por la mañana.

Repaso rápido de las principales atracciones del parque:

  • Ubirr al atardecer.
  • Nanguluwurr y sus pinturas.
  • Jim Jim y Twin Falls.
  • Maguk.
  • Gunlom Falls y su infinity pool.
  • Yellow Water.

En nuestros días allí también hicimos un par de caminatas, pues hay varias rutas de senderismo. Pero ninguna me gustó lo suficiente como para recomendarla. Pero si tienes varios días para pasar en el parque y te gustan las rutas, pregunta en el centro de visitantes cuáles son las recomendadas para la época en la que estés.

 

El Parque Nacional Kakadu fue la primera parada de un viaje en coche que nos llevaría a conocer todo el «top end» de Northern Territory y mucho, mucho más allá. Si quieres saber sobre nuestros siguientes destinos australianos estate atento, y si tienes alguna duda déjame un comentario, estaré encantada de ayudar 😊

¡Buenos viajes!

Work and Holiday Australia: ¿la gran mentira?

Lejos queda ya aquella conversación que tuve con un chiquillo durante un trayecto en Blablacar. “Que sí, que hay noséqué cosa que puedes ir a vivir a Australia”. Sería allá por… ¿2015? Lejos queda, sí.

Pero gracias a esa conversación viví 14 meses en Nueva Zelanda, un año en Australia y en cuestión de días comenzaré mi segundo año australiano. Adoro las Work and Holiday Visas (WHV) y las oportunidades, ya no solo a nivel laboral sino a todos los niveles personales, que traen consigo. Mis experiencias han sido todas positivas, con sus más y sus menos, por supuesto, pero positivas al final del día.

Sin embargo, últimamente (bueno, ya desde que comencé a informarme del tema hace años) encuentro muchas publicaciones de gente que la pasa muy mal y tiene muchas complicaciones a la hora de encontrar trabajo, sobre todo en Australia. Hace unos días, más concretamente, me encontré este post, que da título al que estoy escribiendo.

En él, Indira comenta que llegó a Australia con la idea de ahorrar pero que a la hora de la verdad no solo le fue complicado encontrar trabajo, sino que además los sueldos no eran tan altos como esperaba recibir y la vida en comparación era muy cara, por lo que ahorrar y “forrarse” le eran imposible.

Contacté con Indira y le pedí permiso para poner de ejemplo su post y escribir mi experiencia, que ha sido todo lo contrario. Creo que, si su objetivo era ahorrar dinero, podría haber tomado otras decisiones que la hubieran acercado a su fin. Así que ¡al lío! Voy por puntos:

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¿Es tan fácil ganar dinero trabajando en Australia?

En el caso del post, la chica intenta buscar trabajo en dos ciudades: Gold Coast y Sydney. En la primera no encuentra trabajo hasta pasado un mes y con un sueldo menor de lo que se esperaba; en la segunda, directamente califica su experiencia como “pesadilla” (¡y no le falta razón!).

En mi opinión, si lo que de verdad quieres es “forrarte” en Australia, o tu principal objetivo es ahorrar el máximo de dinero posible no matter what, intentar hacerlo en Sydney y Gold Coast es un error del tamaño del propio continente.

Australia es ENORME. Casi tan grande como Europa. Y no entiendo por qué extraña razón la inmensa mayoría de jóvenes con visado de estudiante van a Gold Coast, y un gran número de work and holidayers van a Sydney. ¿Os podéis imaginar cuantísima, pero CUANTÍSIMA competencia tendréis? Haced números:

3.400 visas para españoles + 3.400 cupos para chilenos + 1.500 para argentinos + 200 para uruguayos + 5.000 para chinos + el resto de países sin limitación de cupo + los que hacen un segundo año + las visas de estudiante = UNA MILLONADA DE COMPETENCIA

¿Qué pasa si todas estas personas van siempre a los mismos lugares? Sydney, Melbourne, Gold Coast, Brisbone e incluso Perth. Que se congestiona. Que no dan pa’ más y sólo van a coger o a los mejores de los mejores o, muy a mi pesar, los empresarios se aprovechan de esta situación y comienzan a pagar en negro, o a no pagar lo correspondido o a sacar su negocio adelante a base de “trials”. En esos casos, lo mejor que puedes hacer es huir en cuanto puedas de tu jefe abusador, te mereces más.

Así que mi mejor consejo es que si no tienes el sueño vivir en una big city australiana, ábrete a todo el país. Adelaide, Exmouth, Broome, Darwin, Margaret River, el “red centre” o las islas de alrededor de Australia como las Tiwi o las Whitsundays. ¡Las posibilidades son tan amplias como tú quieras ampliarte! De este modo, no sólo tendrás menos competencia sino también más oferta. Y, además, es posible que conozcas un nuevo rincón del país del que no tenías ni idea.

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Tipos de trabajo para los Work and Holidays

En este caso, la chica del post indica que si vienes con esta visa casi que los únicos trabajos que encontrarás serán o de limpieza o camarero o friegaplatos o granjas, básicamente. En su caso, trabajó de niñera y limpiando.

Yo, según veo y leo, creo que tiene mucha razón. La mayoría de las personas que he conocido han trabajado de eso pero… también es a lo que la mayoría aplicamos, ¿no? Yo por ejemplo he trabajado de cajera en un supermercado y en una gasolinera. Y en un tour para ver focas que hice, una de las chicas de la tripulación tenía visado de Work and Holiday y pensé “jope, nunca se me hubiera ocurrido aplicar para un trabajo así”. Y más de lo mismo encontré en un museo y en un visitor centre. ¿Pilláis por dónde voy?

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¿Te imaginas trabajar junto a esta cosita? 😊

Creo que se ha machacado tanto (sobre todo por parte de las agencias de visado de estudiante) que lo mejor es ir currículum en mano a restaurantes y bares, que se nos olvidan otros muchísimos puestos de trabajo que, a veces, ni sabíamos que existían. Y para encontrarlos lo mejor es volver al punto anterior: estar abierto  a TODO.

Y en este apartado del post de Indira es donde, al darse cuenta de que no estaba alcanzando su propósito de ahorrar, decide dejar Gold Coast (¡bien!) e intentarlo en Sydndey (¡mal!). Allí, según entiendo, la experiencia fue todavía peor.

Conclusión (y consejos 😉): ¿merece la pena?

El post del que me vengo refiriendo todo el rato, finalmente, sí anima a la gente a hacer la WHV porque, al fin y al cabo, ella sólo ha relatado su experiencia y opiniones. Y ahí, de nuevo, estoy más que de acuerdo con ella. Al final esto son experiencias vitales de las que, como mínimo, una enseñanza seguro que te llevas. Y creo que es muy enriquecedor compartir vivencias con otros.

En mi experiencia y como conclusión, el mejor consejo que te puedo dar es cuanto más remoto, mejor. Sí, en Australia «remoto» puede significar sitios cuya población sea de 0 habitantes (como una gasolinera en el medio de la NADA), pero tampoco es necesario aislarse tanto. Ciudades como Kununurra son remotas y habitan unas 4.000 personas. Además, si buscas trabajos remotos por encima del Trópico de Capricornio no sólo ahorrarás, sino que además te valdrá para la extensión de la visa 462.

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¡No hace falta que te vayas a vivir a un sitio así!

Otro consejo (o mini reflexión) es que, como en cualquier otro país, si tienes nada o muy poquita experiencia laboral, tienes un inglés muy bajo o sólo estás dispuesto a trabajar en puestos muy específicos, tendrás más difícil encontrar trabajo. Lo digo porque a veces nos cegamos con el “me dijeron que era fácil y rápido” cuando ni siquiera hablamos mínimamente el idioma. Dime, ¿a qué puesto de trabajo podría optar alguien en España sin saber nada de español?

Aun así, si hay un trabajo que te encantaría probar pero no te sientes del todo segura por tu falta de experiencia, aplica a él, nunca se sabe. A mí tanto en NZ como en Australia me dieron la oportunidad de trabajar en cosas de las que tenía cero experiencia y allí mismo me enseñaron.

Por ejemplo, estuve trabajando casi seis meses de Kitchen Hand en una pequeña comunidad aborigen en el medio de la nada (nunca había hecho nada relacionado con cocina) donde ahorraba -que no cobrar- 900aud a la semana, me daban comida y vivía en una casita que me proporcionaba el propio trabajo. Aquí os dejo un post de Australi-ana muuuy bueno que os cuenta cómo consiguió ella su trabajo remoto ganando 1.200aud a la semana.

Gracias a ese trabajo (que combiné por un tiempo con el de cajera) me fui a Indonesia de vacaciones una semana, a España un mes y medio, me compré un coche y me hice este recorrido por Australia en tres meses:

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Mi roadtrip australiano 😊🚙

Como veis, hay tantas experiencias de WHV como personas existen, y cada una es única y especial. Yo comparto la mía simplemente para echar un cable a quienes a lo mejor deciden vivir su año de visa en una sola ciudad o en un determinado trabajo porque no conocían otras opciones.

Ánimo a todos, Australia os espera ✈

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República Independiente de Whangamomona, la joya del mundo olvidado

– ¡Joder con el pájaro!

Y frenazo.

El parón fue tan brusco, que la fuerza de la inercia no sólo detuvo al coche, sino a mi corazón por unos instantes. Lo que me pareció un loro en miniatura de color rojo-azul-verde-amarillofluorescente se había cruzado ante nosotros con intenciones si no suicidas, al menos bromistas, pero de muy mal gusto.

– Este sitio es muy raro, Miguel.

 

La curiosidad fue lo que nos llevó a ese momento. Estábamos, otra vez, cruzando las dos islas de Nueva Zelanda para comenzar en un trabajo nuevo. Todavía nos quedaban dos días de viaje cuando, de repente, lo vimos por la ventanilla del coche.

«FORGOTTEN WORLD HIGHWAY BEGINS»

Autopista al mundo olvidado. Qué nombre tan… curioso. «Mundo olvidado», suena casi poético. Teníamos tiempo para un desvío. ¿Por qué no? Seguro no llevará mucho tiempo. ¿Cómo resistirse? Autopista al mundo olvidado… Como si de un eco se tratara, el nombre de la autopista resonó y rebotó por todas las paredes de mi cabeza. Ya no podía soltar la idea de descubrir ese mundo olvidado.

Así que allá nos adentramos.

IMG_7010.jpgLa carretera comenzó como toda Nueva Zelanda: verde. Verde hasta donde la vista te alcanza, veinte por ciento azul del cielo, ochenta por ciento verde lima, verde menta, verde pino, verde caqui, verde pistacho, verde oliva, verde esmeralda. Incluso se dejó ver algún que otro verde amarillento, pero verde al fin y al cabo.Marta Diarra LampiTodo este verde era el manto de un sinfín de montes redonditos plagados de vacas y toros y ovejas que a lo lejos no eran más que puntos negros, como si un gigante hubiera ido dejando bollitos por doquier, y en ellos se subieran hormiguitas a por su trocito de merienda.

Marta Diarra LampiIncluso juraría que algunos árboles tenían el color verde en toda su expresión, un verde que me hacía sentir que ese debía ser el original, el puro. Creo que el efecto óptico-colórico vino de la mano del sol, que aun fuerte a esas horas del día ya se preparaba para el atardecer, apreciándose en él las primeras pérdidas de intensidad antes de tornarse naranja y desaparecer en la noche. Me hacía pensar en el sol como un culturista de 60 años: musculoso pero pachucho.

_MG_7023-Pano.jpgLos cuarenta minutos de carretera plácida y en línea recta mutaron sin apenas darnos cuenta a una serie de serpenteantes curvas inseguras que curva tras curva susurraban a mis sesos que de ese sitio mi psique no saldría ilesssa. Curva tras curva tras curva…

El camino, sin quitamiedos y con precipicios, nos adentró en una selva templada donde las palmeras verde oscuro fueron las protagonistas. Bajamos la ventanilla del coche para que me diera el aire fresco en la cara, tenía el estómago descompuesto.

Y entonces lo olí.Marta Diarra Lampi

– Miguel, ¿lo hueles?

Sí… huele a… a Coromandel. Y a los Catlins.

¡A la cascada! –adivinamos a la vez.

Olía a lo que huele cuando te adentras en la vegetación del país, a una humedad aplastante pero tan gélida que al respirar te enfría la nariz, los conductos nasales y hasta los pulmones. Olía a madera de árbol que de tan mojado que está sabes que se ha ablandecido aun sin tocarlo. Olía a frondosidad, a apartar árboles con las manos para darte paso y a oscuridad porque las ramas se también niegan a dárselo a los rayos del sol.

Olía a mi año en Nueva Zelanda, a recuerdos que dibujan sonrisas en el alma, a abrazos que son hogar. Ahí fue cuando tuve la certeza de, nos llevase a donde nos llevase esta carretera del mundo olvidado, sería a un sitio especial.

Porque a eso huelen los lugares especiales en Nueva Zelanda.

– ¡Joder con el pájaro!

Y frenazo.

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Un pequeño loro de colores (que más tarde descubrí se llaman kākāriki) se cruzó frente a nuestro parabrisas. Al ave suicida le siguieron más loros, faisanes de colores y colas laaargas, cabras, pavos y hasta toros sobre vías de tren. La carretera, ahora de grava, fue una locura animal que terminó en el único pueblo de toda la «autopista»: Whangamomona.

Después de tanto verde, parecía que habíamos llegado a otro mundo. En el pueblo sólo había un par de casas, un parque, un hotel, una oficina de correos destartalada y lo que creo era un mecánico. Parecía que estábamos en un silencioso lejano oeste de asfalto, sólo faltaba la bola de paja solitaria rodando ante nuestros ojos. Porque el individuo bebiendo en el porche del hotel con ropa tejana, pocos dientes, muchos tatuajes, barba gris de varios días y expresión de no haber salido nunca de allí ya lo teníamos frente a nuestros ojos.

Era la reencarnación en vida de Cletus, el cateto de Los Simpsons._MG_7061.jpgEntramos en el hotel, pregunté rápido por el servicio y corrí hacia él. Hice que mis intestinos volvieran a su posición original entre carteles consejeros del tipo “no tire al W.C. productos sanitarios, pañales, cachorritos, sueños ni esperanzas” o “la jardinería es más barata que ir a terapia y encima obtienes tomates”.

Hasta que no salí del baño recompuesta, no me había tomado el tiempo suficiente para examinar el lugar donde estaba. Las paredes de este hotel, que más que acomodación parecía un bar, estaban plagadas de carteles chistosos, recortes de periódicos y fotografías antiguas. En un corcho titulado «REPUBLIC DAY 2005» colgaban fotografías de cientos de personas vestidas de cabaret, otras cortando leña, otros pintando a niños, otros en una bañera con ¿serptientes?, otros viendo carreras de ovejas…

Cada rincón de pared tenía una historia distinta. Había de todo.

 

Volviendo sobre mis pasos me encontré de nuevo en el bar del hotel, con su billar en el centro, sus paredes adornadas con cráneos y cuernos de cabras, fotografías de equipos de rugby y merchandising con camisetas y gorras del pueblo; con sus cuatro personas viendo las noticias y con su camarera en la barra. Un cartelito de “PASSPORT OFFICE” llamó mi atención.

– Por dos dólares te sellamos el pasaporte. Te lo pueden sellar el mismísimo presidente de la república y la primera dama –me dijo la camarera señalando a una pareja de ancianos que bebía cerveza detrás mía.

¿Presidente de la república? ¿Primera dama? ¿Sellar pasaporte? ¿Dónde me había metido? Tenía que averiguarlo.

– Excuse me… can you…? My passport…

Yes, It’s two dollars.

Ese breve chapurreo mío inglés dio paso a toda una conversación en la que descubrí que no estaba en un pueblo, sino en una micronación. Todo se remontó a 1989 cuando, tras haber formado desde siempre parte de la región de Taranaki, el gobierno redibujó las fronteras regionales haciendo que el pueblo ahora formara parte de la región de Manawatu-Wanganui. Los ¿whangamomoneños?, se negaron al cambio. Y el gobierno se negó a que se negaran. Visto que no podían luchar contra la ley, se inventaron la suya: el 1 de noviembre de 1989 se autodeclararon República Independiente de Whangamomona como protesta, separándose así no sólo de Manawatu-Wanganui, sino de todo el país.

Y como micronación que es cada dos años enero es el mes de las elecciones. Y si la historia de la República de Whangamomona ya me suponía una genialidad, la historia de sus presidentes ya me parece brillante: el primer presidente, Ian Kjestrup, gobernó durante diez años. Lo curioso es que ni siquiera sabía que formaba parte de la candidatura, alguien puso su nombre sin su permiso.

En 1999 «Billy Gumboot» pasó a ser el nuevo presidente porque… se comió todas las papeletas y no tuvo más remedio que aceptar el mando. Ah, se me olvidó comentar que Billy es una CABRA que gobernó la República durante dieciocho meses.

El siguiente presidente fue Tan, un caniche cuyo mandato no duró mucho, pues fue atacado por un mastín. Tai sobrevivió, pero nunca llegó a recuperarse del todo del ataque. Algunos, todavía sospechan que fue un intento de asesinato…

En 2005 el caballero Sir Murt «Murtle the Turtle» ganó unas elecciones bastante reñidas. Aunque lo apodaban «turtle», éste era un hombre de verdad. En 2009 fue reelegido por un solo voto. Lamentablemente murió en 2015, y en memoria el pueblo lo nombró como primer y único caballero de la República.

Durante dos años y por primera vez en la historia de la República Independiente de Whangamomona, una mujer se hace con el poder: Vicky Pratt. Resulta curioso que gobierne una cabra años antes que una mujer. Como la vida misma…

Y en ese instante de octubre de 2018 estaba conversando con John, el actual presidente de la República, y su mujer en un bar perdido en medio del universo.

IMG_7063.jpgCuando le di mis dos dólares por el sello que me estampó, puso las monedas en un tarrito de cristal con más monedas y billetes.

– Con el dinero que recaudamos de los pasaportes y del merchandaising, es con lo que pagamos los arreglos del pueblo, el colegio y el equipo de rugby. Porque aquí vivimos 200 personas eh, en 20km cuadrados.

Y yo me preguntaba dónde vivirían estas personas. Yo no vi casa alguna al llegar. Y existir, existen, que las he visto en las fotografías del bar. ¿Dónde estarán? ¿Por la montaña? ¿A qué se dedicarán? Y como si me leyera la mente, me explica que

– Aquí no tenemos Internet. Aquí las personas nos relacionamos las unas con las otras, hablamos entre nosotros, no como en las ciudades. Aquí los niños salen a jugar a cazar possums y cabras.

Mi móvil me confirma que efectivamente, no hay cobertura, por lo que no podría haber Internet. Y pienso que a veces sentimos que el mundo es muy moderno y «avanzado» (habría que ver qué se entiende por «mundo avanzado»), pero que todavía existen rincones donde no hay Internet, ni YouTube, ni memes, ni vídeos virales. Todavía existen lugares donde los niños salen a cazar.

Y a veces los tenemos a un par de horas en coche.

– Marta, tenemos que irnos ya. No podemos conducir de noche.

Noquiero-noquiero-noquiero-noquiero.

Mi mente y mis pies deseaban anclarse en ese lugar por unos días más, quería saber más, quería ser estar y vivir, hablar con más ciudadanos, conocer. Pero anochecía y debíamos seguir con la ruta. Whangamomona sólo era un paréntesis en el camino. Un paréntesis hecho de bosque puro cuya curvatura abraza a la República Independiente más fascinante en la que jamás haya estado.

IMG_7067.jpgEl atardecer se comía el cielo mientras cubría a las montañas con su manto anaranjado. Al día le quedaban pocas horas de vida. Y viendo por última vez el pueblo desde la ventana del coche comprendí que en el hotel de Whangamomona no sólo me sellaron el pasaporte. También dejaron una estampilla de felicidad en mi corazón, que desde ese día se hizo un poquito más grande.

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Camarero, una de buenas decisiones, por favor.

Todavía me acuerdo de cuando vivía en Dargaville e intentaba planear un poquito mi futuro. Porque por mucho que parezca que voy por ahí a loco hacia donde me llevan los vientos, en la estructura, digamos, necesito tenerlo todo bien atado. De ahí a que escribiera planes de vida viajeros a cinco años vista meses antes de partir.

Y en Dargaville era donde no me ponía de acuerdo. «¿Qué hago? ¿Viajo o hago el máster que tanto deseo?» Luego en Tailandia, más de lo mismo: “¿Qué hago?». Pensé que quizás si hablaba con mi madre ella me daría un nuevo punto de vista. Y me lo dio. Pero no fue lo suficientemente amplio como para decidirme. Más tarde, cuando llegué a Australia, seguí igual: «¿Qué hago? ¿Viaje o audiovisual?». Y ahora, cuatro meses después de mi llegada, sigo preguntándome exactamente lo mismo. «¿Qué hago?».

No quiero presionarme, pero tampoco quiero cagarla. Me da miedo equivocarme. Y siempre he “pospuesto” la decisión porque, quizás sea muy romántica, pero soy de las que piensan que, llegado el momento, sabemos qué hacer. Pero… ¿y si el momento no llega?

Pasan los meses y yo todavía no tengo ni idea de qué hacer una vez termine de trabajar en Fitzroy Crossing y mi visita de un mes a España llegue a su fin.

¿Y si en realidad debo forzarme a decidir algo? ¿Y si me flipo cuando pienso en que, como si de un golpe de viento se tratara, de repente sabré qué quiero? ¿Y si dejo la toma de decisión para el futuro y cuando el futuro llegue, sigo sin saber qué hacer?

No me gustaría verme en septiembre de 2019 tomando una posición cualquiera porque no me he aclarado la cabeza. Es más, ¿cómo se aclaran las cabezas? ¿Con tiempo?¿Reflexión? ¿Autoanálisis? ¿Agua y jabón?

Porque por un lado quiero seguir viajando, quiero cumplir mi plan viajero de vida, quiero dar una vuelta al mundo. Ahora mismo estoy trabajando muchísimo y esforzándome el doble para ahorrar dinero y, al menos, viajar por varios meses. Y pienso que ahora es el mejor momento porque

  1. Ya estoy “en movimiento”, no tengo que dejar ni casa ni trabajo ni familia porque ya lo hice en su día.
  2. Estoy en Oceanía, tengo a mi alcance muchísimos destinos que desde Europa son más complicados -y caros- de llegar y
  3. Tengo ganas y ánimos para ello.

Pero por otro lado añoro el mundo audiovisual. Sueño también con estudiar un máster de documental creativo en Barcelona, sueño con tener mi propia habitación con mi propio escritorio y mi propia estantería donde colocar mis libros FÍSICOS (sigue sin gustarme leer desde una pantallita). Sueño con relacionarme con gente con mis mismas inquietudes culturales, con crecer artísticamente, con grabar y hacer documentales y trabajar pero de lo mío.

Y siento que, ahora mismo, no puedo tener ambas cosas. No puedo viajar a la vez que asentarme. Siento que en un futuro igual sí, quizás pueda combinar periodos de asentamiento con viajes. O, mejor aún, trabajar en proyectos que requieran viajar. Pero que ahora mismo o es uno u otro.

Y a veces me da miedo asentarme ahora y que luego me sea difícil volver a “la vida viajera”. Y a veces me da miedo dejar para después el meterme en el mundo audiovisual por si es “demasiado tarde” o me quedo desfasada. Jamás he trabajado en el mundillo así que no tengo ni idea de “cómo” funciona, o qué perfiles buscan o si quiera si buscan perfiles. Yo qué sé. No sé nada. ¿Y si sólo quieren gente joven que ha ido creando su propia experiencia al término de sus carreras?

Yo cuando terminé la carrera me fui a Nueva Zelanda… Quizás estoy perdiendo tiempo audiovisual… (?)

Y lo sé, mira que soy fiel defensora del nunca es tarde, del que si se trabaja duro se puede con todo y, sobre todo, que la edad nunca es un impedimento para nada. Pero no sé, a veces me da miedo. Y no se me da bien eso de seguir mis propios consejos, aun creyendo en ellos de todo corazón.

Y lo que más me ¿aterra? de todo es equivocarme. Por nada del mundo querría tomar una decisión y al tiempo darme cuenta que fue la errónea. Porque dar una vuelta al mundo durante un año y pagar la matrícula del máster+vivir en Barcelona sin depender de un trabajo, según mis cálculos, me costarían más o menos lo mismo. Y según mis cálculos también, si sigo trabajando como lo estoy haciendo ahora, es lo que ahorraré en Fitzroy en cuestión de unos cuantos meses más.

¿Por cuál sueño me decanto?

Sé que todavía queda tiempo, que no tengo que decidir nada aún.

Pero a veces no sé gestionar bien la incertidumbre. A veces estoy tranquila y me digo slow down Marta, todo se llegará… o no.

Ay…

¿Algún consejo para tomar buenas decisiones? Necesito una ración doble de eso, por favor.

 

P.D: la foto de portada es de diciembre de 2014, cuando por una extraña razón tenía por costumbre poner un marco blanquinegro a mis fotografías, ugh 😫

Diario de viaje kiwi: memorias de un trayecto en ferry

En realidad este post lo escribí hace mucho tiempo, hace ya mas de un ano. Ano de anual, no el del culo… Lo que pasa es que el cargador de mi portátil se ha roto por lo que adiós portátil y adiós tildes (bendito autocorrector) y adiós a la letra «ene» pero con rallita encima. A ver cómo encuentro yo un cargador de Macbook en el medio del desierto

Pero bueno, a lo que iba: que este texto lo escribí hace muchísimo tiempo y hoy, que tengo la manana libre me apetecía publicar fotos y textos en el blog. Pero como no puedo acceder a mis fotos… me he limitado a escribir. Y revisando las entranas del blog me he encontrado con este post que jamás llegué a publicar y que me parece de lo mas tierno (!y tiene fotos! 😜).

Así que nada, disfrutad de este trayecto en ferry por mis recuerdos 😊

Día 25 de viaje (30 de enero de 2018): después de haber viajado durante casi un mes por la isla sur, tocaba decirle adiós. Esto es lo que escribí ese mismo día en el trayecto en ferry que une ambas islas:

 

Ferry Picton-Wellington (30 enero 2018)

Aquí estoy, escribiendo. Triste. Melancólica. Debería haberme puesto calcetines y pantalones largos, el aire del ferry está muy frío. Miguel juega con el móvil a mi lado y de fondo oigo un gran ronquido probablemente masculino.

Todo está en calma. El ferry se mueve muy suavemente. Cuasi sigiloso.

He conseguido un asiento amplio, cómodo y junto a la ventana, por lo que puedo hacerme un ovillo humano y envolverme en mi chaqueta. El sol brilla y el mar es intenso y azul y ocupa toda la ventanilla. Todo es azul hasta donde alcanzan mis ojos.

El mutismo ha llegado a mis cuerdas vocales, paralizándolas. Sólo puedo mirar por la ventana y pensar.

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Y recordar.

“¿Por qué me siento triste, Miguel? ¿Por qué siento que se acaba un viaje en lugar de emocionarme por empezar otro?”.

 “Ya te lo dije cuando vivíamos en Murcia, con lo emocional que eres viajar te va a costar mucho”.

 “¿Pero por qué me siento así?”.

 “Eres emocional. Pero eso es bonito, es parte de tu magia, de tu cariño por las ciudades, es bonito”.

“Pero es difícil” pienso sin poder abrir la boca y soltarlo.

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El mar está hermoso. Nada que ver con cuando llegamos a la isla sur. Aquel día tuvimos una tormenta horrible. Eran las tantas de la madrugada y hacía tanto viento que creía que saldríamos volando, y estábamos tan cansados que dormimos todo el trayecto.

Pero esta vez es distinto.

El sol brilla fuerte y el mar… está hermoso. Hasta veo un pequeño arcoíris en las faldas marinas del barco.

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“Ahora sí puedes decir que mereció la pena”.

Al principio no comprendo a qué se refiere Miguel, pero poco a poco voy pillando el sentido de la frase. Desde que escribí el post de año nuevo, Miguel y yo nos hemos prohibido utilizar la frase “merecer la pena” y la sustituimos por “mereció el esfuerzo/la inversión/el tiempo/la paciencia” o derivados que nos eviten la necesidad de sentir tristeza para conseguir o valorar las cosas buenas de la vida.

“Ahora puedes decir que, aunque te de pena, mereció el viaje. Viajar es esto, decir adiós. Ahora mismo te sientes triste pero a cambio has tenido veinticinco días de viaje. Merece la pena, ¿no?”

Supongo que sí, que merece la pena.

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El Estrecho de Cook, la ruta en ferry que une las dos islas

Pero cuanto más lo pienso más triste me pongo. Nos recuerdo llegando a la isla sur sin saber con qué nos encontraríamos, nos recuerdo en nuestros primeros días de trabajo con agujetas en cada extremidad, recuerdo a las vacas y lo preciosas que estaban cuando el amanecer las teñía de rosa… estaban sencillamente fabulosas. Recuerdo lo bien que nos acogieron en la granja, como si fuéramos de la familia, pasando las Navidades juntos (haciendo una barbacoa, jugando al críquet y viendo un mundial de dardos). Nos recuerdo yendo a Lumsden a por helados, y a Gore cuando nos apetecía KFC. Nos recuerdo pasando la Navidad en Bluff en la Dama (nuestra van). Nuestras primeras navidades en el hemisferio sur con bikini y gorrito de Papá Noel. Nos recuerdo felices y tranquilos.

El viaje recorriendo el país por 25 días ha sido espectacular. Pero es que la isla sur ha sido más que eso. Ha sido mucho. Y me alegro que haya ocurrido pero me entristece que se acabe. Aunque tampoco lo quiero para siempre.

 

Es raro.

Es triste.

Es difícil.

Es decir adiós.

 

Pero mereció la pena.

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Falta poco para llegar a Wellington. Quiero subir a la azotea, me apetece sentir la brisa del mar.

Subimos y ahora el azul del mar nos rodea en 360º. Hasta que lo veo. Allá, en el horizonte, lo veo. Edificios… Me sorprende el sorprenderme. Este es el momento en el que me doy cuenta de lo rural que es la isla sur de Nueva Zelanda.

Marta Diarra Lampi

¡Edificios! ¡Estoy viendo edificios!

Y noto cómo cierta energía eléctrica recorre mi cuerpo. Noto la adrenalina en mis venas. Noto que mis extremidades se tensan y cogen fuerza, que el pulso se me acelera, que estoy ansiosa, inquieta, impaciente, que los edificios se hacen más grandes, más altos, más presentes, que son inminentes que nos acercamos que YA.

 Y con una sonrisa comienzo a dar saltitos de emoción e impaciencia, porque una idea, una palabra, se ha cruzado rápida como una flecha por mi mente:

A V E N T U R A

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Wellington me estaba recordando que todavía quedaba mucho por viajar y conocer, por experimentar, por explorar. Que no hay tiempo para lamentarse, que es hora de seguir viajando.

 

La aventura continúa.

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El puerto de Wellington y el ferry Interislander